Finanzas e Inteligencia Artificial

La generación de video con IA no está lista. Ni de cerca.

Sora tenía la tecnología pero no podía costearla. Lionsgate-Runway tenía el contenido pero no podía hacer funcionar la tecnología. Dos fracasos, misma conclusión.

OpenAI apagó Sora el martes. El producto de inteligencia artificial más publicitado de 2024 quemaba aproximadamente 15 millones de dólares al día en costos de cómputo y generó 2.1 millones de dólares en toda su existencia. Las descargas cayeron 66 por ciento en tres meses. Disney se salió de una inversión de mil millones de dólares esa misma tarde, sin que un solo dólar hubiera cambiado de manos.

“Nos falta capacidad de cómputo”, dijo la directora financiera de OpenAI, Sarah Friar, a Jim Cramer en televisión nacional esa noche. “Estamos tomando decisiones muy difíciles.”

Sora no murió porque los videos fueran malos. Eran impresionantes. Murió porque impresionante no es un modelo de negocio.

Hay una historia paralela que merece atención. En septiembre de 2024, Lionsgate — el estudio detrás de John Wick y The Hunger Games — firmó un acuerdo con Runway, una de las startups más avanzadas en generación de video, para entrenar un modelo personalizado con toda su biblioteca de películas. Alimentar décadas de éxitos de taquilla a la máquina y dejarla generar escenas, tráilers, eventualmente producciones completas. Un ejecutivo de Lionsgate llamó a Runway “un socio visionario y de primer nivel”.

Un año después, el proyecto no había avanzado. El catálogo de Lionsgate resultó demasiado pequeño para producir algo utilizable. Una persona con conocimiento directo de la situación lo dijo sin rodeos: “El catálogo de Lionsgate es demasiado pequeño para crear un modelo. De hecho, el catálogo de Disney también es demasiado pequeño.”

Sora tenía la tecnología pero no podía costearla. Lionsgate-Runway tenía el contenido pero no podía hacer funcionar la tecnología. Dos fracasos, misma conclusión.

Hollywood lo entendió antes que Silicon Valley. Disney, Paramount, Warner Bros., Sony y Netflix enviaron demandas legales contra ByteDance por su herramienta de video Seedance 2.0. Disney se unió a NBCUniversal y Warner Bros. para demandar a Midjourney y Minimax. Studio Ghibli exigió a OpenAI que dejara de usar su contenido. La industria del entretenimiento no estaba rechazando un producto. Estaba rechazando una categoría.

¿Por qué fracasa el video donde el texto y otras modalidades adyacentes generan dinero? Anthropic maneja texto, código, análisis de documentos y visión para clientes empresariales. Tiene 19 mil millones de dólares en ingresos anualizados, 80 por ciento de cuentas corporativas. Sus herramientas se integran en flujos de trabajo que las empresas ya operan, la gente las usa a diario, y el costo por consulta es lo suficientemente bajo para sostener márgenes. Aburrido, rentable, creciendo.

El video es lo opuesto. Cada clip devora una capacidad de procesamiento enorme y produce algo que la persona ve una vez y desecha. No hay uso recurrente, no hay integración en ningún flujo de trabajo existente. Y como descubrió Lionsgate, ni siquiera se puede lograr que la cosa produzca resultados utilizables con los mejores datos que Hollywood tiene.

OpenAI no abandonó la investigación — el equipo de Sora fue redirigido silenciosamente hacia modelos de simulación del mundo orientados a robótica e IA física. Pero el producto de consumo, la API y el acuerdo con Disney están muertos. La distinción importa: OpenAI decidió que la ciencia de fondo valía la pena conservarla, pero que el negocio construido encima no. Un veredicto más claro, el mercado no lo puede dar.

Esto no significa que la generación de video con IA no vaya a llegar nunca. Significa que hoy es un proyecto de investigación disfrazado de producto. Las empresas que financian investigación saben que van a perder dinero. Las que compran productos esperan recuperarlo. OpenAI confundió las dos cosas con Sora. Lionsgate confundió las dos cosas con Runway.

Para cualquiera en México que esté armando una estrategia de IA en este momento — y hay mucha gente haciéndolo — esto importa. Antes de apostar por una herramienta, pregúntense si realmente cruzó la línea entre demo y negocio. OpenAI ha levantado más de 120 mil millones de dólares, buena parte estructurados como créditos de cómputo y no como efectivo líquido, y aun así no pudo mantener Sora con vida. Lionsgate, con una de las bibliotecas más icónicas de Hollywood, no pudo alimentar a Runway.

El video generativo no perdió contra un competidor. Perdió contra una hoja de cálculo.

COLUMNAS ANTERIORES

LeCun apuesta por una IA más allá de los LLMs. México haría bien en tomar nota
La carrera de la IA cambió por completo

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.