Jorge Berry

Rehén

Si el límite de endeudamiento del gobierno de EU no se incrementa pronto, el país podría verse obligado a caer en moratoria.

Estados Unidos está al borde del despeñadero. Escribo estas líneas antes de conocer el resultado de la reunión de ayer entre el presidente Joe Biden y el presidente de la Cámara de Representantes (speaker), el republicano Kevin McCarthy. De los acuerdos a los que lleguen, o a los que no lleguen, dependerá el futuro económico del mundo.

Estados Unidos rebasó su límite de endeudamiento el mes pasado. Si ese límite no se incrementa pronto, el país podría verse obligado a caer en moratoria, y eso arrastraría a las economías del mundo al caos financiero. El Departamento del Tesoro hace maniobras para seguir pagando los sueldos del gobierno, los diversos beneficios sociales, fondea al Departamento de Defensa y mil cosas más. Pero si dejan de pagar la deuda, estarán en riesgo los beneficios del, hasta ahora intocable, seguro social y sus fondos para el retiro. Tendrían que suspender los servicios médicos gratuitos a los veteranos, además de hacer un despido masivo de trabajadores.

Cada vez que se acerca el límite de endeudamiento, hay esta polémica, y siempre acaban incrementándolo. Con Trump, pasó tres veces. Pero esta vez, dada la composición del Congreso, hay un peligro real.

Kevin McCarthy, el líder republicano, vendió su alma al Diablo con tal de llegar a la presidencia de la cámara. Aceptó una serie de compromisos con el ala radical del partido, y ahora es su rehén.

Entre otras cosas, les prometió que negociaría una serie de recortes presupuestales con la Casa Blanca a cambio de autorizar un incremento en el techo de endeudamiento. Pero la postura de Joe Biden es muy distinta. Biden no está dispuesto a negociar nada, sin el incremento. Las posturas parecen bastante rígidas. Si McCarthy cede, corre peligro de ser relevado de la presidencia al día siguiente, que es otra de las concesiones absurdas que pactó con los radicales. Biden, por su parte, no puede permitir que un puñado de extremistas en el Congreso maneje los hilos económicos del país.

Para cuando usted lea esto, ya habrá información sobre los resultados de la reunión, y podremos saber cómo quedaron las cosas. Pero no prometen nada bueno.

* * *

En México, ha ocasionado gran revuelo el juicio por narcotráfico de Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Felipe Calderón. El juicio está en su segunda semana, y es difícil prever cómo pueda terminar. Si bien los fiscales han presentado varios testigos, casi todos en la cárcel con cargos de narcotráfico, la defensa de García Luna ha podido desestimar su credibilidad. No hay, todavía, ninguna prueba documental. Sólo son los dichos de los testigos, y los reporteros que asisten a la Corte todos los días dicen que García Luna se ve bastante tranquilo. Eso sí, los testimonios han salpicado a todas las fuerzas de seguridad en México, incluyendo al Ejército.

* * *

Tom Brady, el mejor mariscal de campo de todos los tiempos, anunció su retiro definitivo. Subió a sus redes un video en el que dice adiós al deporte en el que brilló durante más de 20 años. Hace dos años, Brady anunció lo mismo, pero Tampa Bay lo convenció de regresar e, increíblemente, ganó con ellos su séptimo anillo de Super Tazón. Los otros seis los ganó con los Patriotas de Nueva Inglaterra. Brady tiene 45 años, que para los parámetros del futbol americano profesional, es ser prácticamente un anciano. Y la verdad es que podría seguir, porque se mantiene en una forma física envidiable, pero uno nunca sabe el deterioro físico que traen los años, y él tiene ya firmado un contrato multimillonario con una cadena de televisión, donde será analista.

Gracias, Tom Brady, por estos 23 años de tantas emociones e inmejorable calidad.

COLUMNAS ANTERIORES

Prigozhin
El juicio

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.