Jorge Berry

Ida y Nora

Huracán, lo que se dice huracán, fue el paso de ‘Ida’ por la costa de Estados Unidos con el Golfo de México.

En México, parte de la costa del Pacífico resintió los efectos del huracán Nora. Puerto Vallarta y bahía de Banderas sufrieron inundaciones, deslaves, caída de árboles, ríos desbordados, pero sin víctimas que lamentar. Fue un huracán que al pasar frente a la costa era categoría 1 (todavía hay quien escribe de “vientos huracanados mandaron a damnificados al nosocomio”, en un verdadero monumento al cliché. Pero eso es otra cosa).

Lo cierto es que se podía estar mejor preparado, pero la leyenda vallartense dice que la sierra Madre los protege de estos fenómenos, y con algo de razón. Hacía más de 10 años que no pegaba tan duro un huracán por estos lares.

Huracán, lo que se dice huracán, fue el paso de Ida por la costa de Estados Unidos con el Golfo de México. Ese huracán, de categoría 4, dejó gravísimas inundaciones de pueblos enteros, más de un millón de personas sin luz, ni agua potable, ni drenaje, ni servicios de emergencia. Los vientos de más de 250 kilómetros por hora golpearon directamente a Port Fourchon, Luisiana. Hace más de una década, la ciudad de Nueva Orleans, en el mismo estado, fue devastada por el huracán Katrina, en una de las tragedias naturales más graves que han sufrido los estadounidenses. Si bien Ida es ligeramente más débil que Katrina, y golpeó más lejos, los habitantes de la ciudad del jazz la pasarán mal.

El problema son los servicios en todo el estado. Se sabe que los centros poblacionales más afectados, entre ellos Nueva Orleans, pasarán días antes de que recobren el acceso a la energía eléctrica y al agua potable. Para colmo, el pronóstico del tiempo para los próximos días es de calor extremo, rebasando los 40 grados Celsius en toda la zona afectada.

Hasta ahora, se sabe de cuatro muertes causadas por el huracán, pero para cuando usted lea esto, ya serán más. Y es que otro de los graves problemas que enfrenta Luisiana está en los hospitales, que deben atender a las víctimas de Ida. De por sí, la tercera ola de Covid con la variante Delta ha provocado ya sobrecupo en los hospitales del estado, sobre todo en cuanto a camas de terapia intensiva, pero también entre el personal médico y de enfermería. Realmente no hay trabajadores de salud suficientes para atender ambos escenarios.

En menor medida, también están afectados seriamente Illinois, Mississippi y Virginia del Oeste.

Mientras Ida tocaba tierra el domingo, el último de los gigantescos transportes aéreos de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos despegó del aeropuerto de Kabul, Afganistán. Nunca se había evacuado de una zona de guerra a tanta gente, en tan poco tiempo. Un total de 122 mil personas, entre Fuerzas Armadas, diplomáticos y ciudadanos de Estados Unidos, además de miles de afganos que colaboraron con la presencia militar estadounidense, están camino a nuevas vidas.

Lo mismo, el grupo de periodistas afganos que trabajaban para el New York Times, y que fueron extraídos de Afganistán y transportados a México. El Times le agradeció al canciller el gesto, pero no por eso dejará de ser crítico de esta administración.

El presidente Joe Biden pronunció un discurso el martes, en el que recalcó que Estados Unidos no tratará de construir países a base de poderío militar, pero eso es algo que no puede prometer. Además, hay otras formas de ejercer influencia.

La batalla legislativa arrecia. Los demócratas sufren traiciones internas que les impiden aplicar reglamentos en el Senado, y que permitirían el tránsito de iniciativas importantes. Si alguien resulta culpado por el fracaso legislativo, será el presidente del Senado, el demócrata Chuck Schumer. Y tendrán toda la razón.

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