La Aldea

Las derrotas de Morena

Morena y su líder, el presidente de la República, perdieron más que posiciones y cargos de elección: perdieron la noción de que eran invencibles.

A pesar del discurso triunfalista que repite el presidente y el extraviado señor Delgado –quien sigue buscando sus 14 alcaldías conquistadas en la Ciudad de México–, lo cierto es que, en términos absolutos, Morena obtuvo menos votos a nivel federal que en 2018. Perdió posiciones en la Cámara de Diputados, además de la estrepitosa derrota en la Ciudad de México.

Cierto es que su avance territorial con las 11 gubernaturas representa una victoria mayor a la esperada y a la pronosticada por las encuestas. Sin embargo, es insuficiente para ocultar el resto del panorama.

Pero Morena y su líder, el presidente de la República, perdieron más que posiciones y cargos de elección: perdieron la noción de que eran invencibles, y de que el pueblo todo, les brindaba su apoyo. No fue así el domingo 6 de junio.

Perdieron además la confianza plena de que gozan de una amplia aceptación social, que cruza –como fue en 2018– niveles socioculturales y socioeconómicos. De ahí la encendida diatriba del presidente en contra de las clases medias, cuyos múltiples segmentos (académicos, profesionistas, burócratas, oficinistas y muchos más) perdieron por el momento.

La mayor señal de derrota está en la Ciudad de México. La señora Sheinbaum con el respaldo total de su jefe fue incapaz de contener la debacle. Operadores profesionales de comicios, como Dolores Padierna y su marido René Bejarano, o Víctor Hugo Romo y su gasto excesivo, no pudieron revertir una tendencia en su contra que los ha dejado pasmados y sorprendidos.

Y Morena después de la derrota se comporta con la misma autosuficiencia e incapacidad de diálogo político que los caracteriza: apenas ayer se dio a conocer que Claudia Sheinbaum no se reunirá con los alcaldes de oposición. Tendremos dos ciudades capitalinas, una la opositora y otra la morenista. Esa actitud es justamente la que los conduce a la derrota: no diálogo, no acuerdo, no negociación, cero capacidad de tolerancia y de comprensión del voto ciudadano. Claudia enviará al secretario Suárez del Real a reunirse con los otros alcaldes, no los de su partido. ¿Ella acaso gobierna sólo para los morenistas, o es la jefa de Gobierno de toda la ciudad?

El más reciente clavo al ataúd de su derrota, aparece con el dictamen técnico de la firma noruega (DNV) en torno a la Línea 12. El resultado es concluyente: errores de origen en la construcción produjeron fallas estructurales, soldadura de pernos, dudas acerca del mantenimiento que serán analizadas en la fase 2 y 3 del mismo peritaje. En suma, desde su origen la Línea 12 tiene problemas de estructura y construcción.

No hay mucho margen de maniobra para repartir responsabilidades: la Línea 12 fue construida bajo el gobierno de Marcelo Ebrard, quien ahora se defiende al hablar de decisiones colegiadas y dictámenes técnicos en orden, con la plena intención de adjudicar responsabilidades incompletas a la administración de Miguel Ángel Mancera.

Claudia, la favorita del presidente, tendrá ahora la difícil tarea de endosar todos los errores a sus antecesores, incluyendo a su compañero de partido, colega de gobierno y contendiente por la sucesión del patriarca morenista.

Mucho lodo entre ellos para repartirse y administrarse. Murieron personas, le disminuyeron presupuesto de mantenimiento –lo comprueban los incendios, el mando de control, los apagones y múltiples fallas del sistema de transporte urbano– y no atendieron los indicios técnicos de potenciales problemas en la célebre y funesta Línea Dorada.

A Marcelo, con todos sus talentos y sus habilidades políticas para atender todos los caprichos, exigencias y arrebatos de su jefe, aportando soluciones y no robando ni una pizca de protagonismo, lo alcanzó el destino. Hace nueve años que este tema lo persigue por los ahora comprobados errores técnicos de la obra que él impulsó, construyó y –según el reporte– apresuró a inaugurar.

Pero no todo está perdido para él. Pocos en la escena política de los últimos 20 años tan hábiles para reinventarse, reconstruir una carrera y un nombre después de escándalos desastrosos. Los policías muertos en Tláhuac cuando era secretario de Seguridad bajo el gobierno de AMLO, destituido por Fox, y reincorporado al gabinete por obra de su jefe.

Manchado su prestigio y reputación por la Línea 12 –apenas inaugurada– por fallas y desgaste inexplicable entre ruedas metálicas y rieles, eligió el prolongado exilio en Francia, para después regresar, superado el descrédito, para convertirse en el secretario eficiente y consentido del actual presidente. ¿Podrá recuperarse de esta?

Salir victorioso implica la derrota de Claudia Sheinbaum, o tal vez no necesariamente.

Será el presidente quien elija y busque con inusual delicadeza, repartir las culpas, encontrar a algún chivo expiatorio, y mantener a sus dos punteros en la carrera.

Las derrotas se suman a lo electoral.

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