Juan Antonio Garcia Villa

El fraude electoral inventado

Con su característico estilo personal, coloquial y llano, que lo hace ameno, saturado de vivencias propias, pero con rigor analítico, Héctor Aguilar Camín hace un repaso de cómo llegó Andrés Manuel López Obrador a la candidatura presidencial en 2006.

Con el acertado título de “Regreso al 2 de julio 2006. Crónica de un fraude inventado”: la revista Nexos de septiembre publica (pp. 30-46) un largo relato, aunque incompleto a pesar de su extensión, escrito por Héctor Aguilar Camín, sobre los comicios presidenciales de aquel año. Las elecciones de 2006 son, sin duda, los comicios más investigados, analizados y comentados en la historia de México.

Con su característico estilo personal, coloquial y llano, que lo hace ameno, saturado de vivencias propias, pero con rigor analítico, Aguilar Camín hace un repaso de cómo llegó Andrés Manuel López Obrador a la candidatura presidencial en 2006; del desarrollo de su campaña electoral con especial énfasis en los errores cometidos por AMLO; del comportamiento de altibajos registrado por las encuestas sobre intención de voto entre enero y el 2 de julio de 2006.

El autor da cuenta de los sucesos más relevantes que se fueron presentando en el curso de la larguísima jornada electoral (siempre los días de elecciones parecen interminables), como integrante que fue del grupo reunido en las instalaciones de Televisa Chapultepec, donde los jerarcas de esta empresa fueron siguiendo las incidencias de aquel 2 de julio. Él como parte de los analistas que la televisora reúne los días de comicios, para que vayan comentando las incidencias de la jornada y, cerradas las casillas, lleven a cabo sus análisis de los resultados, según éstos se van conociendo.

Sucedió, sin embargo, que ese día, como ya algunos preveían, no hubo en sí resultados que analizar porque los ejercicios de Conteo Rápido estaban tan cerrados que no permitían saber qué candidato era el ganador.

Menciona Aguilar Camín, por cierto, que dicho conteo rápido se había decidido realizar —por técnicos de muy altas calificaciones— “usando tres modelos de cálculo para la elección: el Robusto, el Clásico y el Bayesiano. Calderón se había separado en los últimos minutos en uno de los modelos, pero —dice— en los otros dos se alternaban las ventajas. Lo único claro era que el PRI –escribe Aguilar Camín— iba muy abajo, con el 22%”.

Sobre el mismo punto, el autor comenta que a las 10:45 de la noche del día de la elección, cuando Luis Carlos Ugalde, presidente del Consejo General del IFE, se disponía a dirigirse a la nación por televisión, “En el estudio (de TV) lo esperaba el Comité de Científicos con el sobre de los resultados. En uno de los tres modelos ganaba Calderón; en los otros dos, no era claro quién ganaba”.

A pesar de lo anterior, Ugalde continuó en su posición de no dar a conocer resultados, lo que a la postre causó mucho daño al proceso en sí y a su credibilidad, porque aunque el acuerdo al interior del IFE había sido que “sólo se anunciaría ganador si la distancia entre el primer y el segundo lugar era mayor al 0.6%”, acuerdo tomado desde el 22 de junio, al que los partidos habían dado su anuencia, Aguilar Camín considera que Ugalde se equivocó al establecer “una confusión funesta entre anunciar ganador e informar de las cifras de la contienda”, cosas en sí diferentes.

En su crónica y sobre el mismo aspecto, Aguilar Camín informa que: “El secretario de Gobernación, Carlos Abascal, llamó a Ugalde esa noche para decirle: Es necesario que des números de quién va arriba en el conteo del IFE. Si no das cifras, se va a generar incertidumbre y eso traerá problemas al país”. ¿Qué fue exactamente lo que sucedió?

Muchos otros aspectos aborda Aguilar Camín en su ensayo, de los cuales resulta imposible dar siquiera mínima referencia aquí. Pero sí vale la pena mencionar, así sea de pasada, el siguiente:

En su crónica, el autor empieza a hacer una lista de los errores cometidos por López Obrador durante su campaña, que inició con una ventaja de entre 7 y 10 puntos, pero deja de enumerarlos después del tercero. Dice que el primero fue enfrentar a Cuauhtémoc Cárdenas en la disputa por la candidatura, por la manera de como lo hizo.

El segundo “error de costos futuros”, como consecuencia del primero, no haberse al menos congraciado con Lázaro Cárdenas, gobernador de Michoacán, donde bien pudo haber logrado AMLO una mayor votación; y el tercero, no haber entendido, o entendido tardíamente a instancias de Marcelo Ebrard, la necesidad de haberse anunciado en Televisa.

Después señala Aguilar Camín otros errores cometidos por AMLO durante su campaña. Pero extrañamente olvida mencionar dos que debieron haberle resultado especialmente costosos: 1. No haber participado en el primer debate, que algunos consideraron en su momento que esa ausencia pudo haberle costado alrededor de 4 puntos, y 2. La centralización excesiva que mantuvo, conforme a su personal estilo, en la cobertura de representantes de casilla, que fue un monumental desastre, denunciado incluso por algunos de sus propios seguidores.

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