Jorge Berry

Tiempos negros

La semilla que sembraron Donald Trump allá, y López Obrador acá, ha provocado verdadero odio y violencia entre sus seguidores y los demócratas de ambos países.

Son tiempos negros para la democracia liberal en el mundo. Mucho se ha escrito en esta columna sobre los ataques a la democracia perpetrados por Donald Trump en Estados Unidos y Andrés Manuel López Obrador en México. Pero lo cierto es que es un fenómeno mundial.

La cadena de televisión CNN presentó un análisis de Nic Robertson, que expone las amenazas que enfrenta Europa, ante políticas siniestramente coordinadas por Moscú y sus vasallos.

Aleksander Lukashenko es el presidente de Bielorrusia, y un autócrata y dictador consumado. Ha ganado ya seis ′elecciones’ consecutivas, con mandatos de cinco años cada una, y con votaciones abrumadoramente favorables, tipo La Habana. Es innecesario decirlo, cercano aliado de Vladimir Putin, y acaba de recibir una condena del G7, las democracias más desarrolladas del mundo, tanto por sus políticas migratorias como por la pantomima electoral que montó para eternizarse en el poder. El ataque a la democracia parte, precisamente, de sus políticas migratorias. Desde principios de noviembre, Lukashenko permitió el ingreso a Bielorrusia de miles de migrantes, que provienen en su mayoría de Medio Oriente, con la promesa de permitirles migrar a Europa. Bielorrusia tiene frontera con Polonia, y por ahí está canalizando la migración.

Polonia, por su parte, no permite el ingreso de los miles de migrantes que quieren cruzar la frontera, y el ministro de Exteriores de Lukashenko, Vladimir Makei, dice que la política de Polonia muestra el “lado oscuro de la democracia europea”. Makei agregó que Polonia ha violado el derecho internacional y traicionado los valores democráticos.

Esto, de un gobierno que secuestró un avión comercial, obligándolo a aterrizar en Minsk para arrestar a un activista opositor del régimen de Lukashenko. Lo cual no disculpa a Polonia.

Ciertamente, la estrategia Putin-Lukashenko es presionar a la Unión Europea, presentándoles problemas prácticamente insolubles. Pero Polonia no ha respetado, y mucho menos cuidado, los derechos humanos de los migrantes, y se niega a permitir acceso a la prensa internacional a la zona. Nada fácil es lograr el control fronterizo de un país sin violar derechos humanos. No ha podido hacerlo Estados Unidos, y mucho menos México, cuyo cruce para los migrantes centroamericanos es un viacrucis.

En Moscú, la oposición está aplastada, y no se diga en Pekín, donde hay arrestos masivos de activistas, incluyendo una afamada tenista profesional.

América Latina ya sabemos cómo anda. La polarización envuelve al mundo. En Chile, irán a una segunda vuelta electoral entre candidatos extremos de derecha e izquierda. No importa quién gane. Los que pierden son los chilenos, porque la división del país no permitirá al ganador gobernar para todos, sino sólo para con quien tiene compromisos. Nicaragua es una prisión nacional, donde encarcelan a los opositores, así tengan más de 80 años de edad.

Estados Unidos y México están partidos en dos. La semilla que sembraron Donald Trump allá, y López Obrador acá, ha provocado verdadero odio y violencia entre sus seguidores y los demócratas de ambos países. El fracaso de Trump en las urnas en 2020 sólo enquistó a sus fanáticos, y mantienen en zozobra el futuro del país.

En México, ya hasta las Fuerzas Armadas adoptaron una posición política, violando su mandato constitucional. Espero que el general secretario Sandoval entienda las dimensiones de lo que hizo, al parecer, a cambio de impunidad total para financiar muy a su manera todos los nuevos encargos del Presidente. Ahora ya no tiene que rendir cuentas, porque es seguridad nacional.

Tiempos negros.

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