Jorge Berry

Prioridades

¿Cómo es posible que una nota francamente menor, como la cachetada que Will Smith le dio al comediante Chris Rock, opaque a los graves problemas que enfrenta el mundo?

La invasión de Rusia a Ucrania se tambalea. Se descubre la ausencia de registros de las llamadas de Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, que coinciden con el asalto al Capitolio de Estados Unidos el pasado 6 de enero. La Suprema Corte de Justicia de Honduras otorga la extradición a Estados Unidos de su expresidente Juan Orlando Hernández, donde enfrentará juicio por narcotráfico.

Mientras, los medios andamos vueltos locos porque el actor Will Smith le dio una bofetada al comediante Chris Rock por insultar a su esposa con un chiste durante la ceremonia de la entrega de los premios Oscar de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas. ¿Cómo es posible que esta nota intrascendente y francamente menor opaque a los graves problemas que enfrenta el mundo? Pero bueno, así somos.

La agresión de Smith al comediante es injustificable. Una broma de mal gusto, como la que hizo Rock, no justifica en modo alguno una bofetada en cadena nacional e internacional. Smith tiene acceso a su idioma natal para responderle a Rock en los mismos términos, pero eligió el gorilismo, con perdón de los gorilas. Pero eso es lo de menos. Lo de más es la atención enfermiza que los medios otorgaron a la agresión. CNN, Foro TV, Milenio TV y todos se volcaron en una cobertura casi enferma.

Entiendo los argumentos de líderes de opinión afroamericanos lamentando la reacción de Smith. Kareem Abdul Jabaar, en otros tiempos Lew Alcindor, uno de los más grandes jugadores de basquetbol de todos los tiempos, dijo que el episodio retrasó 30 años la lucha por la igualdad de los afroamericanos, mostrándolos como sujetos violentos e incivilizados.

Éste es uno de los nefastos resultados de la corrección política que nos abruma. En ningún momento justifico la violencia física como respuesta a un insulto, intencional o no. Pero tampoco se acabará el mundo porque Will Smith le dio una bofetada a Chris Rock. Total, Smith ya se disculpó, Rock no presentó denuncia, y sí en cambio ha visto que los boletos de su gira se han vendido como maná del cielo, para ver qué comenta sobre el incidente. Mucho ruido y pocas nueces.

En cambio, las relaciones entre México y Estados Unidos parecen deteriorarse a diario. Una camarilla indigna de legisladores decidió apoyar a Rusia en su inmoral invasión a Ucrania. Es obvio que la iniciativa traía la bendición presidencial. Es impensable que México adopte posturas en política internacional contrarias al resto del mundo civilizado. Nuestro gobierno no parece reconocer la cantidad de mexicanos, de aquí y de allá, que dependen económicamente de Estados Unidos. Pero ellos lo saben. La llamada de atención que aplicó el embajador de Estados Unidos, Ken Salazar, no es una broma. La creciente incomodidad de ese país con las políticas obradoristas puede hacer crisis. Allá andan ocupados con Ucrania y asuntos internos, pero nos están viendo. La vicepresidenta Kamala Harris omitió mencionar a México en su lista de aliados, puesto que AMLO decidió no imponer sanciones a Rusia, y dio el visto bueno para que, increíblemente, la Cámara de Diputados armara un grupo legislativo de ‘amistad’ entre México y la Federación Rusa, con la presencia y el discurso de agradecimiento del embajador ruso.

Puesto que el canciller Marcelo Ebrard ya adoptó el papel de florero, el gazapo diplomático es responsabilidad directa de Palacio Nacional.

Lo único que nos falta es entrar a un desencuentro con Estados Unidos, y entonces sí, que nos caiga el meteorito.

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