Más allá de la posibilidad no descartada de un eventual conflicto poselectoral que inicie esta noche, al resultar evidente una derrota no reconocida por Donald Trump, el presidente ha cometido suficientes errores durante su gestión para que las proyecciones se cumplan: Joe Biden será electo esta noche presidente de Estados Unidos por márgenes de ventaja que pueden ir desde 6 hasta 12 puntos.
Estas son las razones:
1. Gestión de la pandemia. La incapacidad ejecutiva de Trump, su pobre entendimiento de problemas complejos, así como su falta de liderazgo en momentos de crisis, ha resultado, hasta ahora, en más de 240 mil muertos por Covid-19.
2. Economía ficción. El festejado boom económico trumpista se sustenta en estímulos monetarios y fiscales, no en un auténtico impulso al crecimiento, la creación de empleos y el incremento de la producción. Sí, hay más dinero, especialmente en corporaciones, pero no de ganancias, sino de estímulos por Covid y por rebaja en impuestos. El resultado será un endeudamiento atroz.
3. Distanciamiento de su partido. Trump arrastró a los republicanos al terreno del cinismo, del olvido acerca de valores y ética política que, con altibajos, existieron y se respetaron entre partidos. Trump los llevó al negocio-político, con ganancias y con réditos, con intereses, al tiempo que volteaba el aparato judicial al conservadurismo más recalcitrante. Fue un instrumento en manos del sector más ultra de los republicanos, y ellos se dejaron llevar por el discurso divisorio, confrontativo, racista y antiinmigrante. Gradualmente, terminaron por tomar distancia, ante el riesgo de verse barridos por su mensaje de polarización. El resultado lo conoceremos esta noche, pero todo apunta a que los republicanos pagarán la factura.
4. Reacio a las minorías. Trump fue absolutamente incapaz de entender el grave daño de ruptura social al despreciar y menospreciar a las minorías: afroamericanos, hispanos, asiáticos. En el fondo está su identificación plena con los supremacistas blancos, quienes representan al núcleo central de su base de apoyo. Su torpeza con el movimiento Black Lives Matter es un ejemplo de su clara ceguera e incomprensión acerca del problema racial americano.
5. Presidente de grupo. La consecuencia del problema anterior y su falta de sensibilidad social, produjo un presidente de élite: jamás fue presidente para todos, fue más bien el líder vociferante de una facción, de una secta, que provocó profunda desunión entre los americanos.
6. Discurso de polarización. Este factor que avivó la hoguera del blanco sajón, evangélico, antiminorías, le hizo perder a los jóvenes en extensos segmentos demográficos, así como a los mayores de 65 años. Nadie quiere ver un país partido a la mitad, enfrentado con profundos sentimientos de desprecio hacia el vecino.
7. Nuevo marco de referencia. Trump introdujo en el marco cultural americano la idea fija, la concepción de China como el nuevo gran enemigo de Estados Unidos. Estableció una percepción definida, que apunta a una segunda guerra fría. Su sospechosa cercanía con la Rusia de Putin, y de su nuevo amigo Kim Jong-un, de Corea del Norte, borró todos los diplomáticos acercamientos entre Washington y Pekín por los últimos 45 años. El conflicto comercial traerá graves consecuencias para la economía americana.
8. Tensión aliada. Sus inconfesables compromisos con Rusia lo llevaron a distanciarse de la OTAN, Gran Bretaña, Francia y sus aliados naturales. Esto produjo la pérdida absoluta de respeto y credibilidad en gobiernos occidentales. La preeminencia americana cayó en el descrédito de la payasada, la fanfarronada y la bravuconería. Estados Unidos dejó de ser un actor respetable en la escena internacional.
9. Daño a la democracia. El estilo divisorio de Trump, su golpeteo constante a la oposición, su forma degradante e insultante para con vecinos y aliados, trajo un debilitamiento a la democracia norteamericana. La confianza se degrada cuando el hombre más poderoso del mundo está buscando hacer negocio, impulsar sus empresas, violar la ley, evadir impuestos. La extorsión, el chantaje (véase Ucrania) se convirtieron en herramienta habitual. El presidente de Estados Unidos dejó de ser la autoridad para defender la ley y el interés público.
10. Biden no es Hillary. A pesar de que no se trata de una potencia de candidato, joven o carismático, gran orador o un político en ascenso como los anteriores triunfadores demócratas (Bill Clinton o Barak Obama), Biden no es tan impopular como Hillary Clinton. Puede ser visto como un hombre mayor, débil o distraído por momentos, pero tiene mayor aceptación entre sectores medios, semiconservadores e incluso de izquierda mesurada en Estados Unidos. Es, como tantos otros en el pasado, un candidato del centro del espectro político, que conquista a los de un lado, pero también a los de otro. En su caso, de forma señalada, las minorías abundantes en márgenes de 80 a 90 por ciento serán para Biden. Las mujeres votarán consistentemente por el candidato demócrata (65 a 90 por ciento) según el estado. Y, por supuesto, las ya conocidas poblaciones urbanas, profesionistas, educados y multiculturales.