Jorge Berry

Errores y aciertos

La ignorancia de la delegación mexicana de los protocolos a seguir en el Consejo de Seguridad de la ONU fue un gazapo diplomático francamente de primaria.

Está tan fanatizada la militancia de Morena, que desde el lunes intentan, sin éxito, convencer a los mexicanos de que la intervención del presidente de México, Andrés López Obrador, en el Consejo de Seguridad de la ONU, fue un éxito.

Hay ya demasiados testimonios gráficos, en video, en YouTube, en redes sociales y de testigos presenciales que dan cuenta no sólo de la ineptitud presidencial, sino de lo limitados e ignorantes que son sus consejeros más cercanos.

Tener que tragarse el regaño, que eso fue, del canciller ruso, quien le tuvo que explicar al Presidente, con una buena dosis de sarcasmo, lo que se puede y no se puede discutir en el Consejo de Seguridad, es de pena. La ignorancia de la delegación mexicana de los protocolos a seguir fue un gazapo diplomático francamente de primaria. Y eso, sin entrar al contenido de la propuesta populista del presidente López, que pretende que todos los gobiernos del mundo regalen dinero como él lo hace. Cualquier economista principiante sabe que ésa es la fórmula para crear más pobreza, tal y como está ocurriendo en México.

También resulta penoso tener un gobierno que pretende exportar sus técnicas de simulación. A millas de distancia se veía el clásico acarreo, que constituía el grueso de los seguidores de AMLO en Nueva York. En la ONU, esas cosas no se estilan. Y los acarreos, bien lo sabemos acá, no son gratuitos, y hacerlos en Nueva York cuesta en dólares. Fue un espectáculo grotesco, que al ser criticado, soltó la ira de la jauría morenista, que repartió insultos e infundios en sus redes sociales. Lo que no pudieron hacer es plantear argumentos, porque no los tienen.

Mientras, en México, de escándalo en escándalo. La boda de Santiago Nieto en Guatemala, el cargamento de 25 mil dólares en efectivo al evento por una funcionaria de CDMX; el creciente autoritarismo de Claudia Sheinbaum, ungida ya, prácticamente, como delfina de AMLO; la posterior renuncia de Nieto a la Unidad de Inteligencia Financiera, el nombramiento de Pablo Gómez, otro de los septuagenarios chapulines a sueldo del Presidente, a un puesto cuyas funciones desconoce totalmente; Lozoya en la cárcel (parece, porque no hay testimonios gráficos que lo confirmen); la continua impunidad de Bartlett, Pío y demás familia presidencial, Ana Guevara y una larga lista de etcéteras. Y claro, sigue sin conseguir medicinas para niños con cáncer.

Pero eso sí, la maquinaria de propaganda del gobierno intenta venderlo ahora como un ‘líder mundial’. Y hay quien se lo cree.

* * *

Mientras, en Washington, por fin la administración Biden recibió buenas noticias. Después de un altamente accidentado proceso legislativo, la Cámara de Representantes votó la aprobación de una ley de infraestructura que promete crear millones de empleos, y poner al día puentes, carreteras, aeropuertos y ferrocarriles, estimulando también el acceso a la banda ancha en zonas rurales, para acelerar la transición a vehículos eléctricos. Esta versión de la ley fue aprobada por el Senado desde agosto, y estaba atorada en Representantes porque los progresistas demócratas querían garantías de que la parte social del proyecto Biden, que incluye estancias infantiles, educación superior garantizada, y más y mejores beneficios de salud universal, también se convierta en ley. Además, aquí están consideradas las medidas para reducir el calentamiento global.

Esto último es parte de lo que Biden prometió en campaña, pero necesitan empezar por algo, y esta legislación, que costará un billón de dólares (1 trillion, para ellos), es algo que no lograron ni Obama ni Trump, aunque ambos lo habían prometido. Veremos si impacta en las próximas elecciones intermedias.

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