Parteaguas

Progreso, en Yucatán

La disponibilidad de un puerto, electricidad y gas genera condiciones óptimas para el crecimiento de la industria manufacturera.

No es únicamente la llegada de un astillero y no solo lo empujan los habitantes locales. Lo que está a punto de ocurrir en la costa yucateca puede motivar que esa zona segura se convierta, además, en un enclave económico de trascendencia regional.

Aquí avisé antes del proyecto de Fincantieri, la empresa italiana constructora de barcos de Giampiero Massolo, que avizora en el puerto Progreso la instalación del taller más grande de construcción y mantenimiento de embarcaciones en América.

Condicionado al desarrollo previo de cierta infraestructura, solamente ese complejo ocupará 40 hectáreas. Pero el proyecto del gobierno del estado empujado por la presidencia de México, contempla un área total de 120 hectáreas, que se aproxima al tamaño del Centro Histórico de la Ciudad de México.

La dimensión responde al interés mostrado por empresas en desarrollar actividades en esa población costera que está a media hora de Mérida.

Las 80 hectáreas restantes incluyen proyectos para la instalación de tanques de almacenamiento de combustibles, granos, material de construcción, logística automotriz, de contenedores y almacenamiento de gas natural.

Lo del gas y lo del astillero van de la mano en buena medida. La creciente producción petrolera de Estados Unidos aceleró un explosivo negocio internacional de barcos transportadores de gas natural licuado (LNG).

El gas natural es requerido en regiones del mundo como la península de Yucatán para generar electricidad, y la CFE iniciará este año la construcción de dos plantas de ciclo combinado justamente en la entidad.

Ese combustible puede ser transportado por ductos, pero también en barcos que requieren construcción y mantenimiento y ese mercado global hoy no es atendido aún en México. Solo hoy y sin considerar aún esas flotas, frente a esa península nacional transitan alrededor de 7 mil embarcaciones, varias veces al año, en dirección al Canal de Panamá, Sudamérica y África. Más, ahora que hay escasez de barcos para transportar todo lo que ustedes terminan comprando en línea.

La disponibilidad de un puerto, electricidad y gas genera condiciones óptimas para el crecimiento de la industria manufacturera.

Antes de la pandemia, Yucatán ya destacaba en el ranking nacional del Inegi, de crecimiento en esa actividad, debido a la llegada frecuente de inversiones y por ello, la infraestructura de Puerto Progreso ya no da abasto a la fabricación local que detonó desde hace cinco años.

AB Inbev, de Carlos Brito, envía desde ahí cerveza Corona a Europa, África, Asia y toda América, no le bastaron los 20 mil contenedores que puede sacar por Yucatán y el resto los manda desde donde puede.

Envases Universales, de Laura Zapata Oscoz, surte las latas que ésta necesita y además con su producción de 85 millones de latas anuales, requiere capacidad para más de 5 mil contenedores.

La alemana Leoni produce y envía autopartes y en el mismo sector, pronto arrancará Uchiyama Manufacturing.

La productora china de cocinas Woodgenix abre espacio para sus 3 mil contenedores y empresas locales como el vidriero Grupo Millet que exporta a todos los mercados inmobiliarios del Caribe y de Florida apunta a un millar más de cajas.

Todo eso, adicional a lo que el puerto soportaba el lustro previo.

Luego, parió la abuela. Llegó el anuncio de un centro de distribución regional de Walmart y el más reciente, del primero que abrirá Amazon en el sur de México. Ambos a una distancia de 10 kilómetros uno del otro, dentro del área metropolitana de Mérida.

Todo lo anterior vaticina un crecimiento en la demanda de servicios portuarios en la entidad.

Ya lo detectó el presidente Andrés Manuel López Obrador, cuyo secretario de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez, incluyó el 5 de octubre pasado el proyecto de Ampliación del Puerto de Progreso promovido por el gobierno del estado a cargo de Mauricio Vila Dosal, dentro de un plan nacional de 39 proyectos de infraestructura.

Éste requiere solamente de una concesión que el gobierno federal debe sellar para que el estado active una paraestatal yucateca que promueva la inversión privada inicial de unos 4 mil millones de pesos en el sitio y la administración de obras y operación de ese complejo de 120 hectáreas.

"Antier sostuve una reunión con el gobernador de #Yucatán, @MauVila, para dar seguimiento al proyecto de Puerto Progreso, que forma parte del paquete de #inversión con la iniciativa privada anunciada por el presidente @lopezobrador_", publicó el secretario de Hacienda el viernes pasado.

Atentos, pronto puede haber Progreso, en Yucatán.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

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