Jorge Berry

Los primeros 100 días

No es que la fecha tenga una trascendencia particular, pero se ha convertido en tradición hacer una evaluación del nuevo gobierno.

Hoy se cumplen los primeros 100 días de la administración del presidente de Estados Unidos, Joe Biden. No es que la fecha tenga una trascendencia particular, pero se ha convertido en tradición hacer una evaluación del nuevo gobierno a poco más de tres meses del inicio de su gestión. Anoche, en su primer informe presidencial (State of the Union), Biden ofreció su versión; aquí va la nuestra.

Covid-19

La emergencia sanitaria se atendió rápido y bien. Al tomar posesión, Biden fijó como meta aplicar 100 millones de vacunas en los primeros 100 días. Hoy, Estados Unidos lleva más de 200 millones de personas vacunadas. Ya cualquier adulto es elegible, y lo que preocupa ahora a las autoridades de salud no es el acceso a las vacunas, sino la voluntad de ponérselas. Sigue habiendo resistencia de algunos grupos a vacunarse, argumentando un ejercicio de libertad personal. Pero la libertad de uno termina donde comienza el derecho del otro. Quien no se vacuna es un peligro para sí mismo, pero también para otros, porque sigue siendo fuente de contagio.

Las nuevas indicaciones del gobierno para el uso de cubrebocas son marcadamente diferentes para quienes ya se vacunaron, que para quienes no lo han hecho. Relajar las reglas para los vacunados sirve también para incentivar a vacunarse, así sea sólo por el hecho de acceder a las nuevas reglas.

Tal vez lo más importante de la política de salud de Biden es que se logró de golpe regresar a la racionalidad científica. Atrás quedaron las patrañas de ingerir cloro o sustancias similares, y otras igual de marcianas, para apegarse al método científico de tomar decisiones. De un arranque pésimo en el manejo de la pandemia, Estados Unidos ha dado la vuelta bajo la administración Biden. Las encuestas lo confirman, dando una aprobación de más de 70 por ciento a la política de salud del nuevo gobierno.

Migración

El otro lado de la moneda es el tema migratorio, donde el nuevo gobierno se ha visto titubeante, indeciso y poco efectivo. Los funcionarios de Biden llegaron como huracán a desmantelar los inhumanos programas instaurados por Donald Trump, pero más allá de eso, no han tenido respuestas. Lo cierto es que los migrantes rápidamente detectaron un relajamiento de las políticas migratorias, y las aprovecharon, sobre todo en el caso de los menores de edad que viajan solos. Ahora, el sistema está inundado, renunció Roberta Jacobson como responsable de política fronteriza, y viene Kamala Harris, la vicepresidenta, al rescate. Malas noticias para el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien no sabe negociar con mujeres.

Relaciones internacionales

Rápidamente, el presidente Biden mandó señales al mundo de que había regresado la razón a Washington. Restauró la membresía de Estados Unidos en la OMS y regresó al Acuerdo Climático de París. Parece dispuesto a retomar el acuerdo nuclear con Irán.

Las relaciones con Rusia, sin embargo, han sufrido un deterioro notable, aunque la primera cumbre Biden-Putin parece inminente. Es esencial para Estados Unidos retomar el diálogo con Beijing, así sea sólo para reparar los lazos comerciales, porque en lo que toca a Hong Kong y Taiwán, no se ve para dónde.

Política interna

En medio de todo lo anterior, Biden tiene pendiente el terrorismo doméstico, reconstruir infraestructura, lidiar con el Congreso y una Suprema Corte conservadora, además de mantener a raya las políticas ambientales, que serán durísimas.

Con todo, Biden no ha sido el centrista que todos esperaban. Su agenda, que nadie lo dude, es progresista.


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