Parteaguas

El cercano negocio del combustible que deriva en agua

Esta vez se trata de una mercancía cuya producción, lejos de dañar el ambiente, ayuda a mejorar la situación de éste.

Hoy no es rentable, por eso esta luce como la hora de invertir. En cinco años, muy probablemente como tal vez les pasó a ustedes con el bitcoin o con los paneles solares, van a querer subirse y quizá sea tarde.

Ese es el tiempo que podría tardar el hidrógeno en abandonar su actual dependencia de subsidios de gobiernos y recargarse en un mercado mundial creado a la fuerza por gobiernos europeos.

Podría resultar irrelevante en este país si México y el resto de Latinoamérica no estuvieran, como con el cobre, el oro y el petróleo, en una gran posición de ganar un buen pedazo del pastel en la venta de ese commodity gracias a la factibilidad de producirlo eficientemente en la región.

La mayor diferencia respecto a los minerales que históricamente han explotado los latinoamericanos estriba en que esta vez se trata de una mercancía cuya producción lejos de dañar el ambiente, ayuda a mejorar su situación. La estimación de una última espera de un lustro para el hidrógeno proviene de uno de los individuos más calificados para hablar de este producto: Tim Holt, miembro de la junta ejecutiva de Siemens Energy AG, una de las compañías que más invierte en el negocio en espera de su próxima detonación.

El potencial se apoya en dos bases: el primero es la abundancia de ese recurso y su próxima demanda global a partir de la exigencia por parte de la gente y sus gobiernos de que las empresas europeas y estadounidenses paguen por arrojar carbono al cielo que pertenece a todos los habitantes del mundo.

La segunda es la facilidad para conseguir aquí electricidad proveniente del sol o del viento, útil para obtener hidrógeno ‘verde’, que no tenga vínculo alguno con hidrocarburos.

Un asunto importante. ¿Quién lo compraría? En Europa la factibilidad de que el fisco cobre un impuesto a empresas contaminantes aumenta diariamente. Las normas que exigen la descarbonización aceleran al punto de que hasta Shell perdió en tribunales un litigio vinculado con esta obligación.

Christine Lagarde, líder del Banco Central Europeo, advirtió este mes sobre muchos activos –como hoteles, fábricas y otros inmuebles –que los bancos tienen en garantía y que ya perdieron valor debido al huracanes que provocan inundaciones, pero también lo contrario, la extensión de zonas que enfrentan sequías prolongadas que los harán inútiles. La depreciación de esos activos golpeará las cuentas de los bancos.

La advertencia surgió en el marco de una conferencia pública organizada por Banco de Pagos Internacionales (BIS) sobre el cisne verde, que es el impacto que el cambio climático tiene sobre el sector financiero, mismo que se acentuará inminentemente.

Ese problema abre oportunidades de solución. Los impuestos o tarifas que enfrenten las compañías por su polución derivarán en el pago de soluciones, nuevos combustibles para empresas productoras de acero, vidrio o cemento, que hasta hoy utilizan en el mejor de los casos gas natural y en el peor, casi cualquier cosa que puedan quemar para calentar sus hornos de producción.

¿Quién producirá ese combustible que demandarán para la industria o el transporte desde Europa y Estados Unidos? Holt, de Siemens, opina que los países de Latinoamérica son claros postores de atender esa nueva demanda.

Por ello la empresa alemana invirtió en dos proyectos piloto en Latinoamérica que prometen ofrecer hidrógeno a los europeos antes de que termine esta década.

Uno se ubica en Colombia y otro Magallanes, Chile, en donde fuertes vientos mueven turbinas eólicas que generan electricidad barata y útil para separar mediante electrólisis los dos componentes del agua abundante en la zona: oxígeno e hidrógeno. El segundo se almacena y deriva en un potente combustible que al quemarse emite agua en lugar de bióxido de carbono.

En 2022, esa instalación a la que el gobierno alemán aportó unos 8 millones de euros, ya debería producir 130 mil litros y para 2026 subir a 550 millones de litros de derivado de hidrógeno verde anualmente, suficiente, por ejemplo, para consumirlo localmente o embarcarlo y alimentar los automóviles de un millón de personas en Europa durante un año.

En México un proyecto de esas características es todavía una utopía, pero aquí en el país Siemens ya trabaja en fertilizantes provenientes de hidrógeno que pueden sustituir los importados derivados del petróleo. Por algo se empieza y la oportunidad está abierta. Todavía.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.


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