Parteaguas

El futuro de Pemex es de plástico

Las inversiones cuantiosas van a refinación, mientras que no es conocido un proyecto serio de producción en derivados útiles para hacer plásticos.

Los europeos van a sacudirse a la conflictiva Rusia con renovables y ahora hasta los defensores del medioambiente coquetean con la defensa de la potente energía nuclear, que evita emisiones.

La energía ‘verde’ y las nucleoeléctricas es la mezcla que podría eliminar la necesidad del petróleo como energético y detendría el calentamiento global. Pemex apuesta a la gasolina, al diésel y al combustóleo, que son sus derivados. Alguien va en un camino equivocado.

La única coincidencia entre ambas posturas es el plástico. La sociedad no se cansa de su consumo. Estiren el brazo y tocarán algún derivado del etileno o del polietileno.

Pero la petrolera que comanda Octavio Romero cada vez produce menos petroquímicos.

El gobierno mexicano muestra preocupación por sus compras de combustibles, pero la creciente importación de químicos derivados del crudo luce como un mar de calma. Banxico reporta un aumento de 46 por ciento, solamente en 12 meses contados hasta marzo, muy similar al caso de la gasolina tanto en incremento como en montos.

Este año, México compra mil millones de dólares mensuales en productos petroquímicos y mil 500 millones de gasolina.

Las inversiones cuantiosas van a refinación, mientras que no es conocido un proyecto serio de producción en derivados útiles para hacer plásticos.

Por el contrario, la producción de etileno, útil justamente en ese propósito, cayó a la ridícula cantidad de 8 mil toneladas en abril. No hay cifras previas de volumen similar. Respecto al año pasado, la caída es de 62 por ciento, de acuerdo con estadísticas de Pemex.

En gasolina, la historia es diferente, las compras al exterior aumentan, pese a una elevación en la producción nacional. La petrolera reportó un aumento de 39 por ciento en abril respecto al mismo mes de 2021.

Pero esa subida tiene un precio, destacado en un artículo escrito por Francisco Barnés de Castro, publicado ayer.

En Pemex hacen malabares. Surten a las refinerías cada vez más petróleo pesado –escaso de gasolinas y cargado de azufre– lo que les provoca un creciente nudo de desechos como el combustóleo, advirtió en su texto el académico de la UNAM y expresidente del Instituto Mexicano del Petróleo: https://bit.ly/3z0u6f4

“La dieta de crudo alimentada a las diferentes refinerías no se ha mantenido constante, sino que se ha ido incrementando la proporción de crudo pesado que está siendo alimentada a cada refinería, lo que necesariamente incide en un deterioro de los rendimientos de gasolinas y un incremento en los rendimientos de combustóleo y, en las refinerías con coquizadora, en la cantidad de coque generado, y eleva los costos de mantenimiento”.

Como ya casi nadie quiere en el mundo el combustóleo por regulaciones ambientales, Pemex busca a quien pueda deshacerse de éste.

Como es sabido, las plantas de generación de electricidad de la CFE lo queman produciendo energía, en detrimento de los habitantes de Hidalgo, Colima y Guerrero, que respiran su combustión frecuentemente.

Aquí he expresado antes que, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, deliberadamente, el gobierno redujo la actividad y las inversiones en los procesos de refinación de Pemex, dejando una bomba de tiempo a sus sucesores, en espera de que estos se recargaran en inversiones privadas para evitar este gasto al erario.

Pero llegó el presidente Andrés Manuel López Obrador con la consigna propia de rechazar ese capital y entre su antecesor y él, han dejado a los mexicanos en el peor escenario: los contribuyentes deben pagar un esquema ineficiente.

Esta semana, el Washington Post reveló que las preocupaciones climáticas impulsan un nuevo movimiento pronuclear en Estados Unidos, mientras que, en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial, Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea, avisó que vistos los conflictos con Rusia, esa región prepara una inversión de 220 mil millones de dólares para convertir el Mediteráneo en un centro energético mundial, más dependiente del hidrógeno.

Pemex parece transitar un camino distinto y solitario. Podría ir por el plástico y convertirse, por ejemplo, en un corporativo estratega de la economía circular, inventando nuevos modelos de reciclaje.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

Opine usted: jruiz@elfinanciero.com.mx

Facebook: @RuizTorre

COLUMNAS ANTERIORES

30 mil pesos por ‘internet VIP’
Seremos viejos, pero con 5G

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.