Parece que esta década avanzamos a un ritmo de un año por mes. Cuando no es una pandemia la que explota la creatividad y la paciencia humanas, ahora una sola nación parece reescribir las reglas del juego que involucra a todos.
Tratando de hacer a un lado lo subjetivo y las opiniones, lo que podemos aprender como consecuencia de la actividad rusa durante este febrero no puede menospreciarse.
Uno. Ayer comprendimos que una nación que funciona de manera relativamente normal una noche, sin amenazar ni atacar a otra, puede ahora perder el control de sus fronteras y gobierno al día siguiente. Ucrania brinda un ejemplo.
Rusia no necesitó una compleja economía, tampoco un enorme Producto Interno Bruto. Para colonizar tierras, nada detiene a un político que concentra su fortaleza en la acumulación de armamento y habilidad en propaganda política, en pleno 2022.
Para efectos prácticos, la Organización de las Naciones Unidas, cuya operación es pagada por los contribuyentes de todos los países participantes, este jueves mostró una absoluta irrelevancia.
El presupuesto para su operación en este 2022 es de 3 mil 122 millones de dólares; más el disponible para “operaciones de mantenimiento de la paz”, de 6 mil 380 millones. En total, controla anualmente el equivalente a unos 200 mil millones de pesos que ayer sirvieron de poco.
Dos. Los incentivos de Rusia crecen. El discurso de Vladimir Putin revela su preocupación por perder la atención de Estados Unidos y de otras potencias.
No es para menos. Traten de recordar cuál fue el último producto ruso que compraron o el servicio procedente de esa nación que pagaron. Rusia carece de empresas tecnológicas relevantes y de servicios de vanguardia significativos.
Acaso su vacuna contra el coronavirus, Sputnik, adquirida por gobiernos afines a su ideología, representa algo de su potencial científico.
Pero en el mercado mundial los países con peso específico en las aduanas, los anaqueles o en el comercio electrónico, están en Europa occidental, en Norteamérica o en el sur de Asia. Rusia parece relegada a categoría de nación emergente.
Tres. El gas natural es cada vez más relevante y la influencia de Rusia como proveedor del mismo disminuye. Eso parece obligar también al gobierno ruso a adquirir autoridad por otras vías.
“Estados Unidos se convirtió en la mayor fuente de gas natural licuado (GNL) de Europa en 2021, representando 26 por ciento de todo el GNL importado por los países miembros de la Unión Europea y el Reino Unido, seguido de Qatar con 24 por ciento y Rusia con 20 por ciento”, reportó la Agencia de Información Energética (EIA) de Estados Unidos esta semana (https://bit.ly/3sg7C5H).
Eso ocurrió en lo concerniente al gas enviado por barcos desde costas estadounidenses, cuyo volumen seguirá creciendo, luego de inversiones en infraestructura energética por unos 100 mil millones de dólares solamente en su lado del Golfo de México, aplicadas desde el final de la década pasada.
Pero incluso el volumen de gas que Rusia envía por ductos, también cae, de acuerdo con el mismo reporte.
“La recepción de oleoductos de Rusia en los tres principales puntos de entrada (Kondratki en Polonia; Greifswald en Alemania y Velke Kapusany en Eslovaquia, que combinados representan 14 mil 300 millones de pies cúbicos diarios de capacidad de importación por ducto de Rusia) promediaron 10 mil 700 millones de pies cúbicos diarios en 2021, en comparación con 11 mil 800 millones en 2020 y 14 mil 100 millones en 2019, según datos de Refinitiv Eikon”.
La invasión rusa a Ucrania apenas comenzó y al paso de las siguientes semanas los hechos brindarán más aprendizaje para el nuevo funcionamiento de las relaciones políticas, comerciales y sociales. Lamentablemente, esos nuevos conocimientos llegan a un alto costo aún por determinar, que ayer comenzó con la pérdida de decenas de vidas.