No hemos podido aquilatar las consecuencias y el significado de la caída de WhatsApp, de Facebook y de Instagram del lunes pasado. Si usted, querido lector, es de mi generación, o nació en los 60 y hasta 70, seguramente le puso poca o ninguna atención a la falla, que duró más de seis horas. Pero para quienes no conocen otra forma de comunicación que no sean las redes, el asunto tomó tintes de tragedia. Es la caja de Pandora en esteroides.
Curioso que la emergencia haya ocurrido un día antes de la comparecencia en el Congreso de Estados Unidos de Frances Haugen, una exproductora de Facebook, que se convirtió en heroína de muchos, pero villana de más, al revelar secretos internos de la operación de la red social, que la dejan altamente vulnerable a ser contundentemente reglamentada por el gobierno.
Haugen reveló su identidad el domingo en un segmento de 60 Minutos, el programa de comentario noticioso de CBS. Ya antes, Haugen dio a conocer decenas de miles de páginas con comunicaciones internas de Facebook, donde se comprueba que investigaciones internas de la red social descubrieron la facilidad que ofrecía Facebook para difundir mentiras, división y teorías de la conspiración. Pero no tomaron cartas en el asunto, porque impactaría negativamente sus ingresos.
“Nadie fuera de Facebook sabe lo que ocurre dentro de Facebook. Operan sin ninguna supervisión. Sé que tienen infinitos recursos, y tratarán de destruirme, pero creo que hice lo correcto revelando esta información para el bien común”, comentó Haugen.
Algo muy similar a lo descrito líneas arriba expresó Haugen ante el subcomité de Protección al Consumidor y Seguridad de Productos del Senado. Un día antes, como publicó algún tuitero, Facebook se cayó, Instagram se cayó, WhatsApp se cayó, y por ello, todos callaron. Tanto Instagram como WhatsApp son subsidiarias de Facebook, y opera las tres. Y así como se cayó Facebook, se cayeron sus acciones ese mismo lunes.
Durante meses, Mark Zuckerberg, el presidente, dueño y, tal vez, inventor de Facebook (si no entendió el ‘tal vez’, hay una película que debe ver. Pregunte a sus hijos o, más seguro, a sus nietos), ha estado bajo presión continua en el Congreso de Estados Unidos, tratando de evitar que le impongan regulaciones federales. Esto no lo ayuda.
Han cobrado fuerza los argumentos que indican que Instagram promueve la adicción a trastornos alimenticios entre niñas y jóvenes adultas. Instagram es un servicio, para quienes no lo conocen, básicamente fotográfico, pero que está muy de moda usar también como canal de comunicación.
No se puede olvidar el papel preponderante que jugó Facebook en la diseminación de información apócrifa, tendenciosa y violenta en la campaña presidencial de 2016 que ganó Donald Trump. Resulta muy difícil creer en la inocencia de Zuckerberg, cuando Facebook cobró fortunas por campañas de publicidad política pagadas en rublos desde Moscú. Eso es parte de lo que los documentos revelados por Frances Haugen comprueban: Facebook desechó la obligación moral de detener contenidos violentos, desinformación y campañas de origen extranjero que interfirieron en las elecciones de su país, sabiendo perfectamente que lo hacían y, lo que es peor, que lo siguen haciendo.
Mientras, imagino la cara de gusto de Jack Dorsey, el CEO de Twitter, feliz, porque durante las seis horas de la caída de Facebook, Instagram y WhatsApp, literalmente todo el mundo se comunicó por Twitter.
La última: Trump presentará una demanda para que Twitter y Facebook sean obligados por un juez a restablecer sus cuentas. Nunca ocurrirá.