La semana pasada, Bloomberg reportó que algunos bonos soberanos mexicanos ya se negocian con rendimientos propios de emisores de grado especulativo, aunque México todavía conserva formalmente el grado de inversión. Este deterioro está relacionado, de manera importante, con los recursos destinados a sostener a Pemex. Esto nos obliga a preguntarnos: ¿qué estamos dejando de construir para mantener viva la industria petrolera?
Este exceso de inversión pública se ha orientado principalmente a cubrir las necesidades financieras de Pemex, en lugar de modernizar una de las empresas más grandes de México y atacar los problemas estructurales que la llevaron a la situación en la que se encuentra.
La contradicción es que, del otro lado, tenemos una industria manufacturera sorprendentemente fuerte, hacia la cual el gobierno debería dirigir una proporción mucho mayor de sus recursos. La manufactura representa una quinta parte del PIB del país y, dependiendo del año, puede llegar a concentrar hasta el 50% de la inversión extranjera directa. Impulsarla sería una vía probada para hacer crecer la economía mexicana.
A esto podemos sumar, de acuerdo con la ENOE, más de ocho millones de empleos directos, además de los trabajos vinculados con esta actividad en sectores como alimentos, transporte y logística. Por lo tanto, cualquier esfuerzo de modernización y desarrollo de la industria podría beneficiar a sectores que van mucho más allá de la propia manufactura.
México también se ha convertido en una potencia en el ensamblaje de servidores para inteligencia artificial, lo que lo coloca en una posición privilegiada para capturar parte del valor generado por la construcción de centros de datos durante el auge actual de esta industria.
Y, sin embargo, la percepción de la deuda pública de México está siendo afectada de manera desproporcionada por la industria petrolera, que representa menos del 2% del PIB. Mientras una parte considerable de los recursos públicos se utiliza para sostenerla, la industria que genera una quinta parte de la economía enfrenta una transformación tecnológica para la cual México todavía no tiene una estrategia clara.
Casi al mismo tiempo, Anthropic anunció un estándar que permite conectar agentes de cómputo con maquinaria industrial, como robots y líneas de ensamblaje. El anuncio resulta especialmente relevante para la situación de México. Aunque Anthropic no lo mencionó expresamente, no dudaría que esta tecnología también pudiera conectarse con equipos y sistemas logísticos.
Aquí podría estar el futuro de México: convertirse en un centro de desarrollo avanzado de inteligencia artificial aplicada a la industria pesada, no muy distinto de lo que hace China actualmente, donde una parte considerable de la inversión y el esfuerzo se concentra en la industria manufacturera. Ya sabemos que la manufactura mexicana emplea a millones de personas y constituye uno de los componentes más importantes de nuestra economía. No es descabellado pensar, entonces, que México podría beneficiarse de muchas maneras con una propuesta como esta.
Un centro de esta naturaleza podría ayudar a las empresas medianas y grandes a implementar agentes industriales, aumentar la productividad de sus trabajadores y ampliar todavía más la capacidad manufacturera del país mediante su aplicación en distintos casos de uso, como la administración de maquinaria y la optimización de procesos.
Pero hacerlo no será fácil. Se necesitan múltiples organizaciones trabajando hacia un mismo objetivo. Por un lado, hace falta un gobierno que invierta adecuadamente en la adopción de estas tecnologías en las distintas ramas industriales de México. Por otro lado, las empresas deben entender que esta inversión es una necesidad de corto plazo y darle prioridad dentro de sus planes anuales. Por último, necesitamos una academia capaz de preparar a sus estudiantes para desarrollar e implementar estas soluciones más allá del salón de clases o de una práctica académica.
La realidad es que esta propuesta ofrecería una vía concreta para aprovechar la naciente industria de la inteligencia artificial en favor del crecimiento económico de México. También permitiría al país fortalecer su posición internacional como potencia manufacturera y extender los beneficios de estos avances a una mayor proporción de la población.