Jorge Berry

El ‘speaker’

Los republicanos llevaban seis intentos, hasta el momento en que Jorge Berry escribió su colaboración, y no habían podido llegar a un acuerdo sobre quién será su presidente.

De 1923 a la fecha, es decir, hace un siglo, la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha elegido a su presidente en la primera votación del año con un nuevo Congreso. Ahora, con una mayoría pequeña, los republicanos llevan seis intentos, hasta el momento de escribir esto, y no han podido llegar a un acuerdo sobre quién será su presidente.

El proceso es complicado, porque el presidente de la cámara, llamado speaker en inglés, tiene enorme poder. Decide, por ejemplo, qué legislación se lleva al pleno, nombra a los presidentes de los diversos comités de la cámara, y es, en general, el líder de la bancada que tiene la mayoría, en este caso, los republicanos. Y es el responsable de tomar el juramento de los hoy congresistas electos.

Se requiere, para ser electo, la mayoría del total de los congresistas presentes en la votación. Tras la elección intermedia en noviembre pasado, la cámara quedó dividida entre 222 republicanos, 212 demócratas, y un asiento vacante porque un ganador demócrata murió. Normalmente, el partido que tiene mayoría, en este caso, los republicanos, no tiene problema en elegir a su líder, porque con la mayoría simple de 218 votos basta. Pero un pequeño grupo de 20 republicanos radicales tiene secuestrado el proceso.

Kevin McCarthy, el aún líder de los republicanos, necesita 218 votos para ganar la presidencia. El candidato demócrata, Hakeem Jeffries, cuenta con una bancada unida, que le ha redituado 212 votos en las seis vueltas que llevan. McCarthy no puede llegar a los 218 votos, porque estos 20 radicales continúan votando por otros candidatos. La situación podría extenderse indefinidamente, porque quienes se oponen a McCarthy, simplemente no están dispuestos a aceptar su liderazgo bajo ninguna circunstancia.

Las opciones de McCarthy son limitadas. Podría, de plano, retirarse. O podría negociar con los demócratas para que parte de la bancada opositora lo apoye, pero no sería gratis. Tendría que otorgar concesiones en nombramientos de comités, y algunas otras prebendas, y eso sería inaceptable para un gran número de republicanos. Es probable que después de la 5ª o 6ª votación decidan entrar en receso, para ver si pueden, tal vez, elegir a otro presidente de consenso, pero es imposible saber si hay algún nombre que satisfaga a todos. En cualquier caso, la imagen de los republicanos está sufriendo un deterioro notable, porque si no pueden negociar con ellos mismos para elegir a su líder, a la hora de pasar legislación tendrán, además, que lidiar con los demócratas. Podríamos ver una Cámara baja congelada.

Los Bills

El lunes por la noche, en uno de los partidos más esperados en la recta final de la temporada de la NFL, se enfrentaron los Bills de Búfalo contra los Bengalíes de Cincinnati. Apenas en el primer cuarto, el esquinero de los Bills, Damar Hamlin, realizó una tackleada sobre un rival, recibiendo un golpe en el pecho. Alcanzó a levantarse, pero de inmediato se desmayó porque su corazón se detuvo. Los servicios médicos de los equipos y del estadio lograron reactivar su función cardiaca, lo llevaron en ambulancia al hospital, y hoy parece que está en vías de recuperarse, aunque continúa en condición crítica.

Pero el golpe mediático fue enorme, por lo impactante de las imágenes. El juego fue suspendido, y la nota ocupó las primeras planas de los diarios. La reacción de la NFL ha sido cautelosa.

Hay deportes peligrosos, y el futbol americano es uno de ellos. Pero también el boxeo, el montañismo, el automovilismo y muchos otros. Los atletas de alto rendimiento que se dedican a ellos, lo hacen a sabiendas de los riesgos que corren. Pero cuando hay que lamentar una lesión grave, como la de Hamlin, o incluso alguna muerte, que ocurre a veces, es injusto generalizar y condenar a un deporte en particular. Creo que hay que considerar esto como un accidente, que, afortunadamente, parece tendrá un final feliz.

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