Juan Antonio Garcia Villa

El dilema de la oposición

Las elecciones en Coahuila y el Estado de México son muy importantes porque habrán de ser las últimas que se celebren antes de los cruciales comicios presidenciales.

No termina aún el proceso electoral en las seis entidades federativas (Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas), que el pasado domingo 5 de junio tuvieron comicios para gobernador, y ya los ojos de columnistas, encuestadores y analistas empiezan a voltear hacia el par de estados que dentro de un año tendrán también elecciones de gobernador: Coahuila y el Estado de México.

Las elecciones en ambas entidades son –o al menos así se consideran— muy importantes porque habrán de ser las últimas que se celebren antes de los cruciales comicios presidenciales a efectuarse en dos años. Sin que suene a cursi o a exageración, lo que ocurra en esa elección de 2024 definirá el curso del país durante al menos el siguiente medio siglo y afectará –para bien o para mal- a las posteriores dos generaciones de mexicanos. Así de trascendentes serán.

Sin que necesariamente sea cierto, existe la generalizada creencia de que los procesos electorales previos envían señales de cómo serán –en cuanto a desarrollo, incidencias y resultados- los siguientes. En el caso, los comicios locales de Coahuila y el Estado de México en 2023, respecto de los presidenciales de 2024.

Ambos estados mencionados tienen una doble nota común. 1. Son los últimos dos estados con gobernadores priistas (ciertamente hay muchos otros, pero llegaron por Morena, y otro próximo a tomar posesión en alianza con partidos opositores), y 2. Se trata de los últimos dos estados que no han registrado alternancia en su gubernatura desde hace casi un siglo.

Las dos características mencionadas no son fortuitas o casuales. Obedecen al tipo de priismo que a lo largo de los años ha prevalecido en esos estados. Un priismo intolerante, faccioso, particularmente corrupto, gandalla y cavernario. Notoriamente el de Coahuila. Por eso hasta ahora la alternancia no ha sido posible.

Por lo que a Coahuila se refiere, hasta el año pasado, cuando las elecciones federales de medio término, las de 2021 para diputados que coincidieron con locales para renovar ayuntamientos, el priismo estatal no mostraba mayor interés en aliarse electoralmente con el principal partido de oposición para enfrentar a Morena. Sólo convino esta modalidad de participación con partidos políticos menores, que tradicionalmente suelen actuar como sus satélites.

Ahora, con vistas a la elección de gobernador del año próximo, se percibe que las cosas parecen haber cambiado. Aunque el priismo pretenda aparentar lo contrario, se nota que su nerviosismo va en aumento. Se incrementa éste conforme pasa el tiempo y las encuestas que se difunden (¿inventadas?, ¿reales? No se sabe) indican que el margen de diferencia entre Morena y el PRI se va acortando. Incluso algunas ya muestran leve ventaja a favor de Morena.

Así las cosas, el Partido Acción Nacional enfrenta un dilema, que se manifiesta tanto al interior como hacia el exterior de sus filas. Ante la posibilidad, nada remota, de que se plantee ir en coalición con el PRI, ¿qué hacer?

Por estos días, de manera informal, tiene lugar un intenso, vehemente debate interno sobre el tema en las redes panistas. Imposible exponer aquí, así sea en forma resumida, las razones y argumentos expuestas por una y otra posición, aunque predomina ampliamente el punto de vista adverso a tal coalición.

En el ámbito externo hay sectores, que ante el temor de que Morena gane en 2023, urgen se construya y arreglen cuanto antes los términos de una coalición. Otros, contrarios a esta posibilidad, critican ir de aliados del enemigo, no adversario, enemigo histórico de más de ocho décadas. Algo que les parece inverosímil.

Otros, con mucho sentido, razonan así: Ante tal posibilidad, dicen, de cualquier forma el priismo seguirá en la gubernatura. De no ser el oficial, será del otro priismo, el que satura las filas morenistas porque el candidato de Morena a gobernador de Coahuila será un expriista, sin duda.

La alternativa correcta debe ser realizar rápidamente un esfuerzo supremo de reorganización, conciliación y apertura para poner en condiciones competitivas a una oposición de larga trayectoria, experiencia y tradición. ¿Aún se está en tiempo? En buena medida tienen la palabra los sectores ciudadanos dispuestos a dar la batalla a ambos priismos, el tricolor y el guinda.

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