Espero me comprendan, pero esta semana me voy a olvidar de Trump, de Ucrania, de las elecciones intermedias en Estados Unidos y de todos los temas que usualmente ocupan esta columna. Esta semana, les quiero hablar de beisbol.
El beisbol, la NFL y el periodismo deportivo en general me abrieron las puertas de lo que ha sido mi actividad profesional durante casi 50 años. Pero el beisbol siempre fue mi primer amor. Fue el deporte que jugué de joven, y que me ha brindado experiencias inolvidables. Tuve el privilegio, allá por los años 70, de ser enviado por Televisa a trasmitir para México varias series mundiales, que además me permitieron conocer, disfrutar y aprender del más grande cronista de beisbol que ha tenido México, el legendario y maravilloso Pedro Mago Septién.
Juntos, y con Jorge Sony Alarcón y Enrique Kerlegand, llevamos la crónica de los Yankees de Reggie Jackson venciendo a los Dodgers de Los Ángeles en las épicas batallas de 1977 y 1978. Aprendí lecciones invaluables, no sólo de la forma de trasmitir, sino del deporte mismo.
Pocos años después, en 1982, y al mudarme a Los Ángeles, en Estados Unidos, tuve el privilegio de conocer y hacer una duradera amistad con Fernando Valenzuela, el gran Toro de Etchohuaquila, Sonora, quien iniciaba su segunda temporada con los Dodgers de Los Ángeles. Éramos dos mexicanos lejos de nuestra tierra, y nos identificamos por ello.
Les relato todo esto porque estamos ya en octubre, y la Serie Mundial está a la vuelta de la esquina. Pero es claro que no todo anda bien en el beisbol.
En 1961, cuando Roger Maris bateó 61 cuadrangulares en una temporada para superar el récord del legendario Babe Ruth, la nota ocupó las primeras planas de los diarios y de la televisión todo el mes de septiembre. Estados Unidos entero estaba al pendiente de que Maris, también de los Yankees, pudiera romper la marca. Pero este año, 2022, el joven yankee Aaron Judge conectó 62, rompiendo la marca de Maris, y el tema no causó gran revuelo. Hay que reconocer que el beisbol ha perdido relevancia. Solía ser el deporte nacional en Estados Unidos, del que todo mundo comentaba, y hoy ya no es así.
Estoy seguro de que mucha gente encuentra al beisbol un deporte lento, aburrido y, además, complicado. Pero no es así. El beisbol sigue siendo el Rey de los Deportes precisamente por eso. Ver un juego completo implica una concentración mental que significa un esfuerzo, pero que es delicioso. En el beisbol, lo que pasa es lo de menos. Lo importante es lo que puede pasar, y para eso hay que estar atento. Lo primero que aprende un jugador es qué hará con la pelota si el batazo viene en su dirección. Hay mil posibilidades, y hay que considerarlas todas en sólo segundos. Ningún deporte mantiene la tensión constante, porque el tiempo en el que la pelota está en juego es muy corto. Lo interesante, lo apasionante, es tratar de predecir, casi siempre incorrectamente, lo que pasará en cuanto se produzca el lanzamiento del pitcher.
Empezaron ya los juegos de postemporada. Son favoritos para llegar a la Serie Mundial, otra vez, los Dodgers de Los Ángeles y los Yankees de Nueva York. Hasta el momento de escribir esta columna, ambos llevaban ventaja de un juego contra sus rivales de división. Los Yankees contra Cleveland, y los Dodgers contra San Diego.
Los Dodgers ganaron con el mexicano Julio Urías, quien ha tenido dos temporadas maravillosas, ganando 20 juegos el año pasado, y 17 este año. Es el primer mexicano en quedar campeón de porcentaje de carreras limpias, y bien podría ganar el trofeo Cy Young, al mejor pitcher del año. No, no es Valenzuela, pero nadie es Valenzuela.
De nuevo, pido su comprensión, porque estamos en octubre, hay beisbol, y me ganó la pasión.