Jorge Berry

El voto minoritario

Con los republicanos activados a nivel estatal, ya hay legislación diseñada para inhibir el voto minoritario, con el pretexto de impedir el fraude.

Para el Partido Republicano en Estados Unidos la ecuación es muy simple. Su supervivencia misma peligra si la iniciativa para la defensa del voto se aprueba en las cámaras. El cálculo republicano, sobre todo con la corriente extremista que apoya al expresidente Donald Trump, es más o menos así: cada vez hay más minorías en el país. Las minorías votan demócrata. Ergo, hay que impedir o restringir el voto minoritario, o no volverán a ganar una elección.

El diagnóstico es perfectamente correcto. Y así debe ser en una democracia. Pero los republicanos son pragmáticos, y saben recurrir a cualquier táctica para conseguir sus objetivos. Así, con los republicanos activados a nivel estatal, ya hay legislación diseñada para inhibir el voto minoritario, con el pretexto de impedir el fraude. Es un argumento que conocemos bien en México. Si pierdo la elección, hubo fraude. Las elecciones sólo son limpias si las gano.

Con distintos matices, cada estado de la Unión Americana tiene ya o prepara legislación selectiva del voto. En algunos estados proponen reducir drásticamente el voto por correo, en otros, restringen el número de casillas en áreas de población minoritaria, o el plazo para votar por adelantado, o imponen requisitos absurdos para obtener el registro como votante. Cada estado, con su traje a la medida.

Lo anterior es posible en Estados Unidos porque su proceso no contempla una elección federal, sino muchas elecciones estatales. Por ello, la iniciativa demócrata, que acabaría con todos estos subterfugios republicanos para suprimir el voto, sería la solución perfecta. Establecería normas de carácter federal, a las que todos los estados estarían obligados a acatar.

Esa legislación es, hoy por hoy, un sueño guajiro. No hay la menor posibilidad de que transite por el Senado mientras se mantenga la onerosa regla de los 60 votos, el famoso filibuster. Pero más allá de eso, habría que analizar la constitucionalidad de la iniciativa. En el momento en que se aprobara legislación federal, habría demandas por todos lados, cuestionando la facultad del gobierno federal para entrometerse en decisiones estatales. Con la Suprema Corte con un tinte decididamente conservador, creo que las posibilidades de éxito de esas demandas serían muchas.

Estados Unidos, durante más de 200 años, ha sabido encontrar el camino para preservar su sistema. Y ese sistema está basado en el derecho inalienable al voto. Tratar de brincarse ese requisito pone en riesgo a la forma misma de gobierno en el país. Claro, hay enfermos que les gustaría derrumbar todo, como Trump; pero también hay republicanos conscientes y respetuosos del sistema. Son ellos quienes deben dar la cara.

En otros tiempos, los republicanos entendían que siempre serían el partido minoritario. Para convencer a los votantes afroamericanos o hispanos u orientales, hacían campañas inclusivas, hablaban de los problemas a enfrentar y ofrecían ser parte de la solución. Ahora, los trumpianos complican las relaciones interraciales con sus posturas discriminatorias y se alejan cada vez más del sueño americano. Lo quieren todo, y sólo para ellos.

Pretenden, pues, no competir por los votos minoritarios, sino impedir que cuenten. Eso es profundamente antidemocrático y contrario a los principios bajo los que se fundó el país.

Repito aquí algo que comenté en Twitter durante las elecciones: Estados Unidos se ahorraría cualquier cantidad de problemas si tuviera un INE. Nuestro Instituto Electoral sigue siendo un referente mundial.

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