Probablemente no se conocen entre sí, pero lo que hacen a diario las vincula con un propósito: dar dinero a los mexicanos.
No lo hacen directamente, vaya, no entregan efectivo a quien se los pide, sino que enseñan el camino, a veces corto, a una vida más holgada. Ojo, nadie dice que por eso sea fácil.
Si a la usanza de los hombres ustedes se la pasan quejándose del gobierno, conviene que sepan de Luz Margarita Saucedo, Mercedes de la Maza y Beatriz Coll. Cada una avanza en su propio camino sin las fricciones que dispara la preocupación por la política.
Margarita encabeza una organización que provee certificaciones en ICP, Internet Computer Protocol. ¿Para qué sirve tal reconocimiento? Para obtener las habilidades que permiten a varios crear sistemas paralelos, por ejemplo, a los de los bancos.
Un ejemplo visible es el bitcoin, una moneda que no existía y acaso por El Salvador, no la respalda oficialmente país alguno, pero que ayer valía 29 mil 180 dólares, 25 por ciento más que hace un año.
Su valor radica en el sistema en el que se apoya: blockchain, que sirve para hacer más que criptomonedas. Por ejemplo, es útil para firmar contratos mediante tokens. Averigüen en Google, porque entender eso requiere voluntad autodidacta.
La cosa es que mucha gente está involucrada en la creación de negocios relacionados con ese ambiente. ¿Conocen ya Open AI o su producto estrella ChatGPT? Adivinen en qué anda ahora su fundador, Sam Altman.
Primero, en Estados Unidos, antier en Argentina, el público hace colas para sumarse a su propuesta. Su nuevo proyecto consiste en reunir la imagen de los ojos de 2 mil millones de personas mediante cámaras distribuidas por varios países. A cambio Altman entrega criptomonedas de Worldcoin y una ‘app’ en el celular.
Su meta es generar un sistema de identidad paralelo mediante el cual todos nos paguemos y además, firmemos contratos.
En menos de un mes ha acumulado 2.2 millones de imágenes, de acuerdo con su sitio web.
La blockchain puede servir quizás para verificar todos los procesos humanos, incluso la caducidad de la comida o de dónde viene la gasolina de su coche.
Desde Tijuana, Luz Margarita Saucedo entrena y certifica en cuatro semanas y en español a emprendedores en blockchain mediante la organización sin fines de lucro ICP Hub Latam. Se gradúa quien termina diseñando el ‘pitch’ de una idea. Esas ideas generalmente tienen alcance internacional, por lo que el gobierno pasa a segundo término.
En otra vía, Mercedes de la Maza aporta ‘certificaciones’ que de a poco ganan espacio a los ‘títulos’.
A quien entrega todo su tiempo, promete una certificación de programación fullstack en Java que se estudia en 12 semanas. Cuatro de cada cinco graduados consigue trabajo, también semanas después.
En la Ciudad de México, De la Maza dirige Generation, organización sin fines de lucro fundada por la consultora McKinsey para ampliar la empleabilidad de jóvenes que pertenecen a familias cuyos ingresos mensuales rondan 8 mil pesos mensuales, o menos.
Está respaldada por BlackRock Foundation, Microsoft y Verizon, urgidas todas estas o sus filiales, de gente capacitada.
Luego está Beatriz, quien dirige desde Monterrey Inroads de México, otra organización sin fines de lucro que conecta oportunidades de empleo interesantes con jóvenes talentosos que regularmente carecen de estas. Lo logra mediante capacitaciones para obtener certificaciones de Google: “Buscamos generar movilidad social brindando herramientas y habilidades a los jóvenes”, detalla Inroads México en su sitio web.
No reparan en cuestionables libros de texto, ni en matutinas declaraciones coloridas. Acaso comparten un obstáculo: en el propósito de una vida más plena en términos económicos, los mexicanos batallamos con el inglés, pero más, con habilidades de comunicación.
Nos gana “la pena”, pues.
Eso es cultural y para romper el vicio es necesaria la práctica y el constante entrenamiento, pero todo puede empezar con certificaciones que empujan al menos tres mexicanas que conocí en menos de un mes y que al parecer, no se conocen entre sí.