Con el inicio de las negociaciones entre México y Estados Unidos, tres variables determinarán en buena medida el contenido y futuro del nuevo tratado, el que poco tendrá de trilateral e incorporará nuevos temas que buscan garantizar tanto la preeminencia de la Unión Americana como minimizar la influencia china en el hemisferio. Hoy en día, China es la fuente de importaciones número uno o dos de todos los países del hemisferio occidental, a excepción de Estados Unidos, donde ocupa el tercer lugar, pero para todos es el principal proveedor de tierras raras.
La primera y la más importante es que el congreso estadounidense ratifique los cambios acordados. Este viernes, la prensa especializada en la Unión Americana publicó una nota donde dice que el gobierno mexicano presionará al de Estados Unidos para obtener garantías que aquello que se acuerde no será sujeto de la ratificación del congreso. Trump no quiere la intervención del congreso porque considera que los objetivos que se tuvieran que establecer para la aprobación de un nuevo Trade Promotion Authority (TPA) le pueden estorbar, pero sobre todo porque cualquier cambio que intentara realizar estaría sujeto a la aprobación de ambas cámaras del legislativo, más aún cuando espera que a partir de enero perderá la mayoría al menos de la cámara baja.
La postura del gobierno mexicano se puede explicar porque luego de la negociación de los 14 tratados de libre comercio que Estados Unidos tiene vigentes, incluyendo el TMEC, el proceso de ratificación, que requiere la aprobación de ambas cámaras, ha implicado cambios a los términos negociados que se incluyen en la ley que se aprueba para su implementación en ese país. Así, al texto negociado no se le cambia ni una coma, pero los cambios de última hora que promueven diversos legisladores para votar en favor del tratado conllevan beneficios muy particulares para su distrito o estado. Ejemplo de esto son los cambios en materia laboral y ambiental pactados en Palacio Nacional en 2019. Por otra parte, la postura mexicana refleja la falta de canales de comunicación efectivos con ambas cámaras del congreso y el distanciamiento con el Capitolio.
Para que los cambios acordados no sean sujetos de ratificación mucho tendrá que ver con su naturaleza y contenido, por lo que se rumora partir la negociación en una serie de acuerdos, cada uno con un tema. El gobierno de Biden estableció un precedente al evitar que el acuerdo que pactó con Japón sobre minerales estratégicos fuese sujeto de ratificación argumentando que se trataba de “un tema muy específico” y que no tendría un efecto “directo” sobre la hacienda pública, que de lo contrario lo habría hecho sujeto de la intervención del congreso. Por ello, Estados Unidos propone negociar de manera separada el acuerdo multilateral sobre minerales críticos, clave para Trump y a lo que Canadá se opone por ser una de sus principales cartas de negociación, postura que México debería seguir.
Si el congreso no interviene, Trump podría argumentar que el sector privado no tendría que establecer objetivos para la negociación, como cuando se negocia el TPA, y el USTR no estaría sujeto a informar regularmente al Capitolio. Sin embargo, ello no evitaría que los legisladores continúen presentando propuestas, sobre todo con las elecciones de noviembre. México se enfrentaría a un proceso desconocido, incluso para Estados Unidos, lo que puede aumentar el costo político de la negociación. Incluso, dependiendo de los temas acordados, es posible que se necesitara la aprobación de una ley de implementación.
La segunda es la inclusión de aranceles. México ha dicho que uno de sus principales objetivos es eliminar los gravámenes que Trump ha establecido hasta ahora: ¿cuáles serían los argumentos para retirarlos? Greer insiste que cualquier tratado incluirá aranceles y argumenta que las investigaciones en el marco de la sección 301 publicadas la semana pasada, al igual que los aranceles vigentes, no son parte de las conversaciones con México. En Washington se comenta que el USTR se ha negado a discutir el tema, lo que a su vez detuvo las conversaciones sobre las barreras no arancelarias mexicanas. Antes de que termine el mes, USTR deberá enviar su reporte 2026 al Capitolio, lo que permitirá conocer el estado que guarda este tema. Su solución tendrá efectos para atraer nuevas inversiones no sólo de América del Norte.
La tercera variable es la participación de Canadá en las pláticas, lo que platicaremos en la siguiente entrega.