A su regreso a Ottawa después de su primera visita a la Casa Blanca en mayo pasado, Mike Carney dijo que la relación con los Estados Unidos, basada en una profunda integración económica y en una estrecha cooperación militar y de seguridad, nunca volvería a ser la misma, por lo que era indispensable hacer una reingeniería fundamental de la economía ante los aranceles y el acoso de Trump. Carney instó a los canadienses a “reimaginar la economía” para reducir la dependencia económica en la Unión Americana, a donde el año pasado exportaron el 72.4% de su producción, importaron el 59.2% del total y que representó el 65.4% de su comercio total, muy por encima del 6.2% de China o del 3.6% del Reino Unido.
Desde entonces, el primer ministro ha lanzado nuevos programas para impulsar al sector de la construcción, dar preferencia a las empresas canadienses en las compras de gobierno, generó subsidios para que las familias más necesitadas no pierdan el acceso a la canasta básica, acordó con China la reducción de aranceles a diversos productos de Canadá a cambio de una cuota de 49,000 vehículos -que puede crecer hasta 70,000 en los próximos cinco años- que pagarán un arancel del 6.1% en lugar del 100%, firmó un acuerdo con Australia sobre minerales críticos, acordó una asociación estratégica con Japón sobre energía, tecnología y defensa, espera terminar de negociar un acuerdo de libre comercio con la India antes de que termine el año y está realizando acercamientos con países que considera pueden ser socios compatibles, como México.
Carney tiene claro que el nuevo TMEC no será un acuerdo para promover la producción en la región, sino para facilitar el suministro de insumos, materias primas y minerales críticos a las empresas que operen en territorio estadounidense, lo que ha comunicado a los 13 premiers de su país. Canadá cuenta con la cuarta reserva más grande de petróleo en el mundo y reservas de una tercera parte de los minerales críticos identificados por Estados Unidos en su lista de noviembre. Por ello, su negativa para participar en el acuerdo sobre minerales críticos que Trump pretende lanzar en abril y negociar este tema sólo en el marco del TMEC, sólo si es indispensable hacerlo.
La semana pasada, el USTR definió en su Agenda Comercial 2026 la renegociación del TMEC como una de sus seis prioridades para este año, aunque no la principal. En el documento indica que Estados Unidos tomará la decisión de seguir como parte del tratado luego de realizar consultas bilaterales con México y Canadá, que iniciarán este 16 de marzo y no menciona el decido apoyo del sector privado de los tres países, tanto en los procesos de consulta en Estados Unidos y Canadá como a través de diversas cartas y reuniones con funcionarios del gobierno de Trump y de Carney para que el tratado continúe como un instrumento trilateral. Incluso, Jamieson Greer declaró en enero que la forma en que un tratado fue negociado no impide su transformación.
El Project 2025 establece como la principal prioridad comercial del segundo periodo de gobierno de Trump lograr el acceso a los insumos y minerales críticos que requieran las empresas que operen en territorio estadounidense, sobre todo las que elaboran productos estratégicos y medicamentos de última generación, y aislarlas de esta manera de posibles disrupciones como las que sucedieron a raíz de la pandemia y reducir la dependencia de China. En este contexto, Estados Unidos renegociará el TMEC como un instrumento que apoye los esfuerzos por contener el crecimiento económico de China y su influencia en el hemisferio occidental, por lo que se requieren acordar políticas regionales comunes hacia este y otros países y la implementación de un mecanismo común que filtre y evalúe los proyectos extranjeros de inversión.
México inicia la renegociación con la postura más vulnerable de los tres países: Estados Unidos representa el 83% de sus exportaciones, 60% de su comercio total y la principal fuente de inversión extranjera; su economía no crece; la inseguridad en gran parte del país afecta la producción; el gobierno sigue ignorando posibilidades de nuevos mercados y no ha modificado las medidas que ahuyentaron a la inversión privada -lo que se reflejó en una desinversión histórica de 5,026 millones de dólares el último trimestre del año pasado- y Sheinbaum insiste en hacer funcionar el Plan México en base a exhortos. México se ve obligado a lograr la extensión del TMEC, de alguna forma y Trump lo sabe. ¿Cuál sería el costo?