Sus alcances son bestiales. Sirva el caso de Daniel Alegre para abrir boca.
Es presidente de una empresa que este mes recibió una oferta de Microsoft por 69 mil millones de dólares. Para facilitar la comprensión, puede decirse que ese dinero equivale a unas siete nuevas refinerías.
Alegre preside Activision, la compañía propietaria del negocio de juegos como Candy Crush y Call of Duty (COD).
La compañía cobra este año unos 24 millones de dólares por día. Sus ingresos de 2021 muy probablemente rebasaron los 9 mil millones de dólares, una cifra de ventas que anualmente crece aproximadamente 20 por ciento.
Es el mismo Alegre el que explica la razón del éxito en torno a un negocio que trata esencialmente de videojuegos; quienes entienden el efervescente mundo de estos días, podrían relacionarlo con el metaverso en gestación.
“Por usuarios activos mensuales y por tiempo dedicado a nuestro contenido estamos en consonancia con el nivel del año anterior”, expresó en noviembre el mexicano a analistas e inversionistas que atendieron la conferencia de resultados del tercer trimestre de la empresa.
“Incluso a medida que las regiones continúan reabriendo, nuestras reservas netas e ingresos operativos crecieron año tras año. Este desempeño ilustra nuevamente la expansión estructural en nuestras franquicias más grandes”, añadió, lo que indica que hay más gente que gusta de esa realidad alterna.
Sus clientes continuaron conectados a videojuegos incluso después del final del confinamiento por la pandemia en la mayoría de los países.
Alegre avanza a una velocidad considerable. Conectó con la tecnología desde el siglo pasado cuando se hizo cargo del desarrollo de negocios en internet para la empresa de producción de contenido Bertelsmann. Pasó tres años en la productora musical BMG, pero la alemana Bertelsmann lo jaló de regreso para encargarse, entre otras cosas, de fusiones y adquisiciones.
En 2004 lo fichó Google -ahora Alphabet- para hacerse cargo del negocio de Latinoamérica en calidad de vicepresidente, y Alegre presume de haber abierto todas las oficinas de esa empresa en la región, como la que ahora opera en la calle de Montes Urales, en la Ciudad de México.
Salió de ahí en 2020 como presidente global de las áreas de Comercio Minorista y Pagos para integrarse el 7 de abril justamente a Activision como presidente y director de operaciones, a cambio de un salario anual de un millón 350 mil dólares, revelan reportes de la compañía.
Esta empresa habrá agradecido la experiencia en fusiones que lleva consigo este egresado de Harvard Business School, cuando se acercó Microsoft recientemente.
Buena parte de la clave de su trayectoria está justamente en sus escuelas. El currículum público de Alegre incluye solamente educación en el extranjero. La visión global es una herramienta difícil de encontrar en profesores mexicanos.
“Con la venta de @Activision, ya son tres los Mexicanos que a mí se me ocurre que la han hecho en grande recientemente en los negocios fuera de México: Daniel Alegre, President de Activision; Daniel Lubetzky, Chaiman de Kind; y Pablo Legorreta, CEO de Royalty Pharma. ¡Felicidades!”, escribió en Twitter otro connacional, Álvaro Rodríguez Arregui, fundador de Ignia, firma de capital privado. A partir de este año, Rodríguez también será catedrático en la Unidad de Gestión Empresarial de Harvard Business School.
El referido Lubetzky, doctor en economía por Stanford, fundó Kind en 2004 con la misión de mejorar la sociedad, empezando por sus botanas.
Pablo Legorreta, un ingeniero industrial por la Iberoamericana, encabeza Royalty Pharma, basada en Nueva York. Es el mayor comprador de regalías biofarmacéuticas del mundo y la explicación sobre su compañía requiere más espacio que el que limita a esta columna. Prometo regresar a ésta y a la vendedora de botanas de altos vuelos... como el de los mexicanos incluidos en esta pequeña lista. Disruptivos, todos ellos.