Parteaguas

El lado malo del ‘nearshoring’

Los líderes de los sectores público y privado están privilegiando eficiencia y menores costos en la producción, por resiliencia y seguridad nacional.

Hoy Mérida está llena de banqueros. La mayoría, procedente de la Ciudad de México.

¿El pretexto? La Convención Bancaria, esa sesión anual entre directivos de grupos financieros durante la cual centrarán su discusión en los beneficios del nearshoring.

Es la palabra que recobró fuerza y los más avezados buscan oportunidades en ese retorno de fábricas a Norteamérica, visibles por cierto en varias poblaciones de Yucatán en forma de nuevas naves industriales y empleos en su interior.

Pero ayer, Larry Fink, un nombre asociado con el mayor poder económico de Estados Unidos, señaló hacia donde pocos están volteando, dijo en su carta anual a presidentes de empresa que el nearshoring está basado en razones preocupantes y su destino se resume en una palabra: inflación.

Primero, el origen. La gente de un lado del mundo ha dejado de ir a comer con la del otro. Los vínculos se reducen y como en los matrimonios, las relaciones se enfrían.

“En 2017, destaqué cómo la globalización y el cambio tecnológico estaban dividiendo comunidades e impactando a los trabajadores. Las implicaciones sociales incluyeron Brexit, agitación en el Medio Oriente y polarización política en Estados Unidos”, escribió Fink, líder del influyente grupo inversionista BlackRock, que cuida buena parte del dinero de los fondos de retiro de trabajadores estadounidenses.

“El aislamiento de Covid ha aumentado este ambiente cargado y ha llevado a un mayor proteccionismo y polarización. La falta de interacción cara a cara ha tenido un efecto profundo en la humanidad. Las videollamadas no reemplazan las reuniones en persona o compartir una comida”.

Las conexiones con el equipo de la oficina o con políticos de otra nación, son hoy más importantes luego del alejamiento provocado por una pandemia.

Las fricciones entre China y Estados Unidos caen en un círculo vicioso muy riesgoso.

A la par de lo anterior, surgió la reacción casi animal de protegerse, de reducir riesgos en el llenado de cada anaquel, cada vitrina y cada marketplace. Mientras más cerca de lo que “puedo controlar”, menos peligro de que me falle el proveedor o me cambien los impuestos o los precios al traerlo de lejos.

“Cada vez más, quieren obtener productos esenciales cerca de casa, incluso si eso significa precios más altos”, advirtió Larry Fink.

“Los líderes de los sectores público y privado esencialmente están intercambiando eficiencia y menores costos por resiliencia y seguridad nacional”.

Las oportunidades están a la vista y los bancos quieren su parte. Sea en Yucatán, o en Nuevo León, con la recepción de la inversión de más de 5 mil millones de dólares por la nueva planta de Tesla. Dinero que de algún modo pasa por el banco.

Un poco más al norte, esas oportunidades se exacerban. Al norte de Phoenix, Arizona, el gigante taiwanés de chips TSMC invierte 40 mil millones de dólares en una fábrica de semiconductores útiles en todos los electrónicos, como los de su smartphone.

Se trata del mayor productor de chips en el mundo, con sede original en Taiwán, territorio reclamado por China, cuyos empresarios y gobernantes evidentemente tienen relaciones más cercanas con los vecinos norteamericanos. Hablando de riesgos, el evidente apoyo del gobierno del presidente Joe Biden al proyecto no es un cariño para el gigante asiático.

“Los gobiernos están desempeñando un papel más importante en cuanto a dónde se pueden obtener los productos y dónde se debe asignar el capital, ya que buscan mantener la producción de componentes críticos dentro de sus fronteras. Esto significa que el capital no se asignará necesariamente a las empresas que ofrezcan la máxima rentabilidad”, advirtió Fink.

“Esto puede producir mejores resultados de seguridad nacional con cadenas de suministro más resistentes y seguras. Pero en el corto plazo, los efectos son altamente inflacionarios. Esta compensación entre precio y seguridad es una de las razones por las que creo que la inflación persistirá y será más difícil de controlar para los banqueros centrales a largo plazo. Como resultado, creo que es más probable que la inflación se mantenga más cerca de 3.5 por ciento o 4 por ciento en los próximos años”, estimó el líder de BlackRock.

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