Jorge Berry

Discriminación

Los políticos conservadores radicales en Estados Unidos, empoderados por el maniático expresidente Donald Trump, estimulan los sentimientos racistas.

Otra balacera. Esta vez, en Búfalo, Nueva York, un supremacista blanco abrió fuego en un supermercado con el explícito propósito de matar negros. Esta bestia publicó un manifiesto en internet, donde afirmó que luchaba por defender la supervivencia de la raza blanca en Estados Unidos, y que su motivación principal era provocar que ningún afroamericano se sintiera seguro. Mató a 10 personas, casi todas de la tercera edad. Siete afroamericanos muertos, y tres más heridos. En el arma automática que utilizó tenía grabada la palabra nigger, el peor insulto racial que existe en el país.

El problema no es nuevo. La discriminación racial en Estados Unidos siempre va acompañada de la violencia. El Ku Klux Klan tiene sucesores igual de radicales. Las minorías siempre son victimadas por estos radicales salvajes. Recuerden el ataque al Walmart en El Paso, para cazar hispanos, o los ataques a sinagogas para masacrar judíos.

Desgraciadamente, los políticos conservadores radicales en Estados Unidos, empoderados por el maniático expresidente Donald Trump, estimulan estos sentimientos racistas, y los diseminan entre los ciudadanos blancos menos educados, que son susceptibles de creer en tales tonterías. La raza blanca no está en peligro de extinción por el crecimiento de las minorías en el país. Los afroamericanos, los hispanos, los asiáticos y los europeos que viven en Estados Unidos son tan ciudadanos como los blancos; pero esa lucha que comenzó Abraham Lincoln por lograr la igualdad racial no he terminado, ni está cerca de terminar.

Los esfuerzos de millones de ciudadanos convencidos de la igualdad de los seres humanos se topan con un muro infranqueable. Desde los 60, cuando Lyndon B. Johnson firmó la legislación sobre derechos civiles que le daba la igualdad a todos los ciudadanos, ha sido imposible ponerla en práctica. Los estados sureños del país, con su historia de esclavitud, tienen raíces muy profundas de discriminación racial, que siguen vigentes. Es muy claro que, en estos tiempos de oscurantismo, los políticos apoyados por Trump, es decir, los más radicales, piensan que es su derecho poner trabas e impedir a toda costa que los afroamericanos puedan votar libremente.

El estado donde esta práctica es más clara es Georgia, bastión de una guerra civil que pudo partir en dos a Estados Unidos. Las zonas habitacionales de minorías cuentan con sólo un puñado de casillas, y esas, de difícil acceso. Registrarse como votante es una odisea para un afroamericano o un hispano, por la cantidad de requisitos que se necesitan. Y una vez obtenida, está a discreción de las autoridades electorales del estado, que son siempre blancos, el sumariamente ser eliminado de las listas con cualquier excusa. Eso hicieron en 2020 para impedir la victoria de Stacy Abrams a la gubernatura, en un ejercicio francamente primorista.

Con estas convulsiones internas, y dados los números de las más recientes encuestas, el panorama electoral para los demócratas en noviembre es sumamente difícil. Si no logran retener el Congreso, el presidente Joe Biden tendrá las manos atadas el resto de su actual administración.

Desde otra perspectiva, el declive de Estados Unidos como país se encuentra en caída libre. Biden sólo alcanza 40 por ciento de aprobación de los votantes, y una robusta mayoría piensa que las cosas van mal en el país. No son números que presagien un éxito electoral.

* * *

El mundo no espera a Estados Unidos. La guerra en Ucrania continúa, y el enfrentamiento de Occidente con Rusia no es un juego. Vladimir Putin, el dictador ruso, ha advertido de la manera más clara que si Finlandia y Suecia logran su membresía en OTAN, habrá respuesta militar.

Se ve difícil. Se requiere de unanimidad para que nuevos países sean aceptados como miembros de OTAN, y no la hay. Se opone Turquía, otro país dominado por una dictadura, y que ha tenido cooperación reciente con Rusia.

COLUMNAS ANTERIORES

Audiencias (2)
Audiencias

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.