Parteaguas

Lo que callará la tribuna en el juego de Dallas vs. 49ers...

Hoy, los verdaderos vaqueros texanos dueños de ranchos venden unos 25 mil millones de dólares al año por la vía de animales o de productos agrícolas.

Desde 1995 no había ocurrido un encuentro así. Los Vaqueros y San Francisco, junto con sus fanáticos, se enfrentarán en postemporada la tarde del domingo.

Pero esta es una columna de negocios y hay que decir lo que atañe a la batalla que afuera del emparrillado sostiene la gente que vive en Texas y California que verá enfrentarse a sus emblemáticos equipos.

La conexión del nombre de ambos con la economía resulta ineludible y sirve de base para explicar cómo evolucionan esas dos regiones.

Los Vaqueros de Dallas apelan a la actividad que tuvo esa región cuando fue fundada. Hoy, los verdaderos vaqueros texanos dueños de ranchos venden unos 25 mil millones de dólares al año por la vía de animales o de productos agrícolas.

Es mucho dinero, pero ese negocio representa apenas poco más de 1 por ciento de la economía texana, dedicada actualmente a producir coches, biotecnología, medicina, energía, y claro, también a ‘bajarle’ negocios a California.

Dallas se concentra, por ejemplo, en convertirse en centro de producción de vehículos autónomos de Ford y a la revolucionada Austin ya llegó la primera gigafactory de Tesla, para armar el popular Model Y.

En el estado crecen los negocios de tecnología de información gracias a proyectos como los centros de datos de Facebook.

En Fort Worth, a un lado de Dallas, la compañía de Mark Zuckerberg invirtió unos mil 700 millones de dólares en inmuebles que aumentarán la capacidad de las instalaciones de ‘almacenamiento en frío’ de la compañía para publicaciones, fotos y videos a los que los usuarios rara vez acceden.

Cuando esté en línea en 2022, la infraestructura en cuestión será una de las cuatro únicas instalaciones de este tipo que la compañía opera en todo el mundo.

También se elevan los negocios aeroespaciales, acelerados a partir de la llegada de Space X, de Elon Musk, la primera compañía capaz de llevar cosas al espacio usando cohetes en calidad de camiones de mudanzas que van y vuelven.

Todo aporta a negocios que suman al año casi 2 billones de dólares, tamaño de la economía Texana que creció en 2021 a un ritmo de 3.5 por ciento.

Pero del otro lado hay un gigante llamado California que ‘cobra’ anualmente 3 billones de dólares, digamos, el triple de toda la economía mexicana.

Hace casi 80 años, Tony Morabito fundó un equipo de futbol americano cuyo nombre aludiría a pioneros que poblaron la región en la búsqueda de oro a partir del año 1849. Los llamaron los 49ers por esa razón, pero hoy la minería es irrelevante para lo que produce California.

La última vez que ellos se enfrentaron contra los Vaqueros, Larry Page y Sergey Brin preparaban un proyecto universitario que después se llamaría Google y que fijaría su sede en Mountain View, a una hora de San Francisco.

Silicon Valley estructuraba la era de las ‘punto com’ que derivaría en la explosión de una burbuja; un Elon Musk veinteañero se constituía en el ‘capo’ que crearía PayPal y sus socios terminarían inventando cosas como YouTube.

Todo eso derivó en una era de generación de riqueza para los californianos que de paso cambió al mundo, pero paralelamente en un modelo político que ahora parece distanciarse de los negocios con crecientes controles gubernamentales, contribuyendo a que California crezca a una menor velocidad, pasando la ‘estafeta’ de la innovación a los texanos.

Ambas regiones representan dos corrientes de pensamiento unidas en lo concerniente al capitalismo, pero distantes en casi todo lo demás.

La categoría más grande de gasto estatal y local en Texas es la educación, mientras que en California es lo concerniente a servicios sociales similares al gasto en Medicaid, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Stanford.

Parecería que la prosperidad sonríe hoy más a los vecinos de Reynosa que a los de Tijuana, pero toda esa situación quedará al margen durante tres horas, el domingo a las 3:30 de la tarde, durante un partido de la NFL.

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