El Israel de Netanyahu en el Nuevo Orden Internacional
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El Israel de Netanyahu en el Nuevo Orden Internacional

COMPARTIR

···
menu-trigger

El Israel de Netanyahu en el Nuevo Orden Internacional

20/12/2018

Los comentarios de este artículo en su mayor parte fueron extraídos de la publicación Nueva Sion del 16 de diciembre del 2018, periódico judío comunitario editado en Buenos Aires, Argentina, fundado en 1948 por integrantes del partido izquierdista Mapam, afiliado al partido homónimo israelí.

En su reciente artículo de opinión titulado agresivamente Pacto de Matones el profesor Shlomó Avineri hace una crítica sagaz del impacto en el orden internacional de los actos de “incivilidad anti democrática” y bravuconadas del presidente Trump. Avineri escribe que, a pesar de las actuales tendencias en la arena internacional, afortunadamente Israel no forma parte de la asociación de gamberros “entre los presidentes Trump, Duterte (Filipinas) y Bolsonaro”; advierte a Israel que sería mejor que guardase distancia del príncipe heredero de Arabia Saudita, y que cese de otorgarles “certificado de Kashrut judía” a regímenes nacionalistas de derecha en Polonia y Hungría. Sin embargo, Avineri olvida puntualizar que el gobierno de derechas de Netanyahu usufructúa este nuevo desorden internacional en el cual su aliado estratégico estadounidense viene trepanando el orden anterior, pero sin propuesta alguna para reemplazarlo.

En este contexto, más que el estancado proceso de paz con los palestinos, la orientación de los votantes israelíes en las próximas elecciones (noviembre de 2019) ha de estar influenciada por esta incertidumbre en la transición desquiciada del anterior orden mundial hacia otro muy turbulento, especialmente en el Medio Oriente. El pulso de gran parte de la opinión pública israelí muestra falta de preocupación de que Netanyahu intente abanderar a Israel a fungir de vanguardia logística y discursiva de Trump para aliarse con Arabia Saudita y los emiratos del Golfo, paso necesario para el lanzamiento de una irresponsable aventura bélica contra Irán. La reciente decisión de Trump de exculpar a Arabia Saudita por el crimen del opositor Jamal Kashoggi, alegando que hacer la vista gorda ayudaría a preservar la “seguridad israelí”, es un cínico ejemplo de quienes procuran beneficiarse del actual (des) orden mundial, también el gobierno de Netanyahu.

El presidente Trump declaró recientemente “que, sin Arabia Saudita, Israel se encontraría en un grave problema”; no obstante, se considera que es falso que Israel necesite de Arabia Saudita para sentirse más seguro. Al proclamar que la seguridad de Israel es una prioridad mayor que el compromiso estadounidense tradicional de respetar el derecho internacional, los valores morales y los derechos humanos, Trump necesita justificar su cruzada contra Irán y “blanquear” al príncipe Muhammad bin Salman.

En este ámbito, no extraña que la opinión pública israelí “comprenda porque Netanyahu aseguró que debía preservarse la alianza tácita con Arabia Saudita, más tarde Netanyahu señaló que lo sucedido en el consulado de Irán en Estambul, fue terrible y debería tratarse debidamente. Sin embargo, al mismo tiempo que lo digo, es muy importante para la estabilidad del mundo y para la región que Arabia Saudita permanezca estable”.

Obviamente, a Netanyahu no le importa que la estabilidad saudita sea preservada por el príncipe Muhammad, violador de los derechos humanos y genocida en Yemen: su interés es que el heredero de la monarquía absoluta wahabita esté dispuesto a permitir que la aviación israelí, cuando reciba la orden, lance ataques desde su territorio contra Irán. Pero tampoco a la opinión pública israelí le interesa oír las críticas de lúcidas voces de EUA a la alianza EUA y la monarquía de Riad, de boca del exsecretario de Estado, James Parker.

Los vínculos estrechos con la Casa Saudi conllevan costos estratégicos además de los costos morales de blanquear las fechorías de un régimen asesino. No olvidemos que el apoyo de los EUA al régimen saudí fue una de las principales afrentas que Osama bin Laden esgrimió para lanzar el terrorismo contra EUA. La guerra en Yemen, donde las fuerzas sauditas han usado armas de fabricación estadounidense para cometer actos de barbarie contra civiles, solo socavará la seguridad de EUA al alimentar el tipo de sentimiento antinorteamericano que motivó a diecinueve secuestradores, quince de ellos saudíes, para perpetrar los ataques atroces del 9/11.

La retórica de Trump retroalimenta el discurso belicista de Netanyahu para tranquilizar a su coalición gubernamental y a la opinión pública israelí a fin de “sentirse más seguros” después de las declaraciones paternalistas del presidente de EUA.

En este nuevo y convulso desorden mundial que Trump intenta imponer a escala global, Netanyahu pretende convencer a sus conciudadanos que Israel está “ganando” para mejor defender sus intereses geoestratégicos que ambos líderes propalan en Medio Oriente, como si la alianza entre Arabia Saudita e Israel por compartir un común enemigo a muerte del islam sunnita y del Estado sionista, fuese tan simple como hacerle caso al refrán popular “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Netanyahu aparece en los medios como el pescador ganador, que busca sacar provecho del actual desorden regional, tanto en el plano militar como en el geoeconómico global.

En el plano militar, el periodista Akiva Eldar acaba de denunciar que Netanyahu aspira a seguir construyendo su diplomacia con países islámicos e, inclusive, países árabes moderados, mediante la venta de armas y/o a cambio de tercerizar sus buenos servicios ante EUA para que regímenes sangrientos como Sudán consigan apoyo de Trump. Un artículo de investigación, basado en un centenar de fuentes confiables en 15 países revela que varios dictadores en el mundo utilizan el software espía israelí como arma cibernética para monitorear a sus rivales políticos y a activistas de derechos humanos. En palabras de Netanyahu en una reciente declaración: “Cada semana vemos la implementación de nuestro concepto de cultivar la fuerza económica-tecnológica junto con la fuerza de la inteligencia de seguridad para recibir la fuerza político-diplomática”.

El triunfal comunicado de la oficina del Primer Ministro durante la reciente visita de Orbán, así como la entusiasta recepción oficial ofrecida a los presidentes de Chad y la República Checa en Jerusalén, ilustran para Akiva Eldar las habilidades excepcionales diplomáticas de Netanyahu: por un lado, congelar toda negociación política con la Autoridad Palestina a fin de perpetuar medio siglo de ocupación; pero, por el otro, cultivar vínculos diplomáticos con líderes de regímenes autocráticos antiliberales de Europa Central y Oriental, para romper el boicot del mundo árabe-musulmán.

Asimismo, en el plano económico de la actual transición del viejo a un Nuevo Orden mundial donde Trump procura que las relaciones bilaterales de empresas multinacionales se desvinculen de toda regulación conforme a previos acuerdos multilaterales, también el pescador Netanyahu procura sacar provecho de la desestatización de la economía, la inestabilidad y la turbulencia en los mercados actuales.

Una reciente información económica y de seguridad patentiza la tendencia a la desestabilización de empresas estratégicas israelíes.

“Israel ha finalizado la venta de la empresa estatal IMI Systems, fabricante de la icónica ametralladora Uzi, a la firma multinacional israelí de defensa. Elbit Systems por 495 millones de dólares. El gobierno de Netanyahu inició en 2013 el proceso de privatización de IMI Systems, anteriormente conocido como Israel Military Industries. “La venta de IMI a Elbit facilitará el avance de la industria de defensa israelí, aprovechará las capacidades de las dos compañías y el posicionamiento global de Elbit Systems que permitirá realizar el potencial de las tecnologías de IMI en el ámbito internacional”.

En la reciente cumbre en Craiova de países balcánicos, donde Israel fue el primer país fuera de la región en ser invitado, Netanyahu mantuvo reuniones bilaterales para negociar asuntos de interés económico, político y de seguridad. Al primer ministro rumano, Viorica Däncilä, le propuso formas de aumentar oportunidades de comercio e inversión, así como incrementar la cooperación en materia de tecnología, energía y otros asuntos bilaterales como la seguridad. Netanyahu le dijo a Däncilä que: “Israel protege a Europa al prevenir docenas de ataques terroristas en su suelo”.

Netanyahu y el Primer Ministro de Grecia, Alexis Tsipras, hablaron sobre la ampliación de su cooperación bilateral en varias áreas, con énfasis en el proyecto de gasoducto East-Med para exportar gas a Europa, tema central en las conversaciones para armar también una alianza con Grecia, Bulgaria y Serbia.

Al concluir las respectivas reuniones bilaterales, el discurso de Netanyahu en la sesión plenaria condensada a ambos planos de inserción israelí en el Nuevo orden mundial: el económico y el de seguridad: “Estoy aquí en la cumbre de cuatro países: Bulgaria, Grecia, Serbia y Rumania. Esta es la primera vez que invitan a un líder fuera de estos cuatro países a participar en su cumbre. Este es un gran honor para Israel y refleja el estado creciente de Israel en el mundo. (…) Cada uno de los líderes me ha dicho individualmente que tratarán de mejorar su consideración de Israel en los votos pertinentes tanto en la Unión Europea como en la ONU”, dijo Netanyahu. Y agregó que “Todos quieren promover el gasoducto desde Leviatán (en aguas territoriales israelíes) a Europa y los Balcanes. También están muy interesados en el gas israelí y la tecnología israelí, y les gustaría mucho la amistad de Israel”.

Las subalianzas que procura forjar Netanyahu en ciertas zonas inestables del mundo polarizado y de alta conflictividad, también se acercan rápidamente a América Latina para aprovechar ventajas del nuevo orden mundial. A partir del prometido traslado de la embajada brasileña a Jerusalén, el espectacular vuelco de las relaciones exteriores de Brasilia habrán de beneficiar al Israel de Netanyahu.

Asimismo, Netanyahu confirmó que asistirá el 1 de enero a la ceremonia de asunción presidencial de Bolsonaro, siendo la primera figura mundial que lo hace. Por su parte, el futuro presidente brasileño confirmó que no ha de retractarse de su declaración de trasladar desde Tel Aviv la embajada de su país, a pesar de que por el momento se especula con el antecedente checo de abrir un “escritorio de negocios en Jerusalén”.

Un inesperado regalo del cielo sudamericano, completamente impensable para Netanyahu hace pocos meses. Porque no hay que olvidar que el Brasil de Lula fue el primer país latinoamericano en votar el 29 de noviembre de 2012, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, a favor de la resolución 67/19 que otorga a Palestina el estatus de “Estado observador no-miembro”. Pero ya antes, en 2004, Brasil abrió su Oficina de Representación en Ramallah. Y en diciembre de 2010, ese Brasil de Lula reconoció además a Palestina como Estado dentro de las fronteras de junio 1967, incluida Jerusalén Oriental.

¿Cómo maniobrará Bolsonaro para dar marcha atrás a esta rueda de la historia, desquiciando las otroras ecuánimes relaciones brasileras con Tel Aviv y Ramallah?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.