La economía nacional no respira sin la de Estados Unidos, por eso es curioso que hiciera tan poco ruido en México el asunto este fin de semana, pese a todo lo que está por ocurrir.
El presidente Joe Biden ya tiene en sus manos un documento que permitiría a su gobierno invertir 550 mil millones de dólares adicionales en puentes, cables, tuberías, aeropuertos y cientos de proyectos que mejorarán la imagen y operación del país vecino. El proyecto fue aprobado por su Congreso.
Como rápida referencia, ese dinero equivale a multiplicar por 55 lo que el gobierno de México invierte en la nueva refinería de Tabasco.
Los 550 mil millones de dólares en nuevas inversiones se sumarán a otras ya previstas y el monto total de lo aplicado sumará 1.2 billones de dólares (1.2 trillion, en inglés); eso es más de 20 veces el valor actual de América Móvil, la poderosa empresa mexicana propietaria de Telcel.
Aunque parezca un logro enteramente de Biden, en realidad el paso del proyecto confirma en buena medida la relevancia que crecientemente adquieren las empresas de ese país, unidas en la US Chamber of Commerce, la cámara de comercio más poderosa del mundo.
“Ayudará a conectar a 14 millones de estadounidenses a la banda ancha, proporcionará agua potable a 10 millones de familias, mejorará nuestra red de energía y creará millones de empleos”, publicó el viernes Suzanne Clark, presidenta del organismo, en un texto.
“Es la mayor inversión en puentes desde la construcción del Sistema de Carreteras Interestatales y la más grande inversión realizada para abordar el cambio climático en la historia de los Estados Unidos”.
Es hora de ver cuánto de esa friolera puede caer en México.
Buena parte de ese dinero llegará, otra vez, por la vía de las remesas. Paisanos que trabajen en la construcción o en el desarrollo general de los proyectos seguramente enviarán recursos a sus familias de este lado de la frontera.
¿Cuántos se sumarán a ellos? Ahora mismo falta gente para puestos muy comunes. En Texas abundan letreros “Now Hiring”, afuera de locales cuyos desesperados dueños no encuentran gente para atender a sus clientes.
Consideren el ejemplo de Ross Dress For Less, una popular cadena fronteriza de tiendas de saldos de ropa y zapatos que hasta ayer tenía este mensaje en su sitio de internet:
“¡Tu Ross Dress for Less está contratando! ¿Horario flexible, trabajo en equipo y generosos descuentos? ¡Sí! ¡Además, los (empleados) pueden ganar hasta 250 dólares por nuestro reconocimiento de vacaciones y bonificación de retenciones!”.
En labores de construcción hace falta mucha gente, de acuerdo con The Washington Post, las empresas del sector preparan una campaña para atraer específicamente a mujeres a estas actividades.
Y es en este ramo en el que también entrarán empresas instaladas en México.
Acero, cobre, aluminio, químicos, cables, vidrio, cemento y concreto serán necesarios de forma extraordinaria para las tareas de reconstrucción.
Hay oportunidades para Grupo México, Vitro, Millet, Ternium, Orbia, Cementos Chihuahua, Carso, Cemex… en una dimensión que está por definirse.
Los más adelantados serán aquellos cuyos productos sean congruentes con nuevos criterios en materia ambiental, de protección a la sociedad y de gobierno corporativo de sus empresas (Environment, Social and Governance, ESG, como suelen resumirlo ahora el sector financiero que fondeará o complementará los proyectos con capital).
La cementera regiomontana encabezada por Fernando González acumula ya un buen número de proyectos que tienden a reducir el peso de su ‘talón de Aquiles’: las emisiones de sus hornos y el costo de la energía para hacerlos funcionar. Pronto abordaré aquí un detalle de los proyectos de sus ventures.
Lo que prendió ya, es el más grande plan de infraestructura estadounidense del que se tiene registro que hoy enfrenta principalmente el reto de contar con el número de trabajadores que puedan ponerlo en marcha. Es anticipable un próximo proyecto migratorio. Atentos todos.
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