Parteaguas

La próxima guerra del gel antibacterial

‘La pandemia ha demostrado lo rápido que podemos inventar una solución con la colaboración global y los incentivos financieros adecuados’.

El gel antibacterial existió desde antes de que les atacaran los virus. ¿Por qué?

Unos 130 millones de personas habitan el territorio nacional, pero en una sola cucharada de su tierra existe un número aún mayor de bacterias.

La gente, cualquier persona, porta más de estos organismos que células humanas en su cuerpo. Aunque se bañen y se froten gel.

Así pueden entender la importancia de mantener una buena relación con estos seres vivos de un tamaño menor al de un grano de polvo. Desgraciadamente, nos llevamos cada vez más mal con éstas y eso emerge como un problema más grave que la pandemia actual.

La buena noticia es que hay gente al tanto y en ánimo de resolver el asunto, la mala es que son tan pocos como quienes advertían de la proximidad de un virus que podría enfermar al mundo. Casi nadie les hizo caso hasta que urgió una vacuna contra el COVID-19.

“Pese a años de advertencias de epidemiólogos, la emergencia del COVID-19 tomó al mundo con la guardia abajo”, expuso en un documento este mes el MSCI ESG Research, de la consultora global que lleva el mismo nombre.

“Incluso mientras continuamos peleando en esta pandemia, la siguiente crisis global de salud ya se asoma: para 2050, 10 millones de personas cada año podrían morir como consecuencia de infecciones bacteriológicas previamente tratables”, detalla el texto titulado 2022 ESG Trends to Watch.

¿Cuántos muertos acumula la actual pandemia en 2 años? La cuenta va en 5.3 millones. Ahora pueden dimensionar.

El lío bacteriológico ya está creciendo, no hay que esperar al medio siglo.

¿Cómo hacen ustedes ahora para comprar antibióticos? La exigencia de una receta médica para adquirirlos se dio justamente a partir de que la gente los compraba como si fueran vitaminas. Con tanto uso innecesario, las bacterias se ‘entrenan’ y se fortalecen, lo que inutiliza poco a poco los medicamentos disponibles. Por ello las autoridades debieron limitar el acceso a los antibióticos solo para quienes en efecto los requieren.

Todo lo anterior es tarea para científicos, pero sus acciones conllevan oportunidades para las empresas.

Los laboratorios farmacéuticos que se adelanten en obtener antibióticos de nueva generación podrán ampliar su participación en el mercado.

“La pandemia ha demostrado lo rápido que podemos inventar una solución con la colaboración global y los incentivos financieros adecuados”, advierte el documento de MSCI.

El de las vacunas fue un mercado atrasado con retornos de inversión generalmente poco atractivos en comparación con los medicamentos más rentables. Pero la revolucionaria tecnología de vacunas de ARN se desarrolló en parte en pequeñas empresas privadas.

¿Quién conocía antes Moderna, una de las principales fabricantes de vacunas contra COVID-19?

De acuerdo con datos recopilados por Bloomberg, esta empresa encabezada por Stephane Bancel facturaba 60 millones de dólares en 2019, año en el que reportó pérdidas por 513 millones de dólares.

Su información de los últimos 12 meses apunta a ingresos anuales superiores a 11 mil millones de dólares que entregarán a sus accionistas una utilidad neta de 7 mil millones.

De valer 6 mil 500 millones hace dos años, hoy quien pretenda comprarla, tendría que desembolsar 115 mil millones de dólares, de acuerdo con su capitalización de mercado actual.

La chispa de la oportunidad que representa este riesgo puede explotar en cualquier lado. Incluso científicos mexicanos como Andrey Zarur, egresado de la UNAM que emigró a Boston y fundó Greenlight Biosciences, una empresa de la que he escrito antes.

Él puede dar la sorpresa y traer una solución. No hay muchos como él, desafortunadamente.

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