Parteaguas

¿Se pusieron muy caros los restaurantes?

La inflación general creció 8.61 por ciento en esta pandemia, así que, ¿cómo hacen los restauranteros para elevar sus precios solo 7.97 por ciento en promedio ante el embate?

La gente dijo que sí, ayer en un muy rupestre sondeo en mi cuenta de Twitter. Un chat de sibaritas en WhatsApp, en el que inexplicablemente me incluyeron, coincidió con el diagnóstico. Subieron los precios.

Las cifras oficiales que son las del Inegi, validan el registro de incremento. Quienes se guardaron a partir de abril de 2020 y ahora piden comida al centro en las mesas de la terraza, ya pagan una suerte de ‘propina incluida’ en el ticket, respecto a lo que desembolsaban antes de que les cayera encima un virus. Ojo, eso no les llega a los meseros, así que no vayan a cerrar la cuenta.

Hubo casi un 10 por ciento de incremento en precios de restaurantes, bares y fondas durante los últimos dos años. Un golpe que huele a arroz con huevo.

En afán de precisión, van los datos. De marzo de 2020 al final de octubre de 2021 –tiempo que acumula este país en pandemia– vino una subida de 7.97 por ciento en restaurantes, como en los que les asignan mesa. En cantinas como el León de Oro y cafeterías como el Starbucks, el aumento fue de 7.5 por ciento. A una cuenta de mil, le pusieron un copete de 75 pesos, vaya.

Esos son los datos oficiales e incluyen desde una taquería en Macuspana, hasta el Pujol de Polanco. Comprenderán que este promedio esconde detalles que ustedes ya notaron.

Eso es el aumento nominal, pero el real hasta el momento luce irrelevante.

La inflación general creció 8.61 por ciento en esta pandemia contada desde el momento en que cerraron los negocios al inicio de la primavera 2020, así que en defensa del gerente, hay que decir que los restaurantes hasta ahora, aguantaron el golpe.

Al igual que a ustedes que pagan despensa, a ellos les subieron el precio de casi todo: gas para la cocina, la electricidad, las tortillas, carne… vaya, hasta Alberto Torrado, presidente de Alsea, se quejó desde julio:

“El pollo ha estado subiendo como loco. Obviamente, estamos buscando la manera de intentar detener algunos aumentos de precios. Pero sí creo que para el tercer trimestre tendremos que tomar algunos precios en algunas de las marcas que se ven más afectadas”, dijo el empresario a inversionistas a mitad del verano.

De marzo de 2020 a la fecha, el precio de cada kilo de pollo subió 19.5 por ciento. Eso es importante para quien vende una orden de boneless buffalo wings, a cambio de 170 pesos en el Chili’s, de Alsea.

El pan, 11.4 por ciento; las tortillas 17.9 por ciento y 16.5 por ciento la carne de res útil en las Whopper de Burger King, que venden también los Torrado. El gas LP, que le pega a todos, elevó su precio 43 por ciento desde que este país enfrentó el confinamiento, hasta que el semáforo verde fue encendido en buena parte de sus ciudades.

Pesa una pregunta en este momento. ¿Cómo hacen los restauranteros para elevar sus precios solo 7.97 por ciento en promedio ante el embate?

Lo previsible es que venga un golpe grande en la cuenta que le piden al mesero, o una baja en los gramos de cada taco.

Alsea, empresa hábil como pocas para cocinar estrategias restauranteras, está a punto de regresar al nivel de ingresos y utilidades que tuvo antes de la pandemia. Fueron 13 mil 958 millones de pesos los que cobró en el tercer trimestre del año esta compañía mexicana que como ustedes saben, opera en América y en Europa.

Pero durante la pandemia la gente convirtió el mundo en otro. El gas LP sirve ahora para hacer telas como la de los cubrebocas y las batas médicas, en nuevas plantas petroquímicas asiáticas que demandan ese insumo tanto como ustedes para preparar sus huevos con jamón.

El mundo nada en dólares repartidos por una Reserva Federal urgida de levantar a Estados Unidos, así fuera con dinero prestado, y la abundancia de estos, unida a la creciente demanda de cosas que los vecinos al norte y ustedes piden por Amazon o Mercadolibre, saturó puertos que ahora cobran más por sus servicios. Estadounidenses, chinos y árabes piden más carne, más maíz. Esto no parará pronto. Prepárense para no pedir postre.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

Jonathan Ruiz  Opine usted: jruiz@ elfinanciero.com.mx

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