Varios se le fueron encima ayer al presidente. ¿Acaso quienes estudian el mercado energético desde hace años están contentos con el precio del gas LP?
Es difícil que alguien felicite a quienes venden hoy este producto a un precio 45 por ciento más alto que en 2017, según el Inegi. ¿Por qué ese año? Porque fue cuando se abrió a la competencia.
Desde entonces, todas las gaseras que reparten este petrolífero en cilindros o en pipa operan en un mercado desregulado.
En un mundo ideal, deberían estar compitiendo por dar mejores precios a sus clientes. En México, por la razón que ustedes expongan, las cosas no parecen funcionar así.
El presidente ayer se subió al tema que empieza a tener costos políticos.
La tradición marca que los precios de la energía caen de un modo u otro en el escritorio del mandatario y este miércoles, Andrés Manuel López Obrador dijo que, para solucionar las alzas, ustedes, gentiles y generosos contribuyentes fiscales, comprarán unos camiones para empezar a repartir el gas a precios “justos”.
No está clara aún esa tarifa providencial, pero debe reconocerse el interés oficial en poner punto final a esta fiesta en la que solo goza el que vende los tragos. Porque sí hay cosas que merecen revisarse.
Dependiendo del lugar del país que habiten, dice la Comisión Reguladora de Energía que ustedes pagan el gas en alrededor de 15 pesos por litro (como referencia, un kilo de gas LP son poco menos de dos litros). Hace cuatro años, desembolsaban más o menos 10 pesos por litro, de acuerdo con el Inegi.
Es difícil que alguien celebre la apertura con semejante brinco, pero dejemos eso a un lado por el momento.
En ese mismo lapso, Pemex aumentó 25 por ciento el precio al mayoreo de este insumo hasta el nivel de 12.74 pesos que lo vende hoy. No hay manera de venderlo por debajo de ese precio, so pena de darle otro pellizco a la golpeada compañía nacional.
En cualquier caso, el alza del precio de Pemex equivaldría a un incremento para el consumidor de 2.50 pesos, no de 5 pesos, como ocurrió.
Los distribuidores podrían argumentar entonces que Pemex cada vez tiene menos gas LP y por eso deben importarlo. Veamos.
Es cierto, efectivamente, que en esa empresa no parece haber manera de elevar la fabricación de nada. Hoy la petrolera nacional produce 37 por ciento menos gas LP que el que entregaba en 2017.
Solo durante la administración de AMLO, el volumen de producción bajó 26 por ciento, pese a los millones supuestamente invertidos en procesamiento y refinación de hidrocarburos.
¿Entonces, los distribuidores lo trajeron de afuera? Al parecer sí, pues las exportaciones registradas por el gobierno de Estados Unidos aumentaron 20 por ciento desde 2017 a la fecha.
Pero los precios no se dispararon. La Energy Information Administration de ese país detalla que hace cuatro años rondaban 2.41 dólares por galón o 11.77 pesos por litro al tipo de cambio de entonces, que aumentó a 2.49 dólares por galón o 13.14 pesos este año.
Ese aumento podría sustentar en parte la versión de los distribuidores nacionales. Aun así, sobran unos pesos cuyo destino podría caer en el gasto de traerlo, pero no está claro.
La Cofece, encargada de revisar que sí haya competencia para un mejor trato a quienes pagan la factura, no da una en este asunto.
No es que no lo haya intentado, pero ayer su comunicado terminó apuntando a instancias fuera de su control, que entorpecen sus funciones.
En resumen: Pemex produce cada vez menos gas LP (como ocurre también con el gas natural). México depende crecientemente de importaciones del producto. Los precios afuera, unidos al tipo de cambio, aumentan la tarifa y bajo esa lógica, los distribuidores parecen ‘copetear’ esos aumentos en detrimento de los consumidores.
Ante eso la Cofece se queja, y el presidente quiere aumentar la barriga de una empresa que ha probado ineficiencias en todo para resolver un problema, como si hubiera resuelto otros.
No está fácil lo del gas, pero si hay que escoger una solución, definitivamente estaría en apoyar al árbitro, con todos los dientes que puedan brindarle, para que cualquier abusivo se contenga o salga del camino, pero ya, sin gastar otra vez inútilmente el dinero de quienes pagan impuestos.
El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.
Esta columna regresa de vacaciones el próximo 19 de julio.
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