Quizás no nos sentimos cómodos en un ambiente sin crisis. ¿De qué platicaremos en una circunstancia de prosperidad? Los mexicanos no tienen listo un plan de conversación para el momento en el que no haya problemas. ¿Llegará?
Aplica para todos. Algunos crecimos cerca del cruce de Reforma y Florencia, que resuelve las coordenadas de esa victoria alada que llamamos ‘El Ángel’.
Hace unos 30 años, muy cerca de ahí, frente a la glorieta de ‘La Palma’ construían el único edificio verdaderamente alto de la zona. Luego supimos que albergaría a la Bolsa Mexicana de Valores.
Si en 1995 hubieran dicho a los vecinos que en esa ubicación crecerían más edificios que ahuehuetes, los tomarían por locos. Estábamos en crisis. Punto.
Ahora paseen por esa zona. Sobre esa “crisis” nacieron decenas de gigantes de concreto y rascacielos llenos de ventanas.
En donde está hoy el edificio de HSBC hubo un estacionamiento de esos en los que se dejan las llaves y se paga por el servicio de lavado y encerado. A unos metros de ahí está la casa que hace más de 100 años construyó un italiano en medio de campos de arado.
Esa mansión hoy pertenece a la familia de Antonio Del Valle Ruiz, en donde despacha él, todavía.
En 2009, al final de una entrevista relacionada con la gran crisis financiera global de ese año, conversé con el personaje un rato en su balcón principal, mientras perdimos la mirada en el tráfico de coches de medio día.
¿Va a sacar su dinero? Creo que le pregunté. ‘¡Qué va! Si México es el mejor país del mundo’, recuerdo que me contestó. Es el fundador del Banco Ve Por Más, antes había creado el desaparecido Bital que vendió a HSBC en días de otra crisis.
“Los bienes son para resolver los males“, me dijo alguna vez Ángel Losada, de Grupo Gigante.
Para salir de un atorón, a su familia le salió el remedio de vender el edificio que hoy alberga las oficinas de Grupo Bal, en Moliere, barrio de Polanco. Esa suerte de pirámide anaranjada hoy lleva una B de Bailleres, que bien pudo ser G, o L, de Losada.
Hoy Grupo Gigante factura poco más de 2 mil 800 millones de pesos mensuales, de acuerdo con datos recopilados por Bloomberg. La cifra es 70 por ciento mayor a la de los peores meses de la crisis de 2020.
En los negocios no hay problemas mortales. Hay riesgos y hay oportunidades. ‘No existe un momento ideal para crear un negocio’, decía Don Lorenzo Servitje.
Ayer tuve el privilegio de conducir un panel durante el encuentro de celebración de los 25 años de la Coparmex en la Ciudad de México, Uniendo Mentes, al que convocaron esa organización y El Financiero.
Me acompañaron celebridades del mundo del análisis económico: Janneth Quiroz, de Monex; Carlos Hurtado, del CEESP; Juan Carlos Alderete, de Banorte y Carlos Serrano, de BBVA.
Al inicio abrimos un par de preguntas al público conformado por unas 300 personas: ‘¿Quién cree que la economía va a mejorar al final del sexenio? ¿Quién cree lo contrario, que se va a deteriorar?’
Hubo manos alzadas de optimistas, pero ganaron ampliamente quienes auguran problemas dentro de ese efímero grupo congregado en un salón del Hotel St. Regis, de Paseo de la Reforma.
¿Estamos en crisis? Los de Monterrey, montado en la ola de nearshoring y en espera de la construcción de la planta de Tesla, podrían opinar distinto. Lo mismo pasaría quizás en Chihuahua o en Saltillo.
Los panelistas apuntaron oportunidades para contadores y desarrolladores de software ubicados en la Ciudad de México que resuelven problemas a gerentes y dueños de fábricas que se instalan en el norte. Los banqueros se benefician ya de dar créditos a todos ellos. También podrían ser optimistas quienes fabrican y venden medicamentos desde la capital del país.
¿Hay problemas? Claro. Los expertos advirtieron la necesidad de una reforma fiscal que resuelva la escasez de dinero para pagar deudas de Pemex y las pensiones de jubilados del IMSS y del gobierno. No habrá candidato que durante la campaña aborde la solución.
Para entonces el dólar estará por arriba del nivel actual (quizás). Probablemente, también resolvería el lío un crecimiento económico anual de un 6 por ciento que no tenemos desde el siglo pasado. En la Constitución está permitida la inversión privada en energía y los siguientes gobernantes solo necesitan prender el “switch” para atraer dinero… riesgos y oportunidades. No existen las crisis absolutas.