Vicepresidente de la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, A.C.

Desarrollo Urbano Sustentable con Participación Social

El incremento poblacional sumado a la falta de planeación urbana, producen un tsunami que nos golpea a todos.

Los efectos del crecimiento urbano sin planeación se traducen en carencias de servicios y en desastres que dañan gravemente el tejido social. Generan altos costos económicos a los gobiernos y a la sociedad.

Los ejemplos abundan: a finales de julio, el huracán Nora dejó daños en 44 municipios de seis estados, principalmente por inundaciones. En Veracruz, 62 municipios resultaron afectados por el paso del huracán Grace y al menos 24 con interrupción de energía eléctrica y suspensión del servicio de agua potable.

El incremento poblacional sumado a la falta de planeación urbana, producen un tsunami que nos golpea a todos. De acuerdo con el Inegi, México cuenta con 126 mil 14 mil 24 habitantes, de los cuales, aproximadamente el 75 por ciento viven en las ciudades, lo que ha derivado en un fenómeno generalizado de dispersión de la densidad poblacional.

México ocupa el lugar 11 dentro de las naciones más pobladas del mundo, con un crecimiento, en los últimos 70 años, de cuatro veces. En 1950 había 25.8 millones de personas; en 2020 se contabilizaron más de 126 millones. De 2010 a 2020, la población se incrementó en 14 millones de habitantes.

A lo anterior se suma el crecimiento del número de municipios durante las últimas dos décadas. En 1990 se contaba con 2 mil 368 Ayuntamientos. En el transcurso de 25 años fueron creadas 77 ciudades. Esto representa una tasa de crecimiento en promedio de 3.5 municipios nuevos por cada año.

Hoy, el reto es incorporar en la planeación del desarrollo urbano, la participación de la sociedad, para crear estrategias que permitan la sustentabilidad de las urbes y los municipios y que los gobiernos federal, estatal y municipales, valoren que al no invertir en suelo apto para impulsar un sano desarrollo urbano, cuesta 20 veces más en servicios y atención de desastres.

Para lograr lo anterior, se debe repensar la participación de los ingenieros y arquitectos. Es fundamental su involucramiento en el proceso de capturar las necesidades y convertirlas en insumos, para que los tres niveles de gobierno cuenten con instrumentos de planeación urbana. Con la sociedad y colegios de profesionistas que emitan normas y acuerdos vinculatorios que trasciendan los cambios de gobernantes y partidos políticos.

Los ingenieros y arquitectos serán los “traductores” de las necesidades ciudadanas y facilitadores de su incorporación al proceso de planeación, constituyendo la primera línea de acción para lograr la colaboración conjunta.

A las instituciones públicas y privadas involucradas en la gestión urbana, les corresponderán los análisis necesarios y complementarlos con datos cualitativos y cuantitativos, así como la mejora normativa, que permitan la incorporación de las diferentes necesidades urbanas y municipales, para implementar mejores planes de desarrollo urbano.

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