Parteaguas

Elon Musk: De Paypal a Twitter

El empresario es un genio con soluciones, ejemplo de ello es su fabricación de cohetes reutilizables.

Elon Musk acordó la compra de Twitter y muchos pensarán que lo hace por dinero, porque la mayoría se conforma con eso. Particularmente en países de Latinoamérica.

No es que pensar en fortuna sea malo, pero el líder de Tesla y el próximo posible dueño de esa red social ya no está en la liga de millonarios terrenales. Hoy muchos saben quién fue Leonardo Da Vinci, pero traten de recordar al hombre más rico de esos años que habitó Florencia junto a aquel genio, durante el Renacimiento.

Musk ya se acomodó en la historia, tal como el autor de la Mona Lisa que también gustaba de resolver dilemas. Pero el superdotado contemporáneo sí goza, a diferencia del otro, del saldo patrimonial más colosal.

En esta columna de opinión hay lugar para la crítica hacia este ícono generacional y al riesgo que su ambición representa, pero antes conviene centrarse en los hechos.

La creatividad de Musk cambió el sistema financiero. Cuando enviar dinero al otro lado del mundo era una rareza que obligaba a la gente seguir un trámite de horas parado en la sucursal del banco, él vino con Paypal y entonces se hizo rico al iniciar el milenio.

Posteriormente se aferró a Tesla, a la construcción de una empresa de energía que produce coches eléctricos, cuyo Model 3 ahora se vende más que aquellos de marca Mercedes o BMW, que acumulan décadas en el mercado.

Ahora, GM, Ford, VW… todas las marcas migran a la electricidad, un sistema que antes desdeñaron.

Los mortales no enviamos cosas al espacio, pero las grandes empresas y los gobiernos, sí.

Ustedes pagan el viaje, sea con impuestos o con tarifas, pero lo pagan. SpaceX, otra creación de Musk, consiguió construir cohetes reutilizables que pulverizaron esos costos.

El que en estos días esos artefactos puedan hacer varios viajes durante su vida, redujo las tarifas de lanzamiento de satélites más del 90 por ciento. Antes de ese cambio, cada envío resultaba tan absurdo como comprar un camión nuevo para una mudanza y luego tirarlo al deshuesadero. Elon Musk cambió esa industria extraterrestre.

De paso creó Starlink, una compañía que a cambio de 2 mil 299 pesos mensuales, ofrece servicio de Internet prácticamente en donde estén. ¿Hay cielo? Pueden conectarse a cientos de satélites que SpaceX llevó a orbitar alrededor del mundo.

Elon Musk asegura que pierde dinero con esta aventura y quizás en ánimo de cambiar la tendencia, recientemente elevó 10 por ciento su tarifa. En el ínterin inició un servicio gratuito a ucranianos que necesitan avisar de su ubicación a sus familias durante la guerra.

Este individuo ahora se prepara para conquistar Marte, lo que podrían atestiguar quienes sobrevivan al menos hasta la siguiente década.

Pero también viaja en sentido contrario, hacia el interior humano, con Neuralink, “Tecnología innovadora para el cerebro”. Busquen en Youtube el experimento que esta empresa hizo con cerdos hace un par de años.

A algunos de estos animales les fue implantado un dispositivo cerca de alguna de sus arterias. Los sensores del instrumento enviaron señales digitales y auditivas a computadoras que registran patrones para advertir cuando, digamos, el espécimen en cuestión goza al devorar unas croquetas o cuando sufre por dolor.

Esos estudios sirvieron para la generación de prótesis cuyo movimiento responde a la voluntad de pacientes que carecen de alguna extremidad.

Para Musk, el “smartphone” y el “smartwatch” son tecnología del pasado. Eso responde cuando le preguntan sobre la posibilidad de que Tesla venda Pi, un teléfono inteligente.

Ahora conviene unir todos los puntos. Elon Musk no piensa en empresas sino en sistemas continentales.

Se prepara para abaratar el sistema energético del mundo. Tesla vende baterías en un volumen que puede alimentar ciudades y su ambición es respaldar países que elijan la energía solar y eólica. Lo que avizora son barcos y aviones que funcionan con energía suministrada por los mismos fotones que esta mañana les iluminan y que sirven también para aprovechar el agua del mar para una vez quitada la sal, bañar los campos y llenar de plantas lo que sea necesario.

Él habla de que el sentido de urgencia para salvar a la Tierra debe mantenerse, pero asegura que el reto tiene solución.

Es inevitable especular. La energía puede usarse en servidores conectados a satélites que podrían permitir saber qué piensan los humanos, si cada persona decidiera emitir una opinión en tiempo real, digamos, en una plataforma como Twitter. Pero hay varios que hoy ya hacen eso.

¿Qué tal si la gente decidiera deshacerse de su celular? ¿Qué tal si voluntariamente, una persona se fijara en la cabeza una máquina pequeñita, que le permitiera portar el Internet en su cerebro? Todo el conocimiento, todo el entretenimiento, toda la comunicación con quien sea, sin necesidad de andar buscando “el cargador”.

¿Qué tal si muchos lo hicieran y si todos vertieran su opinión pública y espontáneamente, sin el obstáculo de usar los dedos para teclear?

Hoy algunos estiman que con Musk en Twitter, puede regresar Donald Trump a esa plataforma… que pueden haber cientos de “Primaveras Árabes” provocadas deliberadamente o no. Quizás, pero también puede cerrarse el ciclo de la conformación de una sola conciencia universal que alimente la empatía entre los pueblos…

Twitter cerró 2021 con ingresos por 5 mil 077 millones de dólares y una utilidad neta de 317 millones. Apenas 6 por ciento de sus ingresos totales.

Su valor a partir de la oferta de Musk es de 44 mil millones de dólares. Tesla vale 20 veces más y en proporción similar entrega ganancias. O perdió la brújula o el trato que amarró Musk ayer no parece perseguir el dinero. Es por defender la libertad de expresión, sostiene él.

“Elon Musk acquiring Twitter is a big win for free speech”, dijo Lex Fridman, científico del MIT y uno de los mejores entrevistadores de Musk.

En otro tono refirió el acuerdo The Washington Post, del fundador de Amazon, Jeff Bezos:

“Los propios mensajes directos de Musk, o mensajes privados (en Twitter), ocasionalmente se han hecho públicos. El año pasado le envió un mensaje a un adolescente que tenía una cuenta que rastreaba su jet privado. Musk le ofreció 5 mil dólares para cancelar la cuenta. (El adolescente se negó)”, publicó ese medio.

Como Da Vinci, el genio de esta era también encara sus debilidades y su vulnerabilidad.

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