El Globo

Respiro para Cuba

Es apenas un respiro para evitar mayores daños y una catástrofe en salud y alimentación.

La noche del lunes arribó al mar Caribe en las cercanías de Matanzas, Cuba, el buque tanque ruso Kolodin con una carga aproximada de 750 mil barriles de crudo como ayuda a la crisis energética de la isla.

Desde el Air Force One, el presidente Trump declaró ayer lunes “que no tenía inconveniente en la llegada del buque ruso… es una ayuda humanitaria porque tienen que sobrevivir”, en lo que una vez más incurre en otra de sus múltiples contradicciones.

Más aún, llegó a decir que “no tenía problema con que otro país lo hiciera también” cuando lleva semanas negándole a México la posibilidad de enviar su acostumbrada ayuda petrolera a la isla. Trump y sus continuos cambios de ánimo y decisiones volubles.

La Casa Blanca inmediatamente emitió un comunicado informando que esto no significaba ningún cambio de política respecto a Cuba, lo que una vez más resulta inexplicable.

La llegada de este petróleo significa una semana de suministro.

Cuba requiere un promedio de 100 mil barriles diarios para el mantenimiento básico de sus operaciones, y el barco le proporcionará crudo suficiente para poco más de siete días.

Es apenas un respiro para evitar mayores daños y una catástrofe en salud y alimentación.

Podría parecer plena ayuda humanitaria, pero en el fondo representa muchas otras cosas.

Putin se mete al conflicto entre Estados Unidos y Cuba, al interferir con los intentos de Washington para derrocar al régimen castrista, heredero de la revolución.

Para el presidente ruso, es una oportunidad perfecta para abrir más escenarios en los que tenga un peso específico que le permita negociar con Estados Unidos en un rol y papel perdido hace años.

Rusia no es ya una potencia global, un poder hegemónico que se pueda sentar a la mesa con Estados Unidos para discutir y analizar temas internacionales de tú a tú.

El conflicto con Cuba, la presión energética del gobierno de Trump y la intervención con un buque tanque le permiten nuevamente a Rusia “colarse” en la coyuntura y aparecer como una potencia global.

Es precisamente el asidero de la nostalgia de Putin y el movimiento de sus fichas a nivel internacional.

Trump lo permite en un acto de contradicción profunda, al haber negado esa posibilidad a otros varios ofertantes, entre ellos México, el país con la más antigua trayectoria en el apoyo y ayuda petrolera a Cuba, incluso antes que Venezuela.

A Washington sirve la medida para sostener un discurso geopolítico, pero con un matiz humanitario. Todo de fachada, puesto que Marco Rubio pretende que ese régimen no subsista el verano.

Las elecciones intermedias en noviembre serán una dura prueba de aprobación a Donald Trump y sus muchos tropiezos en materia económica, internacional, arancelaria y jurídica.

La meta es llegar a esa cita con dos victorias que se ven, a estas alturas, complejas de alcanzar: una, la caída del régimen castrista en Cuba, el inicio de una transición democrática y la entrada de capitales americanos a la industria turística, alimentaria e inmobiliaria.

Y dos, un triunfo inequívoco en Irán que se antoja prácticamente imposible de lograr.

La popularidad del presidente Trump en encuestas, y junto a él, la de los republicanos para la Cámara de Representantes e incluso para el Senado, viene francamente en descenso.

Las últimas encuestas de la semana pasada señalan que ha caído de la línea roja de los 40 puntos, y se ubica hoy entre 36 y 39, según la encuesta consultada.

Esto quiere decir que tienen pocos meses para golpes de efecto rápido que puedan revertir esa tendencia.

Derrocar al gobierno en Cuba y cantar una victoria maquillada —como en Venezuela— puede darles algún resultado.

Pero repetir ese efecto en Irán se pronostica imposible.

El petróleo ruso en Cuba a partir de la noche de este lunes representa oxígeno de emergencia a un enfermo terminal. Mejorará los síntomas momentáneos, pero no ofrecerá curación definitiva ninguna.

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