Jorge Berry

La rodilla del policía

Luego de la sentencia, quedó una sensación no tanto de satisfacción ante el correcto funcionamiento del sistema de impartición de justicia, sino de alivio, dice Jorge Berry.

Desde el juicio de OJ Simpson, hace ya más de 20 años, no había en Estados Unidos tanta expectación por el resultado de un proceso criminal. Quienes vimos las imágenes del policía de Minnesota, Derek Chauvin, someter a George Floyd presionando el cuello del sospechoso con su rodilla durante más de ocho minutos, no teníamos dudas sobre la culpabilidad del acusado. Los miembros del jurado, tampoco, y encontraron culpable de todos los cargos al oficial Chauvin, quien recibirá sentencia en ocho semanas. Podría pasar 40 años en prisión.

El caso va mucho más allá de la sentencia a Chauvin. No es casualidad que hubo muestras de júbilo en todo Estados Unidos al conocerse el veredicto. El propio presidente Joe Biden habló con la familia de Floyd, expresando que a pesar de que su pérdida es irreparable, esta vez se hizo justicia.

Luego de la sentencia, quedó una sensación no tanto de satisfacción ante el correcto funcionamiento del sistema de impartición de justicia, sino de alivio. Alivio, porque si, como casi siempre ocurre, el veredicto hubiera sido inocente, habría desatado protestas masivas y violentas en todo el país. La discriminación sistemática que ha padecido la comunidad afroamericana desde siempre, incluye un rasero distinto en la aplicación de la ley. Cómo olvidar a Rodney King, y las docenas y docenas de muertes e incidentes contra afroamericanos a manos de fuerzas policíacas, y que resultan en nulas o mínimas sanciones para los policías.

Lo cierto es que, de no ser por la capacidad ciudadana para documentar las prácticas policiacas, el oficial Chauvin hoy estaría libre.

Es necesaria una completa reevaluación de las políticas policiales a nivel nacional. En el país con el mayor porcentaje de sus ciudadanos encarcelados, un altísimo número es de personas de color. Ésta es la cara más odiosa del racismo, y si Estados Unidos logra erradicarla, será un mejor país.

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El martes, el Departamento de Estado de Estados Unidos publicó sus directrices para los viajes a México de sus ciudadanos. Su recomendación: no viajen.

El primer párrafo habla sobre los riesgos de Covid, que según las autoridades sanitarias, siguen siendo muy altos. Y luego dice:

“No viaje a Colima, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Tamaulipas por los altos índices de delincuencia. Reconsidere viajar a Chihuahua, Coahuila, Durango, Jalisco, Edomex y CDMX, Morelos, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Zacatecas, por el mismo motivo”.

Luego describe la situación de cada estado en particular, y excluye, por ahora, los principales destinos turísticos, excepto Acapulco, donde los empleados del gobierno estadounidense tienen prohibido viajar.

Esto presagia una clara insistencia del gobierno de Estados Unidos de incrementar la lucha contra el crimen. Preocupa la reacción del gobierno mexicano. Cuando venga la vicepresidenta Kamala Harris a fijar posturas, espero que haya un diálogo abierto y cooperación de ambos gobiernos.

La opción del Foro de Sao Paulo, es decir, victimizarse por “una intromisión en nuestra soberanía” y, en general, enfrentar en lugar de cooperar, no nos llevará a nada bueno. Bastantes agravios hay ya contra México por las violaciones al T-MEC como para ponernos flamencos. Éste es un aviso de lo vulnerable que es el país, cuando está gobernado por el odio, la división y el resentimiento.

Por lo pronto, veremos cómo afecta a los proveedores de servicios turísticos esta directriz, porque estamos hablando de la tercera fuente de divisas que tiene México, y con eso no se juega.

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