Tengo una pantalla TCL. Es una marca tan conocida hoy, como Samsung durante el siglo pasado.
En esa pantalla de origen chino comprada en Walmart, incluyen el software de Android, por lo que admite Netflix y Disney, pero de fábrica viene también con un canal propio que compite con Apple TV y otro de películas indias de Bollywood. TCL también ofrece smartphones en tiendas Telcel. Asia ya se metió a la sala y al pantalón de muchos… y eso que todavía no se inaugura el Canakkale.
Es un puente de 4.6 kilómetros de longitud, que representa más o menos la distancia que divide la Fuente de Petróleos Mexicanos del Ángel de la Independencia, en Paseo de la Reforma.
Pero el Puente Canakkale 1915, que es su nombre completo, se ubica en Turquía y conecta por carretera a esa nación con Grecia. A Europa con Asia, vía ‘rápida’.
Es la culminación de un plan, el proyecto de la Ruta de la Seda encabezado, financiado y pagado por China está a punto de completar un viaje de ensueño: partir de Beijing y terminar en Madrid o Lisboa, pero ahora al estilo chino: cruzando un puente colgante memorable en lugar de hacerlo por la vía de un viejo y lento ferry navegante.
Hace apenas seis meses, la noticia era otra: “Primer tren de exportación a China pasa por Ankara”, titularon medios turcos. Recorrió la ferrovía paralela que también forma parte de la Ruta de la Seda.
El nuevo tren de 754 metros de longitud y 42 contenedores transportó mil 400 refrigeradores producidos en Turquía que llegaron a China en 12 días, en lugar de los 30 que requería el traslado anteriormente.
Los frigoríficos hechos con mano de obra barata como la que ofrece Ankara o Ciudad Juárez en México, atiende a los ahora ricos asiáticos que podrían usarlos para guardar la despensa pagada por carísimo software producido en Shenzhen. El proyecto chino cobra forma.
Otra parte del plan brilló también esta semana. Argentina recibió el compromiso de inversiones por el equivalente a 23 mil 700 millones de dólares. Es una cifra similar a lo que los mexicanos terminarán gastando en una nueva refinería en Tabasco y en un Tren Maya, al final del sexenio presidencial de Andrés Manuel López Obrador.
El presidente argentino Alberto Fernández celebró la nueva deuda que muy probablemente terminará pagando con comida y materias primas que su gente producirá para una próspera y tecnológica nación encabezada por Xi Jinping.
Todo lo anterior ocurrió en la mente del presidente chino hace casi 10 años.
En mayo de 2013, el mandatario asiático concedió entrevistas a medios de México, Costa Rica y Trinidad y Tobago, a quienes ofreció el siguiente mensaje:
“El cumplimiento del sueño chino beneficiará no solo al pueblo chino, sino también a los demás pueblos del mundo”, expuso Xi Jinping para luego asegurar que las vicisitudes de su nación fueron solo un obstáculo temporal para conseguir sus objetivos.
Aseguró en esos días que China duplicaría su PIB y lo consiguió. Más que eso. Pasó de 6 billones de dólares a casi 15 billones en cuestión de una década. Comparen con eso el dato para México, que después de la caída que enfrentó el año pasado, terminó prácticamente en donde comenzó en 2010.
Xi Jinping promete por escrito entregar un país moderno, próspero, poderoso, democrático, civilizado y armonioso. Al resto de los países ofrece paz y beneficio mutuo.
“No solo nos dedicaremos a desarrollar China, sino que también continuaremos subrayando nuestras responsabilidades con el mundo… El cumplimiento del sueño chino traerá al mundo paz, no conflictos; oportunidades, no amenazas”, advirtió en su oportunidad ante periodistas en una nota que probablemente acabó en alguna página de interiores de un diario, pese a la profecía.
“América Latina y China están separadas por océanos, pero unidas de corazón”, remató el líder chino. Ahora cumple y avanza, mientras Estados Unidos se pelea contra sí mismo y un individuo mexicano distrae con palabras sin relevancia en contra de la nación que representa la mitad de su cultura, de su gente. Ahí viene China, muy fuerte.