Parteaguas

F1: Lo que sí se vio en la carrera del domingo

Hoy el Brent cotiza arriba de 100 dólares por barril y con ello la gasolina que como en poco años, afila las tarjetas bancarias.

El incómodo cuarto lugar de ‘Checo’ Pérez reveló que tiene máquina y garra. El hecho de que la carrera se haya llevado a cabo muestra que el poder árabe está de vuelta.

Regresen al 10 de marzo de 2020: “Aramco, la compañía integrada de petróleo y gas más grande del mundo anunció hoy un patrocinio global a largo plazo con la Fórmula 1, conectando a la compañía con una audiencia mundial de 500 millones de fanáticos de las carreras”, así lo comunicó la compañía dirigida por Amin Hassan Nasser.

El anuncio de entonces fue previo al súbito encierro de todos al inicio de una pandemia de una dimensión que nadie entendía, cuyo confinamiento vació los estadios, las gradas; la Fórmula 1 se dirigía a un posible fracaso. Aramco sacó la billetera para salvar la competencia justo antes de que el precio del petróleo se desplomara.

Dicen que firmó por unos 500 millones de dólares repartidos en 10 años.

En una evidencia de la anticipación en los negocios por parte de esta empresa árabe, el comunicado sentenció desde el emblemático 2020 que nos volcó hacia los smartphones: “Las plataformas y transmisiones digitales integradas de Fórmula 1 también contarán con Aramco”.

Es marzo ahora, pero de 2022. Instalaciones de la petrolera Aramco en su país de origen estallaron en un incendio provocado por terroristas. ¿Había de cancelar la FIA el Gran Premio de Jeddah? ¿Acaso alguien entiende hoy el daño que eso representaría para esta marca patrocinadora?

Señor piloto, usted se come sus miedos y va a correr. El show debe continuar y francamente, usted no es un científico creando una vacuna, su trabajo es entretener.

Lo ocurrido durante la medianoche de este viernes 25 de marzo, el resultado de ese posible temor genuino mostrado por los pilotos, revela que esto no atiende solamente una carrera de coches. Vean lo que ocurre en la tierra de Sam Houston en estos días:

Sobre Dallas Street está el club y a una cuadra de ahí, en la esquina de Smith y Polk, las oficinas de Aramco Services Company. La referencia es al Petroleum Club of Houston, una organización fundada en 1946 que recibe solo a los mejores: Where Houston’s Finest Meet, reza su eslogan.

Los árabes tienen ahí un salón con el nombre de su empresa, han tomado al toro por los cuernos largos, al punto tal que la competencia texana de Austin no incluye el nombre de ExxonMobil o Chevron. La nombraron Formula 1 Aramco United States Grand Prix 2022. Han ganado el mejor lugar en el mejor barrio.

Si alguien quería contradecir los deseos de Amin Hassan Nasser, debió intentarlo cuando el petróleo estaba a 20. Hoy el Brent cotiza casi 100 dólares más arriba y con ello la gasolina que como en pocos años, afila las tarjetas bancarias de muchos.

Mil millones de dólares invierte desde este año Aramco solamente en modernizar una red de gasolineras en su reino, el Reino de Arabia Saudita, cuyo rey Salmán bin Abdulaziz y su descendencia, poseen 94 por ciento de sus acciones.

Mil millones de dólares es menos del 1 por ciento de lo que tiene Aramco en caja. Su free cash flow cerró 2021 en 107 mil millones de dólares. The Economist destacó la semana pasada que usará 40 mil millones este año para producir más crudo en ánimo de retomar el liderazgo global de producción de petróleo.

¿Cuánto quieren por arrancar en Jeddah? ¿50 millones de dólares anuales? ¡Bah! Debe ser menos que lo que costó el Aramco Room en el club texano mencionado.

“El Petroleum Club of Houston culmina las vastas oportunidades para un crecimiento sólido (personal). Ya sea por intenciones de ascender a través de la creación de redes; para una sólida hospitalidad de negocios; para la vinculación familiar; para el crecimiento profesional de los jóvenes; o para una socialización entretenida, nuestro agradable y acogedor Club le dará energía a su vida”, promete la asociación de Houston.

Ahí, Amin Hassan Nasser puede recibir a su socio de Blackrock, Larry Fink, gigante financiero al que le concedieron el ‘honor’ de poseer 0.03 por ciento de la compañía.

¿Quieren conductores, estropear carreras golpeando a Aramco? Mejor vayan a dar vueltas.

El ataque de Rusia a Ucrania desató el negocio petrolero. El poder árabe está de vuelta.

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