Parteaguas

¿Por qué de repente tantos ‘unicornios’ mexicanos?

Los inversionistas usan esa palabra para definir a las compañías que rebasan un valor de mercado de mil millones de dólares.

Sabe llamar la atención y por eso la agenda se centra en él. El presidente Andrés Manuel López Obrador no da respiro y eso puede dar la sensación de que solo avanza lo que él quiere que avance.

Paralelamente, quienes saben ver por encima del bosque están notando oportunidades que empiezan a hacerse visibles este año en México con ese nuevo uso que los inversionistas dan a la palabra ‘unicornio’.

La usan para definir a las compañías que rebasan un valor de mercado de mil millones de dólares o lo que los estadounidenses llaman ‘one billion’.

Esa palabra mueve ambiciones, pero su búsqueda no necesariamente implica éxito.

La que abrió brecha fue la mexicana Kavak, dedicada a la venta de coches usados en línea, cuyo valor que ya alcanza los 4 mil millones de dólares radica en la seguridad en la transacción, la garantía que brinda a sus clientes en esos coches y el crédito que puede ofrecerles para pagarlos.

Solo esa empresa que ya cambió la dinámica de Lerma en el Estado de México con su enorme taller de reparación o reacondicionamiento, prepara inversiones que suman el equivalente a 400 millones de dólares, de acuerdo con una nota publicada ayer en El Financiero por Axel Sánchez. Van a más ciudades mexicanas, mientras avanzan también en Brasil.

Luego fue lo de la vendedora de criptomonedas, Bitso; también, la comercializadora de valores GBM y recientemente Clip, que hizo posible para los changarros cobrar con tarjeta de crédito usando un smartphone y una cosita naranja. A decir de los montos de capital invertidos en éstas, todas valen ya más de mil millones de dólares y en todos los casos los ascensos ocurrieron en menos de 12 meses, pese a que el país no termina de sacudirse el Covid-19.

Esto es serio. Como referencia anoten que Soriana, Chedraui o La Comer, después de décadas de presencia en el mercado, tienen un valor cercano a mil 500 millones de dólares cada una.

¿Qué está pasando? La pandemia convenció a todos de que la economía digital reinará, pero el convencimiento no funciona sin dos ingredientes fundamentales: ideas y dinero.

Las ideas pueden venir de cualquiera con la suficiente información, capacidades y decisión, incluso de la copia de modelos que ya fueron creados en el extranjero. El capital sólo puede venir de los ricos... y pregunten a sus amigos ricos, no necesariamente mexicanos. ¿Cuánto de su portafolio está en venture capital o capital de riesgo?

Las empresas en gestación –startups– reciben de esos fondos dinero para crecer por dos razones: por la posibilidad de que se vuelvan rentables (de acuerdo con fuentes de la empresa, Kavak todavía no lo es, por ejemplo) o la oportunidad de vender la compañía posteriormente a un buen precio, aunque todavía no alcance break even o incluso nunca llegue a ese punto.

Quienes meten dinero a una inversión de este tipo suele apostar a varias compañías. Saben que pueden perderlo todo con la mayoría, pero esperan que una o más ayuden a recuperar lo perdido en las otras y posiblemente multiplicar su inversión si alguna alcanza justamente el valor de ‘unicornio’.

Ayer, Endeavor, la principal aceleradora de empresas con presencia en México, divulgó que Kubo Financiero, dedicada a hacer préstamos personales, obtuvo 27.5 millones de dólares que servirán para su crecimiento. El dinero lo pusieron principalmente BID Invest, Blue like an Orange, Mexico Ventures, Bamboo Finance, Alta Ventures y KuE Capital.

Pero en su informe más reciente, la consultora Rión avisó que Merama, dedicada al comercio electrónico, recibió 60 millones; Muncher, que apunta a la tecnología de alimentos, obtuvo 22 millones; Battery Resources otros 20 millones y así podemos seguir con transacciones que involucraron a emprendedores o fondos mexicanos… solo durante mayo.

¿Por qué sigue llegando dinero, pese a que la economía no crece como todos quieren? Porque la economía mexicana es enorme. Aunque no repunte, es un billón de dólares que hoy está en control de empresas muy tradicionales. La apuesta está en todas las empresas que sustituirán a las viejas repentinamente y el momento lo aprovechará quien busque en estos días ‘unicornios’.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.


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