Donald Trump es un mentiroso compulsivo. Hace constantes declaraciones que no se sustentan en la realidad. Se separa de los hechos para fantasear una realidad alternativa, la llamada postverdad.
El problema es el daño que con ello genera. Si el presidente de un país, pretende reescribir la historia para acomodarla a sus intereses, para manipular a la opinión pública y ajustar su percepción a lo dicho por “el presidente”, ¿dónde queda la verdad? ¿cuál es la realidad auténtica?.
Se borra por completo.
Todos los políticos del mundo manipulan, modifican, alteran algún porcentaje de los hechos, para fortalecer su posición de liderazgo, para incrementar los votos a favor de su partido y su candidatura, para controlar el discurso y la narrativa.
Pero tarde o temprano, la terca, necia, insistente y obsesiva realidad, se impone.
Pero hay consecuencias. Hoy subsiste un porcentaje de ciudadanos estadounidenses que siguen dudando del resultado electoral del 2020, ante las repetidas mentiras de Trump quien se presenta como la víctima de un fraude electoral. (En México tenemos nuestro propio y muy tóxico mitómano).
De la misma forma el intento -todos lo vimos- de golpe de estado al atacar la sede el Congreso en aquel frío y oscuro 6 de enero del 2021, para impedir la calificación del Colegio Electoral que otorgaba validez a las elecciones en que Joe Biden, derrotó a Trump en noviembre del 2020. Trump lo niega, y afirma que los miles de simpatizantes acudieron de forma voluntaria al Capitolio, cuando hay versiones videograbadas del mensaje de Trump convocando a sus simpatizantes.
Todas estas son viejas historias de la hipocresía infinita del hoy presidente. Hasta libros se han escrito acerca de ello.
El problema es que hoy de regreso en la Casa Blanca repite el patrón compulsivo de mentirle a la ciudadanía.
Ejemplos abundan en días recientes: desde la “nueva estafa verde” con que desacredita por completo las energías limpias y el impulso especial de la generación eólica mediante ventiladores (tecnología por cierto que en Alemania, Francia y otros países reduce los contaminantes en porcentajes cercanos al 30%); o la existencia cíclica y repetida de “apagones en California” debido a la interrupción de suministro eléctrico, otra falsedad que hubo de ser desmentida por el propio gobernador de California.
Pero más aún, afirma que su administración ha recibido 19 mil millones de dólares en inversión desde que regresó a la oficina Oval. Una cifra fantasmagórica que ninguna oficina pública (Comercio, Tesoro, la propia Casa Blanca) se han atrevido a demostrar, porque simplemente, es ficticia.
Hoy afirma repetidamente que Irán pide “de rodillas” sentarse a la mesa del diálogo a retomar las negociaciones de paz, que por cierto entraron en un nuevo impasse durante las últimas 36 horas, generando un descenso en los precios del petróleo.
Cuando el que está en crisis (inflacionaria, económica, de popularidad, etc) es el propio Trump.
El mentiroso mayor arrastra tras de sí la credibilidad de la institución, la confiabilidad en su gobierno, la reputación de los Estados Unidos en el mundo.
Europa incrementa sus presupuestos de defensa, en buena medida, por las continuas amenazas de que tendrán que defenderse solos. Su antiguo aliado y socio en la OTAN, los Estados Unidos, hoy es más amigo del enemigo que amenaza la seguridad europea: Vladimir Putin.
Trump es un disrtuptor de origen, un creador natural del caos para obtener beneficios y ganancias.
Y la mejor forma para provocar esa dirupción caótica es mintiendo, torciendo la verdad, construyendo una versión alternativa donde su postura, visión y afirmación, si bien falsa por completo, pretende imponerse sobre las demás.
Las consecuencias de un mentiroso gigante al frente del gobierno más poderoso del mundo, pueden ser catastróficas para la humanidad, y sin duda, para su país.
Hoy insiste en construir una realidad alternativa al proceso electoral estadounidense, para manipular a la Corte Suprema, y conseguir que prohiban, limiten o cancelen por completo, la votación electoral por correo en los Estados Unidos. Un auténtico atentado a la democracia norteamericana.
Si consigue esto, el impacto en los resultados será descomunal y podría incluso, asegurar la victoria republicana en ambas Cámaras del Congreso en noviembre del 2026.
La mayoría de quienes ejercen el voto por correo, son veteranos de guerra, residentes en las miles de casas de retiro en los Estados Unidos, integrantes de comunidades minoritarias, casi todos ellos, identificados con los demócratas.
Trump pretende, mediante la mentira y la manipulación, torcer para siempre el sistema electoral americano, al suprimir uno de los derechos vitales consagrados en su constitución.