Jorge Berry

Si no gano, arrebato

En el caso de que llegara a perder el próximo domingo, Recep Tayyip Erdogan buscará otras vías para recuperar el poder, porque posee todas las armas.

El domingo habrá segunda vuelta de elecciones presidenciales en Turquía. Muchos ven este proceso con optimismo, porque ofrece la posibilidad de deshacerse de Recep Tayyip Erdogan, el dictador populista que lleva 20 años en el poder, cuando la Constitución señala un máximo de 10. Pero a él, como a otros más cercanos conocidos nuestros, la Constitución le vale queso.

Hubo optimismo, sí, antes de la primera vuelta, aunque Erdogan eliminó a su más peligroso contendiente antes del proceso.

Ekrem Imamoglu es, sin duda, el político más popular de Turquía. Es un hombre de negocios de los suburbios de Istanbul, que ve claramente la terrible y peligrosa situación económica a la que Erdogan ha llevado a Turquía. En 2019, se postuló para la alcaldía de Istanbul. Ganó en una elección cerrada, hubo protestas del partido oficial, pero aunque la autoridad electoral validó el triunfo, el tribunal electoral, que está en manos de Erdogan, ordenó una nueva elección.

Imamoglu, esta vez, triunfó de manera aplastante, y se convirtió en alcalde electo. Tomó posesión el 17 de abril de 2019. Se convirtió rápidamente en la esperanza de quienes quieren que Turquía regrese a un gobierno democrático, liberal y totalmente secular. Nació la “marea rosa turca”, pues. Pero el autoritarismo no dobla las manos.

Apenas a tres semanas de asumir el cargo de alcalde, y ante la inminente posibilidad de que Imamoglu se convirtiera en una fuerza política capaz de enfrentar al régimen, las autoridades judiciales turcas lo acusaron de “insultar al presidente Erdogan”, y le aplicaron una pena de dos años y siete meses de prisión, además de la prohibición de seguir participando en política. Así se las gasta el tirano.

Al frente de la oposición quedó el presidente del Partido del Pueblo Republicano, Kemal Kilicdaroglu, un tranquilo burócrata de 74 años de edad, sin arrastre popular alguno. Erdogan representa al partido AKP, y le fue mejor de lo esperado en la elección general, aunque no llegó a 50 por ciento + 1, y por eso el domingo hay segunda vuelta. Se pudo haber evitado.

El país está sumamente polarizado y dividido. Aun con la candidatura gris de Kilicdaroglu, era alcanzable el 50 por ciento de no ser por la intromisión de un partido independiente que quebró la coalición. Es decir, Turquía también tiene su Movimiento Ciudadano. El candidato a la presidencia Sinan Ogan, líder del partido independiente ATA, apenas ayer anunció el respaldo de su organización al presidente Erdogan en la segunda vuelta. Es como Dante Delgado súbitamente apoyando a Delfina Gómez en la elección del Estado de México. Inconcebible.

Erdogan es un autoritario que no se anda con cuentos. En el remotísimo caso de que llegara a perder el próximo domingo, buscará otras vías para recuperar el poder, porque posee todas las armas. Tiene en el bolsillo a todos, pero a todos, los medios de comunicación. Allá en los principios de la dictadura había medios críticos, pero acabó con ellos. No los atacó ni los denostó, como burdamente hace el presidente López Obrador en México, sino reunió a los empresarios más influyentes del país, y los fue convenciendo uno a uno de que compraran a muy buen precio las estaciones de radio y televisión, periódicos y revistas. El resultado: en las dos semanas previas a la elección: 360 horas de cobertura para Erdogan, por 23 minutos para Kilicdaroglu.

En México todavía tenemos armas. El INE, si bien ya está infiltrado por Morena, no está controlado y no aceptará recibir órdenes del Ejecutivo. El Poder Judicial es decididamente independiente, y por más ataques que recibe desde Palacio, sigue firme. Pero estas herramientas tienen que aguantar todavía un año, y tratar de predecir lo que es capaz de hacer el Presidente es un ejercicio inútil. Lo que sí podemos hacer es participar. A votar todos en Coahuila y en Edomex en diez días. A movilizarse. A convencer. A conservar nuestra democracia.

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