Parteaguas

Cómo hemos cambiado

La tasa de crecimiento proyectada por López Obrador es cada vez menos probable. Hoy México no crece y respecto a 2019, en producción se hizo pequeño.

Piensen en San Pedro, en esa zona de Valle Oriente frontera con Monterrey que ahora está llena de edificios. Cuando comenzaba este siglo no era más que un conjunto de llanos y lomas cubiertas de ‘zacate’, como llaman los regios al pasto.

¿Cuántas historias de cambio como ésta pueden contarse de Querétaro, Guanajuato, Guadalajara… Mérida?

En el año 2000, México estrenaba la alternancia producto de la democracia.

Vicente Fox se erigía como revolucionario cantante de una era de prosperidad que estaba por venir. Le fallaron los nervios.

Llenó su agenda internacional luego del ataque a las Torres Gemelas y flaqueó afuera como adentro. Luego tropezó al reaccionar ante la recesión.

Sus reformas no llegaron y descargó su enojo impulsando sin querer a quien hoy es el presidente de México. Pero aún en ese torbellino, México creció.

La manufactura brindó puertas a jóvenes que apostaron a ser ingenieros. El norte del país empezó a poblarse de fabricantes que reclamaban mejor trato. La inconformidad se hizo hábito. Vitro, Cemex, Alfa… se quejaron en esos días del alto precio del gas natural, de la energía que les vendía Pemex. Calentaron los ánimos, pero hubo acuerdos.

Luego trajo Felipe Calderón una guerra que quizás tuvo intención, pero para la cual faltó pericia. Su primer Secretario de Gobernación reconoció esa falta. El crecimiento menguó, pero con todas las fallas de otro gobierno panista, la economía siguió en ascenso.

Ese gobierno no abrió un camino nuevo. Otra vez las fábricas, otra vez la promoción de reformas que no llegaron a buen puerto. Vino la peor crisis financiera que ha visto esta generación. Quebró Lehman Brothers. ¡Quebró Lehman Brothers! Zanjó con su caída una herida que provocó una hemorragia en los bancos de Estados Unidos. El dólar brincó de 10 a 14 pesos, pero México creció.

Vino luego Enrique Peña Nieto, el regreso del PRI mostraba a los mexicanos la necedad del arraigo. De esa administración emanó la arrogancia, la insensibilidad, la corrupción y la lección definitiva de que ese partido no cambiará. Pero la economía mexicana creció. Creció en todos los casos por inversión y no por la inversión gubernamental.

Pueblos se volvieron ciudades, ciudades que se volvieron metrópolis cosmopolitas.

Hoy México no crece y respecto a 2019, en producción se hizo pequeño.

La vía fácil para calmar la molestia es culpar al presidente, a Andrés Manuel López Obrador, como si no significara él un espejo. No gusta porque es la representación gráfica de una equivocación.

Es la imagen de más de la mitad de los mexicanos que en el mejor de los casos terminaron la secundaria y los libros que han leído son probablemente los que repartió la Secretaría de Educación Pública, que datan de eras de adoctrinamiento revolucionario.

“Pasó cerca la bala”, decían en 2006, cuando Calderón ganó legítimamente la elección. En foros similares lamentaban así en 2018: “no supimos enseñar los beneficios del TLCAN”, luego de su desaparición. Faltó tarea, sí, y eso creó dos mundos en México.

Aquellos que sienten que sobran, vinieron por revancha que no piden por favor.

Por supuesto que López Obrador siembra confrontación. Ha conseguido la división, que en afán de la permanencia de su poder político, parece ser su meta. Ojalá que no.

Pero no es el único mexicano. Hoy faltan aquellos que invirtieron en la manufactura. No para que hagan exactamente lo mismo, quizá. Los márgenes de esa actividad hoy no atraen multitudes, a menos de que sumen tecnología, valor agregado.

Lo que provocó el nacimiento de Huawei en China o el de Samsung en Corea, fue la disciplina, la inversión y la educación. Pero no solo la educación del pueblo, sino la de empresarios que entendieron la vanguardia y el valor de la gente. De toda la gente.

Los mexicanos pueden esperar a que sea el gobierno el que ponga orden y dinero, lo primero es su obligación, pero en lo segundo…

En menos de una semana hablé con españoles que vinieron a mostrar cómo vender casas en un market place, sudamericanos que dan clases de análisis de datos a connacionales y extranjeros desde la Condesa y hasta un ‘gringo’ que hizo negocio con una agencia que busca a mexicanos que desarrollen desde aquí software para empresas estadounidenses.

Hay juego nuevo. Blockchain, cuidado del clima, nuevo transporte… cambió el mundo, todos cambiamos. ¿A qué hora la inversión?

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

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