Parteaguas

Mérida: ¿Viene una ciudad inteligente?

El gobernador Mauricio Vila presumió el proyecto Yucatán Seguro como la bandera para convertir la capital del estado justamente en una ‘smart city’.

Dan Vogl procede de Suecia y vive en la Ciudad de México, vende cámaras de seguridad de la compañía Axis, se encarga de desarrollar el negocio en Latinoamérica.

Ayer, durante una conferencia, explicó que esas cámaras distinguen a una persona de un objeto, o a un coche de una camioneta, reconocen colores y números de placa, automáticamente.

Si hay suficientes, la inteligencia artificial de estas cámaras puede seguir a una determinada pick up blanca que se movió justo cuando su software detectó el ruido de un disparo.

Mientras, manda una señal de alerta al centro de control para avisar a patrullas cercanas; la primera cámara conecta a otras cámaras en la red y determina en dónde es posible poner automáticamente semáforos en rojo para detener el tráfico y evitar un escape, después de la posible comisión de un delito.

De este modo, los oficiales pueden llegar a tiempo a revisar quién conduce la camioneta, detener a esa persona e indagar sobre lo ocurrido. Cuando se preguntan por qué Mérida es segura, es muy posible que un sistema así tenga que ver con el mérito.

Esta semana, Fira Barcelona celebra el Smart City Expo Latam Congress en esta ciudad mexicana.

En corto, el gobernador de Yucatán, Mauricio Vila, presumió el proyecto Yucatán Seguro como la bandera para convertir la capital del estado justamente en una “Smart City”. El programa incluye un aumento en el número de cámaras, pero también de semáforos en un sistema conectado por inteligencia artificial que da prioridad a los peatones y ciclistas y tiene la meta de mejorar su calidad de vida. Lo que viene puede ser más interesante.

Muchos conocen de esta región su comida o su calor, pero pocos hablan de sus inmensas reservas subterráneas de agua dulce, un bien cada vez más escaso en el mundo. ¿Recuerdan los cenotes? Son solo la parte visible de muy profundos ríos subterráneos que filtran y llevan las lluvias de Centroamérica hacia el Caribe y el Golfo.

Es tan sensible el tema, que el gobierno del Reino Unido se involucró directamente en la elaboración de la Ley de Cambio Climático para el Estado de Yucatán, cuya iniciativa quedó lista, asegura Vila, y pronto será llevada al Congreso estatal para su votación.

Es una legislación que podría crear una nueva economía de premios a quienes procuren el cuidado del entorno y castigos para quienes lo enturbien.

México fue seleccionado entre otros países por su alto potencial de reducción de emisiones.

En la mira podrían estar las empresas. Por eso, los yucatecos procuran la llegada de inversiones de compañías que impongan nuevos estándares de cuidado al medioambiente y de paso, mejores salarios para una sociedad que ha sufrido durante décadas por la baja calidad de la oferta laboral.

Es el astillero de la italiana Fincantieri la más visible meta para el gobierno del Estado. La compañía italiana construye grandes embarcaciones para distintos propósitos, pero también podrá dar mantenimiento a cruceros y plataformas marinas, bajo criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ASG o ESG, en inglés).

La compañía a cargo de Giampiero Massolo prometió una inversión en lo que puede convertirse en el astillero más grande de América, a cambio de la ampliación de puerto Progreso, en donde requiere 40 hectáreas para trabajar.

La API a cargo de la Secretaría de Marina pronto seleccionará a la empresa encargada de hacer ese trabajo.

La llegada de esa empresa, a juicio del gobernador yucateco, puede compararse con la llegada de Bombardier a Querétaro, que generó la creación de puestos de trabajo de mayor valor agregado. Los potenciales trabajos de Fincantieri pueden ser cubiertos con gente graduada de un sistema de 10 escuelas tecnológicas con capacidad de preparar en menos de dos años equipos ‘a la medida’, cuyo talento atraiga más empresas del sector, en ánimo de crear un clúster naval que abone justamente al apuntalamiento de una ‘ciudad inteligente’. De esos asuntos se habla estos días de Smart City.

También, de los terrenos baratos que compra mucha gente justamente en Mérida gracias a “campañas en Facebook”. Muchos no llegarán a tener calle de acceso. Advertencia.

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