Jorge Berry

La gira

López Obrador no tiene derecho a poner en riesgo la relación de México con EU, porque de ellas depende el bienestar de millones de mexicanos en ambos lados de la frontera.

Esta columna siempre ha procurado mantener a los lectores al tanto de los acontecimientos políticos en Estados Unidos, dado que lo que ocurre allá, acaba impactando acá. Pero ahora, ante la ofensiva ideológica desatada por el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, con su gira a Centroamérica y Cuba, estamos por llegar a un abierto rompimiento con nuestro vecino, y todo por defender a una dictadura.

La principal responsabilidad de cualquier jefe de Estado es velar por el bienestar de los ciudadanos que, a través de su voto, le encargaron el manejo de la administración pública. El Presidente parece haber olvidado esa premisa básica. En nada ayuda a los mexicanos que el Presidente se rasgue las vestiduras por defender una de las dictaduras más antidemocráticas del mundo. Éste es un régimen, el de Díaz-Canel en Cuba, que tiene cero respeto por los derechos de sus ciudadanos, que encarcela opositores durante décadas, que impone el yugo a sus ciudadanos por la fuerza bruta.

El presidente López Obrador, en su discurso en La Habana, pidió relanzar la Revolución cubana. No sé qué quiere decir con eso, pero esa revolución ha oprimido a un pueblo durante 70 años, ha provocado el éxodo de millones de cubanos, la gran mayoría gente productiva y emprendedora. El mito del bloqueo económico ha servido para perpetuar ese sentimiento que AMLO conoce muy bien, y que ha aprovechado, que es el de asumirse víctima. Los números no mienten. Cuba mantiene intercambios comerciales con la Unión Europea, con México, y muchos otros. Lo que pasa es que producen poco. Todo se les va en el control político-policíaco del régimen, y en mantener un ficticio culto a la personalidad del dictador en turno.

Todo ello resulta admirable para nuestro Presidente, y está en su derecho. A lo que no tiene derecho es a poner en riesgo nuestras relaciones con Estados Unidos, porque de ellas depende el bienestar económico de millones de mexicanos en ambos lados de la frontera. Pero para allá va. México no está en posición de dictarle condiciones al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, sobre a quién debe invitar a la Cumbre de la Américas, en Los Ángeles, y a quién no.

Si López Obrador acaba no asistiendo a la cumbre, lo hará pensando que es un sacrificio heroico, y será el mártir de la resistencia. ¿La resistencia a qué? No hay que ser dramático, hay que ser pragmático, y eso, el Presidente lo ha olvidado.

Uno de los fracasos más evidentes de la llamada 4T es el derrumbe del sistema de salud pública. Ha provocado la muerte del Seguro Popular, la muerte de miles y miles de mexicanos por su errático manejo de la pandemia, y un brutal y costosísimo desabasto de medicamentos, que también ha costado muchas vidas. Ah, pero eso sí, las farmacéuticas están vencidas.

El IMSS no tiene medicamentos para los mexicanos, pero nuestro magnánimo Presidente afilia a miles de guatemaltecos, como si él fuera el dueño del instituto. Creo que nunca ha cotizado siquiera. Otra vez decide importar a médicos cubanos. Todos sabemos qué pasó con los anteriores. No sabían nada, hubo que entrenarlos, y encima, pagarles una fortuna, no a ellos, sino a la dictadura salvaje, a la que el Presidente no sólo alaba, sino que encuentra formas de subsidiarla con el dinero de los mexicanos.

Todo esto no pasa desapercibido en Washington. Sobre todo, al ver la postura retadora frente a la actual administración de Biden, comparada con la actitud sumisa que siempre mostró nuestro Presidente ante otro aspirante a dictador: Donald Trump.

Estados Unidos tiene, sí, otras prioridades, pero no va permitir que crezca una amenaza en su flanco sur. López Obrador no es el primer presidente que asume una postura de enfrentamiento con el norte. Pero para bien o para mal, nuestros lazos con Estados Unidos son tan fuertes y complejos, que alterarlos sería un verdadero atentado contra la ciudadanía. Ya basta de baños de gloria.

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