Autonomía Relativa

El Nacimiento del Bienestar

Si se reúnen más de tres ya es imposible mantener el secreto, así que se supo de la pastorela navideña que se llevó a cabo en Palacio Nacional.

El Presidente es revolucionario, pero también un hombre fiel a las traiciones del pueblo mexicano, por lo que organizó una pastorela en Palacio con sus colaboradores. Por supuesto, no se trató de un evento público. Como es sabido, si se reúnen más de tres ya es imposible mantener el secreto, así que esta columna tuvo acceso a la pastorela navideña que se llevó a cabo en Palacio gracias a fuentes presenciales incuestionables.

El asunto es que el Ejército armó todo el nacimiento gigante con un letrero que decía: “Bienvenidos a Belén de Macuspana”. Los invitados llegaban y podían adquirir golosinas y bebidas, para lo cual disponían de un menú ¡como el del Tren Maya!, y la gente podía tener una oferta balanceada para pasar el frío: una Coca-Cola y un Bubulubu por 75 pesos (aquí no se regala nada, todo lo que se genere se va a la campaña de Claudia). También había un llamado menú presidencial, que consistía en agua de horchata, piñamiel o jamaica. Tlayudas, tlacoyos y barbacoa.

Según las fuentes de esta columna, el que designó los papeles del Nacimiento del Bienestar –así se llamó la pastorela– fue el señor Jesús Ramírez, que, como se sabe, desde hace tiempo es amo y señor de los sótanos y cañerías de Palacio. Lo primero que dijo don Jesús fue que a pesar de su nombre, que lo hacía merecedor de un papel estelar en la representación navideña, él no iba a tener ningún papel. Si algo le había enseñado su maestro Andrés Manuel era la humildad, así que estaría fuera de la obra y se puso a repartir papeles.

Claro que hubo muchas quejas, pero ahí todo el mundo se disciplina. Por si cualquier cosa, Ramírez le dio el papel de Herodes ni más ni menos que al general Sandoval, que, vestido de centurión romano, se paseaba con su espada desenvainada por si se ofrecía. Designó como los reyes magos a Bartlett, Durazo y Epigmenio, y la legión romana con algunos miembros de la Guardia Nacional. El problema vino con los personajes del pesebre, por lo cual acudió con el Presidente, ya que todo el mundo quería ser el personaje central –se había decidido que Claudia no participara porque se podría ver mal–. Aquí el diálogo entre el jefe y el subordinado:

-Presidente, tenemos un problema con el nacimiento, lo de siempre: todos quieren ser el Niño Dios. Y pues eso ya debieran de saber que no se puede. Mandamos hacer un amlito tamaño natural.

-Buenísimo. Y de la mula y el buey, ¿en quién has pensado? Ahí sí tenemos pa’ repartir, je je.

-Esos ya quedaron, no les gustó pero son compañeros. No quisimos poner mula por aquello de que las feministas, ya sabe…

-Es de que no se puede con ellas, o sea, son de la derecha. ¿Entonces?

-Quedamos en burro y buey. Noroña y Corral. Noroña se enojó y me mandó un whats que decía: “Cámara, culero. Ya llegará mi tiempo”. Y Corral, pues ya sabe cómo son los recién llegados, que aceptan de todo con tal de que usted no los mire feo.

-Muy bien. ¿Qué has pensado para los papás del Niño?

-De San José, Adán Augusto, por su apariencia y eso.

-Bien –asintió el presidente–. Además, tiene nombre bíblico y de emperador romano, aunque sea de Tabasco. Pero déjalo en José, no le pongas lo de santo porque ya ves cómo es.

-Con lo de la Virgen María está complicado –dijo Ramírez–. Ya mandé dos propuestas y nada. Primero a Luisa, y protestaron que porque su familia siempre sale en todo; luego propuse a Nahle, y me fue peor, que cómo se me ocurre, que va espantar al niño y a los pastores y quién sabe qué. Ya sabe cómo son y nada les parece. No sé qué hacer.

-Pon a Lenia –sentenció el presidente.

-¿Quéeeee? ¿A Lenia Batres?

-Sí, que se jodan. Si no saben ponerse de acuerdo, al carajo con sus instituciones.

Y bueno, así quedó armado el Nacimiento del Bienestar.

Feliz Navidad a las lectoras y lectores de esta columna que hoy se tomó una licencia para imaginar el festejo morenista.

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