Jorge Berry

Ahora, contra EU

El famoso sueño de Andrés se está desmoronando. El brillante papel que tenía planeado jugar en la historia nacional sufre descarrilamientos en casi todos los rubros.

La semana arrancó con un extraño pronunciamiento desde el púlpito presidencial.

“No podemos depender por completo de los combustibles del extranjero, ya que no se podría resistir un bloqueo extranjero (sic). Hay que producir en México lo que consumimos”. Palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador en su conferencia mañanera, reproducidas en redes por la Secretaría de Energía.

En medio del inicio formal de las campañas en todo el país, del viaje y fotos de su hijo mayor esquiando en Aspen disfrutando del fifidismo, del escandalito de Alfredo Adame y los 25 millones que se quiere “chingar”, y del narcocineasta Epigmenio Ibarra denunciando complot de la CIA para filmar vacunas de aire en CDMX, la declaración de marras quedó opacada, aunque no por ello deja de ser ominosa.

¿“Bloqueo”? Es claro que el Presidente sólo puede estar hablando de Estados Unidos, porque ningún otro país tendría el menor interés en bloquearnos. En circunstancias normales, Estados Unidos tampoco. Pero éstas no son circunstancias normales.

El famoso Sueño de Andrés se está desmoronando. El brillante papel que tenía planeado jugar en la historia nacional sufre descarrilamientos en casi todos los rubros. Es ocioso hacer la lista. Todos los días se repasa en redes sociales. Desde la falta de medicamentos oncológicos infantiles, hasta el precio del gas y la gasolina; desde la ausencia de gobierno en grandes zonas del país controladas por los cárteles, hasta la inexplicable actitud comprensiva y bonachona ante los criminales; desde el desastre en el manejo de la pandemia, hasta el apoyo incondicional a candidatos presuntamente delincuentes, como Félix Salgado Macedonio. Es apenas un botón. Mientras la maquinaria de gobierno de Morena sigue produciendo pobres, la prensa internacional cada vez lo aprieta más. Y con ella, viene el gobierno de Estados Unidos.

En este oscuro panorama, López Obrador enfrenta elecciones intermedias, mientras ve que sus números se derrumban, que las tribus de Morena se destrozan y que su credibilidad ya no rinde.

Es claro que el Presidente necesita otra narrativa para recuperar el apoyo de las mayorías, y muchos temen que se decida por confrontar a Estados Unidos. Total, los gringos siempre han sido vistos con recelo por una buena parte de la población, aquella que, como López Obrador, cree en los mitos y leyendas de la historia oficial. Qué mejor que un enemigo externo en torno del cual se puedan unir los mexicanos.

No está tan fácil. No sólo tenemos millones de connacionales viviendo allá. México, como López Obrador reconoce cada que puede, necesita de las remesas. Que ni se preocupe de un bloqueo energético, porque con parar las remesas y aplicar a la letra el TMEC, Estados Unidos tiene suficiente para doblar al gobierno de López Obrador.

Quienes ven como opción convertirnos en una Venezuela o Cuba, olvidan los miles de kilómetros de frontera que compartimos. Washington jamás lo permitiría. Y no nos conviene ponerlos a prueba. ¿Para qué?

Nuestra frontera y cercanía geográfica con Estados Unidos ofrece enormes ventajas a México. Cooperar con ellos significa más y mejores empleos, gran captación de divisas vía turismo, y la posibilidad de librarse del dominio de los cárteles en buena parte del territorio. Libertad de la gente para decidir su vida sin miedo a la violencia. Eso es soberanía, no la anquilosada definición que emplea el gobierno para tratar de mantener en mansedumbre a su clientela.

Por supuesto que esta visión choca con la cuarta transformación. La visión moderna y de futuro está peleada con el populismo autocrático que insiste en imponer López Obrador.

El 6 de junio veremos si lo logra.

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