Vicepresidente de la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, A.C.

Mujeres, pilar de la arquitectura e ingeniería

Jorge Javier Jiménez Alcaraz señala la importancia de que la representación de las mujeres crezca en los proyectos de infraestructura de impacto nacional.

En México poco se aborda el mérito de las mujeres ingenieras y arquitectas, cuyas obras son merecedoras de gran reconocimiento, por los beneficios que proporcionan a diversos sectores sociales de la población y por trascender los paradigmas que señalaban a estas dos ramas de la técnica, como exclusivas de los hombres.

A mediados del siglo XIX la educación en ingeniería y arquitectura era exclusiva para hombres. Fue en 1910 cuando se permitió a las mujeres ingresar a la Universidad, empero casi todas se incorporaban a la carrera de Filosofía y Letras.

María Luisa Dehesa Gómez Farías fue la primera arquitecta en México. A los 21 años ingresó a estudiar la carrera, titulándose en 1937, a pesar de la adversidad de sus compañeros de clase y profesores.

Una pionera de la arquitectura es Susana Miranda, actual Presidenta del Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México y Sociedad de Arquitectos Mexicanos (CAM-SAM), y la primera mujer en presidir este organismo.

En la ingeniería, la planeación y construcción de la infraestructura urbana de México, tradicionalmente había sido desarrollada por hombres. Sin embargo, fue Concepción Mendizábal Mendoza -quien al ingresar en 1926 a la Escuela Nacional de Ingenieros-, rompió con el paradigma al titularse en 1930 con la tesis: “Proyecto de una torre elevada de concreto armado para 300 m3 de agua”.

Posteriormente, Enriqueta García Amaro, sería la primera ingeniera en topografía en México. En la práctica profesional se dedicó a la fotogrametría aérea, método para determinar la cartografía de un territorio.

Actualmente, en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional (IPN), el 30% de la matrícula son mujeres.

Aplaudo que el talento de las ingenieras y arquitectas de México sea reconocido mundialmente. Sin embargo, urge incrementar su formación y participación en los proyectos de infraestructura de impacto nacional.

Es común ver en estos proyectos a más trabajadores hombres. La discriminación de género impide que las empresas y la sociedad utilicen las habilidades especiales que las mujeres aportan a la economía.

De acuerdo con estudios de la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos, en 14 países sólo un 13% de mujeres participa en labores del sector eléctrico. En Europa el 10% de mujeres está en el área técnica y de operaciones del transporte urbano. En el sector marítimo, se reduce al 2%.

En el caso de México, se observa que la legislación que nos rige, permite la participación de las mujeres en los sectores productivos de la sociedad. Hoy, vemos que cada día son más las que se suman y construyen un mejor país.

La participación de ingenieras y arquitectas se consolida cada vez más como pilar de nuestra economía. En tal virtud, debemos seguir abriendo brecha para fortalecer su liderazgo y empoderamiento.

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