Jorge Berry

¿Suicidas?

Quien no vea que México sufre con el gobierno de López Obrador es que o está ciego o adoctrinado o, más frecuentemente, tiene intereses personales que defender.

“Me alegra ver que el Presidente mexicano, que ha entregado secciones de su país a los cárteles de la droga y es un apologista de la tiranía en Cuba, de un dictador asesino en Nicaragua y de un narcotraficante de Venezuela, no estará en Estados Unidos esta semana”. Éste es el tuit que subió el senador por Florida, Marco Rubio.

Luego llega el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, y por instrucciones presidenciales acusa a Estados Unidos de “inconsistencias en las invitaciones a la Cumbre de las Américas”. Pero, además, lleva el mensaje de López Obrador de decirle a Joe Biden, el presidente de Estados Unidos, que lo visitará en julio en la Casa Blanca, para proponerle la integración de América.

Vamos por partes. Estados Unidos nunca ha sido inconsistente en su postura hacia las dictaduras antidemocráticas del continente. Nunca han reconocido a Cuba, Venezuela y Nicaragua como democracias, porque no lo son. En la tradición de Torrijos, Somoza y Duvalier, estos líderes de barro toman por asalto a países enteros, y con su patológica ideología, destrozan el tejido social de sus países. Y, para decirlo claro, es lo que intenta Andrés Manuel López Obrador para México. Ésa es su agenda, y ya sólo le quedan dos años para lograrlo.

Y eso, a Estados Unidos, le preocupa enormemente. En estos tiempos difíciles de enfrentamientos internacionales, Biden no se puede dar el lujo de permitir una dictadura bananera y antiyanqui en México. Es una frontera enorme, se supone que somos vecinos y amigos, para no hablar de socios comerciales. Pero la relación de Estados Unidos y México va mucho más allá. Millones de mexicanos viven y dependen de Estados Unidos, tanto los que viven allá, como los que vivimos acá. Y también va de vuelta. Millones de US citizens dependen de México. Tenemos millones de retirados gabachos viviendo entre nosotros, y que contribuyen enormemente a nuestra economía. Para no mencionar los cientos de miles de matrimonios y familias con un cónyuge mexicano, y el otro gringo. Estamos hablando del bienestar de millones.

Todo esto le importa poco al caudillo macuspano. Él prefiere defender una ideología rancia, que dejó de tener vigencia hace 70 años, y que, según ha comprobado la historia, sólo sirve para oprimir pueblos y beneficiar a la élite del poder. Sobran ejemplos que demuestran que ése es el mecanismo que aplica la mal llamada cuarta transformación. Más bien, es la cuarta regresión. Quien no vea que México sufre es que o está ciego o adoctrinado o, más frecuentemente, tiene intereses personales que defender.

El daño político que López Obrador está causándole a Joe Biden tendrá consecuencias. No sólo es el desaire, sino la arrogancia de mandarle decir a Biden que en la Casa Blanca le planteará la integración del continente. Rebasa mi comprensión.

Biden, por la ausencia del presidente de México, da la imagen de un líder débil, incapaz de integrar a sus vecinos. El Presidente de México no está valorando el daño que le causó esta postura sesentera a su contraparte. Ya le mandaron un aviso desde el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Por más jefe de Estado que sea, si se comprueba algún apoyo de la administración actual al narco, la DEA tomará acciones. Regreso al tuit del senador Marco Rubio: la impresión de que hay pactos del gobierno con la delincuencia organizada ya trascendió fronteras. Se vuelve un problema gravísimo para el Presidente, y no se ve la menor intención de disipar esa imagen. ¿Por qué? ¿Porque los sicarios también son seres humanos?

Enfrentamos la peor crisis diplomática de nuestra historia moderna, y no se ve la salida. El canciller Ebrard, con tal de mantener vivas sus aspiraciones presidenciales, sigue la ruta marcada por el Presidente, y con ello empodera a sus rivales. Nadie, en su sano juicio, quiere una bronca con Estados Unidos. Excepto, por supuesto, quien sí puede poner a México contra la pared.

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