Parteaguas

Más divididos que la CDMX

Los líderes de naciones avanzadas parecen divididos, por ejemplo, de sus pares mexicanos que lucen muy atorados.

La semana pasada casi todos vimos la imagen de una capital dividida evidenciada por el resultado electoral.

Eso ocurrió en lo político y en ese pedacito de planeta que a decir de la atención que recibe, para los mexicanos parece ser su todo.

Pero el verdadero todo es mucho más grande y este fin de semana una parte del mundo aceleró a un ritmo que debería poner a pensar a todos los que se reunieron el jueves en el museo Kaluz. Los líderes de naciones avanzadas parecen divididos, por ejemplo, de líderes políticos y empresariales mexicanos que lucen muy atorados con respecto a sus pares internacionales.

Hay que empezar con lo del G7, ese grupo que incluye a los líderes de las siete naciones más ricas del mundo, Canadá y Estados Unidos, incluidos.

Acordaron terminar con la fabricación de coches a gasolina y diésel. Tal cual.

Ese compromiso suma a la actividad de prácticamente todas las compañías automotrices que ya incluyen híbridos o eléctricos en su catálogo. GM, por ejemplo, trabaja en la sustitución total para 2030.

Luego, lo de los impuestos. El acuerdo de esas naciones consiste en poner un piso de 15 por ciento al cobro que hacen los gobiernos sobre la utilidad de las compañías en general. ¿Por qué? Sucede que muchas empresas tecnológicas de servicios, como las que construyen redes sociales, digamos, buscaban declarar en países que ofrecen cobrar pocos o ningún impuesto.

Si bien el compromiso de una tasa mínima aplicará de inicio a las naciones del G7, como Alemania y Japón, en la práctica vendrá la presión sobre todos aquellos países que quieran hacer negocios con los más ricos del mundo. Todos, vaya.

La razón es lo más interesante: la economía en la que ya vivimos está generando un alto volumen de empresas que no necesitan tener ‘fierros’, como fábricas o refinerías. Consecuentemente, pueden mudarse de un país a otro con facilidad. Esa generación es sumamente veloz.

La semana pasada, Clip, la empresa que permitió a los changarros cobrar con tarjeta usando su celular y un aparatito naranja, se convirtió en el cuarto ‘unicornio’ nacido en México, por su reciente creación y su valor superior a los mil millones de dólares.

El asunto es que afuera del país esos anuncios se cuentan por cientos y los más antiguos casos de este tipo, como Amazon, de Jeff Bezos, ya derivaron en la creación de nuevos posibles unicornios propios.

Blue Origin subastó el fin de semana un asiento disponible en el primer vuelo turístico al espacio, en el que viajará también su propietario, Bezos. El ganador obtuvo el privilegio a cambio de 28 millones de dólares.

Ocurrió en la semana en la que otra ‘vieja’ compañía presentó un nuevo sistema operativo que permitirá operar dos apps simultáneamente en la pantalla de su iPad.

Y en estos mismos días Marqeta, que facilita a las empresas pagos internacionales y reduce a días la integración segura de todos los proveedores al sistema, alcanzó una valuación de 16 mil millones de dólares el día de su lanzamiento al mercado de valores. Ahora, ya capitalizada, se lanzará a la compra de otras compañías fintech que ofrezcan servicios similares, como Clara, por ejemplo, en el caso de México.

Atrás de ésta viene formada en la fila la oferta pública inicial de Robinhood, otra tecnológica que permite la compra y venta de acciones de empresas en bolsa, usando el smartphone.

El mundo está en remodelación y este futuro no lo anticiparon las caricaturas.

Las computadoras son inmensamente más rápidas un año después del otro y eso convirtió a la gente en solucionadora de problemas, lo que genera negocio.

Reducir el consumo mundial de energía en uno por ciento lo promete Seppure; eliminar el desperdicio en la cadena de suministro lo ofrece Unspun o quintuplicar la rentabilidad del reciclaje global de baterías es tarea de Green Li-ion.

Los países más ricos parecen dividir el planeta entre aquellos que vienen a trabajar en soluciones y los otros, que siguen atorados en discusiones como la de quiénes sí y quiénes no deben participar en el negocio eléctrico de un país.

Por eso allá piensan en ponerle piso a las tasas impositivas, porque ya vieron de dónde está surgiendo la riqueza, algo que en México, la gran mayoría de la gente no ve.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

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